martes, 30 de julio de 2013

Es una pelea de 150 años


Estimados contertuli@s:

Es notable cómo los distintos grupos de oposición trabajan para el gobierno. Y, desde ya, los kirchneristas, agradecidos. Sirve para compensar lo que a veces hace el gobierno contra sí mismo.

A propósito de la inminencia del fallo de la Suprema Corte con referencia a la declaración de Inconstitucionalidad de la ley de Medios Audiovisuales, es útil volver a hacer un repaso de sus significantes.

En algúnos debates, en un tiempo que ya parece pertenecer al siglo pasado, sostenidos por el Cyber-espacio,
 algunos interlocutores formaban fila para pegarme por sostener que la jueza Servini de Cubría había hecho un enorme favor al declarar la inconstitucionalidad de la elección popular de los integrantes corporativos del consejo de la magistratura. En el mismo sentido, expreso mi sorpresa ante la lectura que mayoritariamente se hace del fallo de la Corte en terminos políticos: contrariamente a lo que se piensa, no ha sido una derrota sino un triunfo, un significativo triunfo político del gobierno y, en particular, de la Presidenta de la Nación.

¿Cómo una “derrota” puede ser un triunfo”? De la misma manera que un triunfo puede ser una derrota: dependiendo de qué implica y que consecuencias tiene. Ahí está el caso de Pirro, rey de Epiro, quien venció a los romanos en la batalla de Asculum a tal costo de soldados y generales que su triunfo parcial le acarreó su postrera derrota final. El acontecimiento dio origen a la expresión “victoria pírrica”.



Está por verse si los acontecimientos judiciales de las próximas semana darán origen a una expresión equivalente, como “derrota cristínica” (de aquí en más, todas las trapisondas de un sistema judicial de naturaleza curial, pertenencia  oligárquica y asociado a los poderes económicos, remitirán a la reforma -nonata- impulsada por Cristina Kirchner) pero algo de eso existe hoy mismo: no tiene sentido, ni es lícito, exponerse a una derrota electoral por sostener un “principio” en un lugar o momento secundario de la lucha.
Hay un axioma en la "doctrina militar", que expresa que se debe tener y aplicar la mayor fuerza, en el lugar y en el momento, en que se disputa la ruptura del frente enemigo, es decir donde se decide la batalla.

Para entenderlo, conviene poner las cosas en perspectiva, porque habrá quien diga que la reforma del sistema judicial es un asunto muy importante.

Tranquilos: lo es, lo es.

Sin embargo:Primera pregunta:  ¿es el elemento central del proyecto nacional y popular?

Segunda pregunta: ¿cuáles son las condiciones de continuidad del proyecto nacional y popular?

A nuestro juicio, tres: no habiendo otros modos de acceder al manejo de los asuntos públicos:
en primer lugar, la preeminencia electoral, con movilización social; 
en segundo lugar, la profundización del modelo, con debate interno sobre las herramientas para cada etapa;
 
en tercer lugar, la reformulación del movimiento popular, que ademas de la homogeneización, lograda en este periodo Kirchnerista, que suele ser virtud y defecto en términos electorales, ponga el peso especifico en recrear toda la diversidad y creatividad del Movimiento Nac & Pop, como etapa superadora de la acción política actual.

Aqui ir por mas, debe significar, ir por otras fronteras del pensamiento político.

Que, siempre, a nuestro juicio, debe darse en cuatro planos, necesariamente interrelacionados:

La mayor soberanía nacional, que pasa por la integración sudamericana en un proyecto emancipador y no de sumisión a los mercados.

La reconstrucción del poder del Estado y su control sobre los servicios públicos y recursos estratégicos.

La ampliación del concepto de justicia social, consecuencia de una más justa distribución de los bienes económicos y de la construcción del poder popular.

La transformacion de la matriz productiva, que a la par de ser capaz de sustituir importaciones, diversificar las exportaciones, agregar valor, y cubrir la demanda laboral, sea un medio idoneo para modificar la correlación de fuerzas con los intereses corporativos concentrados.

Si fuera necesario expresar en una sola frase la idea-fuerza a que apuntan estos conceptos, "seria darle horizonte viable y visible, a cada nueva generación".

Pero la condición de posibilidad es, siempre, la preeminencia electoral.

Si esto es así ¿qué sentido habría tenido un “triunfo” del proyecto de elección popular del Consejo de la Magistratura si su consecuencia hubiera sido exponer al gobierno a una segura derrota electoral? 

¿Cuál era el futuro de esa reforma si su imposición significaba la derrota electoral del kirchnerismo, la expresion de estos tiempos del Nac & Pop?

