lunes, 12 de diciembre de 2011

En las vísperas

La crisis del sistema capitalista en 2001, permitió una bifurcación del proceso por venir en lo que era una neocolonia. 
Había dos alternativas: repetir la historia de dependencia, con más deuda, más ajustes, más inequidad, más violencia estructural o dar un salto por encima de los preceptos del vasallaje, que tanta doctrina sentaron a través de sus escribas, de sus funcionarios internacionales, de sus medios de comunicación, de sus políticos obedientes y de los técnicos todoterreno.
La elección de 2003 abrió paso a una alternativa popular y nacional que encabezó Néstor Kirchner y condujo a un proceso de auténtica democracia y libertad. Pero no era la regla, sino la excepción.
La excepcionalidad fue aplicar una política expansiva, de recuperación del poder adquisitivo y desendeudamiento externo.
La excepcionalidad fue revalorizar la capacidad del devaluado hombre común, a quien se le dio el lugar que solo ocupaba en las utopías.
La excepcionalidad fue que todo el mecanismo anestesiado y desmantelado de producción se pusiera armónicamente en marcha.
La excepcionalidad fue ser escuchado por sus pares de la Patria Grande, para comenzar a formar un frente común, sólido, autárquico y antiimperialista, superador del esquema neocolonial que la presión económica del imperio fue delineando en casi 200 años de dominación.
La excepcionalidad fue no conceder espacios a los detractores, a los pusilánimes, a los facilistas. 
Sacarse de encima a los gerentes de aquellos intereses y mirar hacia los costados en busca de las organizaciones sociales, de los jóvenes y de los representantes de la cultura popular.
La excepcionalidad fue que el gobierno de su compañera, haya podido quebrar el derrumbe previsible cuando enfrentó a los medios dominantes de la palabra y a los sectores agroexportadores, símbolos del país neocolonial, que le infligieron una derrota electoral apoyados en el "sentido común" colonizado de la clase media instalada.
La excepcionalidad fue que a la muerte del líder que daba batalla en todos los frentes, su compañera superara todos los escollos institucionales, sociales, políticos y económicos que los establecidos iban instalando.
La excepcionalidad fue que la Nación encontrara, lamiendo sus heridas, la fuerza necesaria para ocupar todos los espacios de poder que por años se negaban a ceder los poderes fácticos.
La excepcionalidad fue que la sociedad en su conjunto, decidiera dar un paso trascendente en la consolidación del camino recorrido, aportando desde diversidades impensadas, nuevas energías al modelo fundante.
La excepcionalidad podrá culminar si, quebrando todos los antecedentes, llegamos a construir una diversidad interpeladora entre las fuerzas nacionales y populares y dentro mismo del kirchnerismo, alejando la tentación del pensamiento único, de la verticalidad a ultranza o de la procedencia impoluta.
A ese conjunto deben estar invitados los partidos de extracción nacional que manifiesten su voluntad de apoyar las transformaciones, con su propio perfil pero en coincidencia con el innegociable rumbo, mas allá de agachadas de notorios o mediáticos dirigentes que los representan circunstancialmente, que se tientan con asociarse con los fuerzas económicas que ofrecen resistencia a la transformación,
En ese sentido son alentadoras algunas reflexiones de los derrotados en los comicios del 23 de octubre cuando expresan "que nunca mas debieran dar la espalda a los intereses populares", aunque tengan que ubicarse en el vagón de cola, agregamos. Quedó dicho que ciertas actitudes y alianzas reprobables (por ética e historia) “eran para ganar, muchachos".
Quedaran afuera las tradicionales expresiones de grupúsculos de interés, que solo medran para sus bolsillos, poniendo por delante como escudo protector de su dialéctica, que van por un "país en serio".
Son los mismos que apoyaron todos los extravíos constitucionales y todas la políticas desfavorables a las mayorías. 
Son los rezagos de los que siempre miraron al viejo continente, con la añoranza de la identidad perdida, esa que se quebró con la secesión en repúblicas de una potencial Patria Grande, que nunca alcanzaron una real independencia del viejo mundo y quedaron enajenadas por la continuidad de la dependencia económica.
Hoy aquellas metrópolis, sienten el rigor de una práctica abusiva, de un sistema económico que no les deja esperanzas. 
Es que los países colonialistas, necesitan materia prima barata para que sus trabajadores vivan sin protestar con un salario que excluye la plusvalía y no adviertan que estan siendo explotados. 
Y hoy el tercer mundo, sus dirigentes y trabajadores se niegan a seguir siéndo explotados.
Es ilustrativo ver que dicen de estos presentes, los especialistas de aquellos laboratorios de explotación.

Jorge Carbajal.


Cuando el capitalismo sufre hay que sacrificar la democracia

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