martes, 22 de diciembre de 2015

Otro viscachazo errado


Otro viscachazo errado

Otro viscachazo errado

Latinoamérica

El titubeante discurso de Macri ante sus pares del Mercosur mostró una grieta insalvable: carece de todo apoyo en la región. La movilización de los invisibilizados por los grandes medios en la charla económica de Kicillof en el Parque Centenario, y las palabras de una militante del FpV que puso su corazón de patriota, son expresiones del rechazo a las tinieblas del olvido. 

Macri en la cumbre del Mercosur en Asunción - Foto:                  Archivo

Roberto Mero* - Latinoamérica Pïensa

Las ideas descomunales surgen frecuentemente lejos de los cenáculos, salones y otras fábricas del pensamiento prêt-à-porter. El tumulto provocado por el encuentro del Parque Centenario del domingo 20 de diciembre y la charla económica dada por Axel Kicillof son dos vertientes del mismo hecho. Por un lado, la movilización de quienes ya son "nadie" para los medios y que rechazan las tinieblas del olvido. Por el otro lado, la insolencia de un joven economista dispuesto a bajarse del pedestal al que muchos se aferran, para realizar una experiencia única, simpática. Y en el fondo, suicida. Me explico: podría haber habido cuarenta jubilados, ocho parejas, cinco pibes en un picado de fulbito o dos grupos ensayando murga. Pero hubo 60.000 personas para escuchar una charla sobre economía que en ningún momento se transformó en arenga incendiaria o canto de cisne sobre las barricadas. Alguna vez lo hizo el filósofo Bertrand Russell en el Hyde Park de Londres para atacar al imperialismo. Otro tanto Jean-Paul Sartre contra la guerra en Argelia. Subirse a un banquito, bancarse lo que viniese, apostar a lo imprevisible. No se trata aquí de hablar de un rockstar ni de fans (que los hay), sino de un hecho inédito que recuerda aquellos foros de la historia romana donde se pesaba por el número y por la osadía, allí donde la aristocracia hacia oídos sordos en el Senado. Ernesto Guevara alguna vez habló de crear "dos, tres, muchos Vietnam". Sin saberlo quizá, en estas batallas de nuestros días, tal vez haya aparecido otra forma inusual del combate. Permanente, con la gente. Un micrófono, una tarde. Militancia.

Macri y el maxiquiosco de sopapos

El célebre comentador de box Ulises Barrera tenía, allá por los '70, una frase que se hizo inolvidable como crítica a los troncos sobre el ring: "Ese boxeador no se equivoca jamás -decía Barrera- para todos los golpes con la cara". Sería vano entrar en detalles sobre la magnífica paliza propinada por la canciller venezolana Delcy Rodríguez. El titubeante discurso de Macri ante sus pares del Mercosur mostró una grieta insalvable, abismo de almas, tumba de ensueños: carece de todo apoyo en la región. Y si hubiese podido tenerlo por el sospechoso e incierto lado de Michelle Bachelet en cuanto a la Alianza del Pacífico, la cara de la presidenta chilena distó de las sonrisitas esperadas. La AP es un coto reservado para los gobiernos de Santiago desde 1810 y cualquier asomo cretino de competencia en ese rubro sería tomado como un impresentable gargajo sobre el asado transcordillerano. Los altos sopapos recibidos por Macri fueron más allá de la implacable requisitoria de Delcy Rodríguez sobre el apoyo del Presitrucho a los pelafustanes y golpistas en Venezuela. Se cortó también con una Dilma Rousseff con cara de "que se calle ya este imbécil", y con un Evo que recogió las palmas de haber sostenido una política ecológica que el rabino de los dibujitos animados pasó por alto en los recientes encuentros de París. Carente de toda prudencia a la hora de elegir el campo de batalla, Macri se plantó ante los jefes del Mercosur reclamando un mágico acuerdo con la Unión Europea que sólo existe en su cabeza afiebrada por un sushi en mal estado. No le avisaron que en cualquier eje geopolítico del siglo XXI es necesario contar con una potencia energética aliada (como Venezuela), si se quiere garantizar el encendido de las vidrieras de los shoppings de sus aliados. Viscachazo errado para un examen donde dejó, impiadosamente, todos los dientes pegados al guante delicado de la querida venezolanita.

La reconquista del coraje y la verdad

Las derrotas tienen aquel poder violento de los partos: o se renace y se nace, o se muere. O se sobrevive, o te aplastan. No sólo el enemigo sino también esa dulce recua de vencidos que también fueron responsables del fracaso, pero barren bajo la alfombra de la historia sus propias cenizas y las nuestras. Casi por azar acaba de llegarme un video con las palabras de Daniela Bambill, militante del Frente para la Victoria (FpV) de Almirante Brown, provincia de Buenos Aires, en el encuentro reciente que mantuvieron con las bases Daniel Scioli, Daniel Filmus y Agustín Rossi, entre otros dirigentes, en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). Un encuentro más de quienes fueron "algo" en el encuentro necesario con los actuales "nadie". Es decir, vos, 12.200.000 patriotas, yo. Ocurre que en esa violencia de dar a luz con la claridad, Bambill ametralló en los puntos justos, exactos y dolorosamente en llaga de las responsabilidades políticas que hicieron posible esta pesadilla. Recuento atroz de los abandonos, de las palabras de Cristina como única brújula sin debate, de la ausencia de estrategia a pesar de la "no reelección", de los años pasados a esperar que el bendito maná cayera de nubes de espanto magnettistas. Lo "bravo" y lo "breve" de su alegato será tomado por algunos como una crítica fuera de tiempo en nombre de la unidad necesaria. Lo vibrante y evitista de su intervención rompe estos márgenes que el silencio disfrazado del temor a la dispersión nos impone muchas veces. Topadora del verbo en el coraje que busca la verdad, su intervención es un lujo. Sin Carta Abierta o Esquela Cerrada, ni maquillaje, ni miedo al que dirán. Iba a escribir "poner los ovarios", que es lo que esta muchacha hizo. Tendría que haber escrito, y escribo, ella puso su corazón de patriota. Aquí está el link: https://www.youtube.com/watch?v=dA_mqg7NtK0. A escucharla.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.





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