En ese sentido, la reforma, el método elegido para la elección de los consejeros corporativos y, mucho más importante, el momento elegido para ponerlo en práctica, sonaban más a un intento de agudizar las contradicciones dentro del sistema arcaico y disfuncional que heredamos desde la anulación por decreto de la Constitución del 49 y por la reforma del 94, -que es hora de remover profundamente-, que a otra cosa.

La reforma del sistema judicial es necesaria, pero a condición de que sea posible, de que efectivamente se lleve a cabo, y no como consecuencia de la pelea por el cabal cumplimiento de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, definida por algunos (como yo mismo, oportunamente) como “la madre de todas las batallas”. 

Éste es un concepto cierto, y a su vez equívoco, que se presta a confusiones, si no se aclara, que es dependiente de la "suerte" en la dilucidación de la batalla mayor, que será siempre, la lucha por el poder, y en cuanto ellos signifique simultáneamente, el empoderamiento de los sectores populares y nacionales, como garantía del rumbo. 

Es la clase de concepto que conviene evitar como valor absoluto, para saber darle entidad dentro del contexto real: puede dar a pensar que de cumplirse acabadamente con la "Ley de Medios" (o, para el caso, con la reforma del Consejo de Magistratura) quedarían resueltos todos los demás problemas. Y que, de no cumplirse, sobrevendría el fin del mundo.

Y en realidad no ocurre ninguna de las dos cosas.

No existe nada parecido a una “madre de todas las batallas”, que si en ella se obtiene primacía vuelque para todos los tiempos la realidad.

Pero si una "confrontación" se le aproxima, si una es central, esa es la batalla electoral, ya que es la que acerca o aleja las posibilidades del manejo de algunos de los resortes del poder, y a la que conviene llegar en las mejores condiciones, evitando fundamentalismos absurdos construidos alrededor de épicas de cabotaje.

A partir de la reconstrucción del movimiento nacional de liberación –que no es ninguna fórmula, ni ningún esquema orgánico, sino la nación en su ir siendo– y en el desarrollo de un proyecto nacional –en este caso definido como popular y democrático– se van creando nuevas categorías y realidades, un nuevo sistema de relaciones sociales que, tarde o temprano,requiere de una nueva institucionalidad, un distinto marco legal, un sistema jurídico más adecuado y categorías culturales capaces de dar cuenta e ir expresando el estado de esa nueva sociedad en proceso de autoconstrucción.

La permanente y nunca acabable construcción de un proyecto de nación es un concepto dinamico, que atrae por la centralidad y gravitación de su núcleo, a los desprendimientos de experiencias anteriores, que tienden a girar en su derredor, satelitalmente, y por ello consecuentemente, divide aguas.

Es en si mismo, el proyecto, el sistema y el modelo, es "contenido y continente".

Cuando, por citar a un Jesús histórico, – se echa vino nuevo en recipientes viejos, estos odres “se rompen, y el vino se derrama”, pero si se echa el vino nuevo en odres nuevos, “lo uno y lo otro se conservan juntamente”.

El proyecto nacional y popular recomenzado a esbozar en  2003 es un nuevo vino que no puede ser contenido por los recipientes construidos para contener al proyecto de sumisión que eclosionó en el año 2001. El recipiente –el sistema jurídico, político, institucional y cultural– empezó a crujir y es razonable y bueno que así sea: significa que el vino es efectivamente nuevo.Por que mucho se ocuparon los asaltantes del poder en el 55, para borrar toda señal del proyecto nacional que encarnaba el Peronismo en esa década, y así de un plumazo liquidaron la Constitución del 49, y decretaron la re-vigencia del sistema de vasallaje que implicaba volver a los cánones de la Constitución del 53. 
Eran imprescindible estas decisiones, para poner en marcha otra vuelta de tuerca que nos remitiera al proyecto agroexportador y dependiente, sin que quedara memoria institucional del periodo nacional y popular, aunque no lo pudieron borrar de la memoria popular.

Con el actual estado político-jurídico del país –con leyes trabadas por cautelares, y decretos municipales y leyes provinciales que contradicen leyes nacionales (y en consecuencia, la lógica más elemental)– es lógico y era previsible que afloraran las contradicciones, y con ella las interpretaciones que paralizan, y que consagran un statu quo de conveniencia a los intereses interpelados.

Así por un lado revela el intento de construir simbólicamente una sensación de caos (que es cómicamente contradictorio con el intento de construir la opción democracia-dictadura), por el otro lado expresa la tensión entre una nueva realidad y el obsoleto sistema jurídico institucional que supuestamente debería servirle de recipiente, de continente.

No se trata de que no existan estos conflictos (¿cómo no habrían de existir?) sino de resolverlos de acuerdo a la conveniencia y necesidades del proyecto en gestación. 
No es un asunto menor y tiene todos los ingredientes de una tragedia, en tanto es una renuncia a un destino previamente trazado y la elección de otro, pero en ningún caso supone “dejar testimonio”.

