miércoles, 9 de diciembre de 2015

Desde hoy, una nueva etapa- el cruce del desierto-

La convocatoria de hoy en la plaza no será para despedir a Cristina sino para marcar el inicio del regreso, algo que no será nada fácil y probablemente más arduo de lo que sospechan muchos compañeros. Algo se irá develando con el correr del tiempo y es hasta dónde piensa avanzar el macrismo en el desmonte de mucho de lo edificado en esta década y cuál es el nivel de disposición popular para soportar las amputaciones que, se sospecha, más tarde o más temprano habrán de verificarse. Si nos guiamos por la experiencia porteña, vemos que en ocho años no se han registrado prácticamente reacciones masivas por fuera de lo actuado por el núcleo duro del kirchnerismo y su periferia. No sería raro que esto se extienda al resto de país. Será una quimera esperar que el nuevo gobierno inicie su gestión recortando programas sociales. Con el paquete de negocios que se traen entre manos, no pareciera que podrían ser tan torpes como para tirarse un tiro en los pies desde el comienzo.

Lo primero que hay que hacer para constituir un discurso opositor potente es estudiar uno a uno los yerros cometidos por el kirchnerismo en la CABA, entendiendo que, en las actuales condiciones (en la vida real) se debe reformular la defensa de lo público, que hoy está más asociado a "lo gratis" y a la baja calidad de prestación. Cuando lo primero que hace un trabajador ni bien mejora es poner a sus hijos en una privada, el discurso tradicional de lo público cae irremediablemente en saco roto. Los años kirchneristas fueron los de mayor transferencia de alumnos de la escuela pública a la privada, al ritmo de la mejoría económica de los sectores medios ¿Motivos? Fundamentalmente los paros docentes y la complicación que les acarrea a las familias que los hijos tengan que quedarse en casa. Alguien podrá decir que la realidad de la provincia de Buenos Aires no es igual a la de la CABA y tendrá razón, aunque también habrá que pensar en las desigualdades de la PBA: de hecho el primer cordón, parte del segundo y todo el interior se parece y mucho en todo sentido a la ciudad de Buenos Aires.

El peronismo se enfrenta a desafíos troncales, uno de ellos es pensarse en aquellos lugares donde hay cloacas, asfalto, agua corriente, en suma, donde ya está lo imprescindible para desarrollar una vida más o menos digna. Otro, ver cómo reconstruirse habiendo perdido dos cajas fabulosas como lo son los gobiernos nacional y provincial. El macrismo, por su parte, apuntará a sacarle todo el jugo a esta nueva correlación de fuerzas, consciente de que si se desenvuelve con inteligencia puede aspirar a quedarse mucho tiempo. Mientras que por arriba y en los medios despliega un discurso basado en nuevos paradigmas de entender la política, por abajo, en el territorio, negocia y opera igual que las fuerzas políticas tradicionales, con algo que lo asemeja al kirchnerismo: donde vislumbra que puede arrasar no tiene clemencia.

Pero si hay algo urgente de entender es que Macri no viene a enfrentar al peronismo sino a infiltrarlo y a extraer de él todo lo que necesite para un proyecto que es mucho más sólido e integral de lo que aparenta. En la medida que transcurran los días y el desierto se haga sentir, empezarán a darse, imperceptibles y sin mucha alharaca, negociaciones de diversa índole, todas enmarcadas en la cooptación.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario