Cuando publiqué el post "Macri elimina por decreto AFSCA y AFTIC" hubo record de visitas en la página y varios comentarios acusándome de brindar información engañosa cuando en rigor, ese trabajo de los amigos de Nestornautas anticipaba cómo sería el final de aquél decreto Nº 13. Bien, esta mañana se anunció el decreto que termina con la ley de medios y llega al punto de colocar al Cable, dentro del mundo de la tecnología. Le faltó agregar que el televisor es electrónica y el Quijote un montón de papel manchado con tinta.

Un 30 de diciembre, el señor Marcos Peña declara, muy orondo que "Se termina la guerra del estado contra los periodistas" como título de la presentación de un DNU que destroza la ley de medios y le deja a Clarín y un par de conglomerados la plena libertad para realizar todo tipo de negocios ante un estado que cual torero se corre y les dice "Adelante señores".

Ni siquiera tienen el decoro de presentar un proyecto de ley para que el parlamento debata. Tumban por decreto la ley y dicen que crearán una bicameral para estudiar una nueva legislación, todo a futuro. Lo concreto es que se llevaron puesta una ley debatida por años y que no llegó nunca a aplicarse en todo su esplendor por el accionar de la justicia como auxiliar y custodio de los intereses del multimedios.

Son enseñanzas duras de la vida institucional en países con democracias jóvenes y viejos poderes constituidos que demuestran cómo jugando en equipo se puede soportar un gobierno adverso y luego, volver a la fiesta. Enseñanzas para entender que la construcción de poder poder popular es algo mucho más profundo que ganar una elección y gobernar una década.

La historia de la ley de medios es la historia de un país donde los poderes constituidos tienen todos los recursos para imponer sus condiciones y debe servirle al campo nacional y popular para emprender una reconstrucción que habrá de ser mucho más ancha y horizontal. La tarea es colosal, pero no irrealizable, entre otras cosas porque de todo lo realizado hasta aquí quedan mojones de sentido que sin dudas podrán reproducirse. Habremos de sacar conclusiones, analizar dónde hubo errores propios y dónde condiciones impuestas por un Status quo dominante. Los primeros, se corrigen, las segundas son las que merecen mucho estudio, porque la experiencia de 12 años nos enseñó que contra ese abroquelamiento no basta con dominar el Poder Ejecutivo y el parlamento. La construcción de poder popular es algo mucho más profundo y ese ha de ser el objetivo de todas nuestras acciones.