Recurrentemente aflora en nuestra historia política la tentación al martirologio, a “morir con las botas puestas”, a sucumbir con las banderas en alto. 
Por no entrar en los vericuetos de la psiquis, está en nuestro ADN judeocristiano (compartido obviamente por el Islam) e incluso en las juveniles veleidades guevaristas.

Por eso es necesario cuidarse tanto de él, con gestos cercanos a un sacrificio estéril, como a un apartamiento por contradicciones secundarias.
Ni masoquearse con nuestras propias debilidades, ni deprimirse por errores de gestión, ni huir hacia adelante, ni quedarse a juzgar desde afuera.
Aceptar una y otra vez la realidad de las fuerzas internas, y no apartarse de lo colectivo, aunque "vengan arreando".

No hay fórmulas simples en las organizaciones políticas 
para aunar opiniones y esfuerzos.
Pero nunca se debe perder de vista poner el acento en lo principal que es la acumulación de fuerzas, para los momentos decisivos, y pujar por superar la tendencia a ciertos desequilibrios de poder interno, inherentes a la dinamica de acumulación.

Es el tiempo de superar los nichos de preeminencia y tendencias, 
con la aplicación de una sana costumbre para administrar sabiamente el poder, la creatividad y la energía de un gobierno, que tiene mandato popular, como es que se apoye en una idea de conjunto y permanente y no en una idea individual o circunstancial.

Es el tiempo de reconocer 
que en las políticas de transformación, son tan importantes los hombres, como las herramientas, y que tanto es fuerte o débil esa polea de sumatoria de acciones, cuanto lo sea en uno u otro sentido la coherencia de esos componentes a un plan estratégico de largo plazo.

Es el tiempo de reconsiderar la necesidad de una Planificación de mediano y largo plazo, que nos saque del laberinto -de causas y efectos- de la cotidianeidad, y nos dé certezas de las prioridades y de los costos.
De última es volver a Perón, que a través de esa herramienta daba a luz sus prioridades de gobierno en el 46: "Establecer un programa mínimo de cinco años de obras y de inversiones necesarias para asegurar un suministro adecuados de materias primas, combustibles y equipos mecánicos y desarrollar racionalmente la industria y la agricultura del país".
Y agreguemos que para financiarlo, se comprometía a emitir bonos de deuda publica.
 
Cuando la causa no es la causa de ningún dios ni el testimonio de ningún héroe, sino que es la causa del pueblo, el deber no es testimoniar una fe sino obtener el éxito… simplemente porque las vidas de millones de personas dependen de la continuidad de este proyecto en sus aspectos centrales, no de un demencial todo o nada por batallas menores.

Nuestra pelea es mucho más grande y de más largo aliento.
 
En ninguna etapa histórica, los logros superadores en beneficio del pueblo, lo fueron a consecuencia de dialogos y consensos con los adversarios.
Mas bien las flaquezas, las sumisiones, las renuncias, los retrocesos, SI fueron consecuencias de consensos con el enemigo, aceptados en etapas de debilidad del poder popular.
Es también la hora de que cada quien, sepa interpretar los signos de la historia, y no se quede en el anecdotario pueril, que "tapean" los medios dominantes.

1 comentario:

  1. Bien Tibu, como consecuencia de tu análisis, como siempre oportuno, te comento que luego de los títulos... el plan de un proyecto de nación sigue, con definir sus derechos y garantías y luego, su organización, eso se construye desde la masificación de la discusión de una Nueva Constitución...
    En ese orden te cuento que le dí Foster 5° República y quedo en darme opinión... te mencione y me referencié en tí.
    Me invitaron y estoy en el comité organizador, de un congreso del pensamiento nacional, suramericano, para noviembre en mardel, que nació por iniciativa de WWW.TRANSFORMARG.COM
    Ya conseguimos Chapadmalal y esperamos lo cierre, si va todo bien la propia Presidente, para tener un escenario ideológico, donde hacer la síntesis del resultado político del 27 de noviembre.
    De cada comisión o taller, tiene que salir un Video, un par de plenarios y comienza, pero luego -por mi propuesta- se fija una estrategia -sin tiempo- y pretende recorrer la provincias... previo, se tomarán por un blogs que propuse colgar de la página... se recibiran ponencias, para cada comisión... que luego podrán ser expositores, me causó gracia cuando se preocupaban por las conclusiones y le dije: Si viene la Señora la Síntesis y las Conclusiones son de Ella y nosotros después de editar, cada comisión... tomaremos una parte de su cierre... cerrando cada conclusión de cada comisión... a ella solo le tenemos que dar los títulos... vieron amigos, por eso de la unidad de concepción... Ella sabe. Abrazo y hasta la victoria... CAR

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