lunes, 28 de diciembre de 2015

Es un cuento de navidad, pero no es una fantasia

No es una fantasia, ni un cuento didactico, ni pretende encriptar enseñanzas infantiles ni mensajes religiosos.
No, simplemente es un relato sobre vivencias en las catacumbas modernas, asi que descarten, los edulcorados mensajes a proposito de estas fechas.
Es un relato verídico, duro por su entorno, triste en alguna medida por la condicion de los protagonistas anfitriones, generoso a su vez por la respuesta de otros, y esperanzador por las enseñanzas que nos deja.
El relato me llega el mismo 25, en nuestra reunion familiar, de boca de una sobrina, (hija de prima hermana que vive en Gesell), Maria Elvira W, en realidad una hija por la cercanía entre su familia y la nuestra, la frecuencia de trato y el cariño entre las respectivas generaciones, es decir ella, sus hermanos y nuestros hijos.
Pues bien, Maria Elvira, tiene un cargo de responsabilidad en un medio periodistico y a su vez incursiona en su vocacion, las letras.
Editora y correctora, escribe y enseña.
Comenzó por vocacion solidaria hace algunos años, dando un taller de literatura, ad honorem, en la carcel de Devoto.
Con el tiempo, como una secuencia natural de la sensibilidad percibida en la decada ganada, la Universidad de Buenos Aires creo el CUD, el Centro Universitario Devoto.
Allí decenas de reclusos, pueden ahora cursar carreras universitarias, con el mismo nivel que en la facultad.
A algunos les servira para reinsertarse en la sociedad cuando sean liberados, a otros para madurar como persona, aun para otros simplemente para aumentar el conocimiento o para que el tiempo pase mas piadosamente.
El porcentaje habitual de reincidencia de los liberados que No cursan el CUD, alcanza cifras escandalosas y macabras. Se habla de un minimo de un 60%.
Para los que cursan el CUD, la reincidencia alcanza el 0,3 %.
No hay error, esa es la diferencia: 60 contra 0,3.
De alli que cualquier herramienta que permita la educacion de los reclusos, es el mejor antidoto para cortar el circulo vicioso, de delito, victimas, reclusion, salida al final de la sentencia y reincidencia.

Pues bien, retomemos lo que nos cuenta Maria Elvira.
Llegando a su termino el curso, los alumnos le pidieron un favor especial.
Que le llevara a Jose Pablo Feinmann, que es filósofo, docente, escritor, ensayista, historiador, guionista y conductor de radio y televisión argentino, para escucharlo en una clase magistral.
Maria Elvira mantiene con Feinmann una larga amistad que comenzo cuando fue su alumna en la Facultad de Filosofia y letras.
Jose Pablo, un humanista y un hombre de pueblo, sobre cualquier otras valoraciones, se sintio distinguido por esa invitación y se puso a disposicion.
No cualquiera es convocado para una charla tan motivante.
Asi llego el dia, Maria Elvira lo paso a buscar en remis y llegaron al Penal.
Ya al ingreso hubo sorpresas. Cual estrella de rock, lo estaban esperando el penal entero, guardiacarceles, autoridades y toda la comunidad detenida.
Fue saludado por una interminable fila de carceleros y bajó de su despacho el Director para darle la bienvenida, con palabras sentidas: remarcó que nunca nadie de esos meritos habia venido para confraternizar con los reclusos.
Asi entre vitores inesperados llego al sector del CUD.
De todas las paredes colgaban carteles improvisados por detenidos, donde exaltaban su carrera, agradecian su visita y ponian de manifiesto el conocimiento que tenian de sus multiples conocimientos y experiencias, en campos variados.
Lo recibieron con comida elaborado por ellos y despues del agape de recibimiento comenzo la clase, agape que repitieron a la mitad de la velada como recreo.
J.P. le habia preguntado a M.E. que tema era conveniente abordar.
M.Elvira le sugirio la libertad, la rehabilitacion social, la responsabilidad, el futuro.
Lo que se le ocurriese.
Jose Pablo hablo 6 horas con un intervalo a las 3 horas para recuperar energias.
El CUD era una fiesta, pues todos sabemos como las gasta Feinmann cuando esta comodo y tiene onda.
Que cada cual saque sus conclusiones.
Para mí, un buen mensaje navideño.
Jorge Carbajal



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