Mauricio Macri está batiendo varios récord a menos de una semana de su asunción: Se cargó la Ley de Medios con AFSCA y AFTIC incluidas mediante un DNU insostenible y ahora echó mano a un procedimiento que la república no recuerda desde 1862, en tiempos de Bartolomé Mitre.

Vayamos por parte: las resoluciones en torno a las retenciones estaban en conocimiento de todo el mundo. Nos guste o no, eso fue anunciado mucho tiempo atrás y fue parte de la "campaña del miedo" que habría desplegado el FPV. Ayer Mauricio transfirió 26 mil millones de pesos del estado a un puñado de exportadores y ya se sabe cómo se cubrirá ese bache: Tomando deuda que con los años pagará el pueblo argentino. El viejo truco harto conocido del estado favoreciendo ganancias fabulosas a sectores minoritarios y cubriendo esos agujeros con deuda que luego carga el conjunto de la sociedad sobre sus espaldas. Mal que nos pese, esto se sabía que iba a pasar y fue votado. Pero el atropello institucional que significa el nombramiento por decreto de dos jueces en la corte escapa a toda previsión, hasta las más zarpadas, y la explicación más lógica que se puede encontrar es que este accionar tan furtivo es producto de las fortísimas presiones a las que está siendo sometido el presidente recién asumido. La verdad, cuesta encontrar otros motivos (Acá lo explican muy bien, en Nestornautas).

El punto es que este frenesí decretómano le hace consumir en un puñado de días el de por sí escasísimo bonus con el que asumió. Se está leyendo pésimamente el resultado del ballottage y peor aún la plaza del 9, que fue varias veces más grande que la propia del 10, y eso es políticamente casi suicida. Macri no toma un país al borde del precipicio, más bien todo lo contrario, con problemas, sí, pero ni comparable a lo que encontraron Alfonsín, Menem, De la Rúa y Kirchner. Esto acota el crédito, los famosos "días de gracia" con que según la tradición cuentan los gobiernos. Un ballottage resuelto por partes iguales no le da al ganador el mismo oxígeno que si hubiera sido un 58 a 42, ponele. Pero además, está la fantástica movilización del 9 de diciembre, que mostró a Cristina yéndose por una puerta tan grande que ni ella lo imaginaba. Esto contrae aún más el espacio de acción del nuevo gobierno. Bien, al parecer, estos datos no estarían siendo valorados en su justa medida y esto en política suele ser fatal, entre otras cosas porque le genera quiebres profundos en su propio frente interno que lo debilitan en demasía (Aquí se lo puede escuchar a un antikirchnerista inflamable como Daniel Sabsay diciendo que el accionar de Macri es "Un procedimiento de terror, de una inconstitucionalidad manifiesta")

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Quizá comete el error de confundir el gobierno de la CABA con el nacional y cree por lo tanto que así como se mandó cualquiera en la jefatura de gobierno porteña puede hacer lo mismo en Casa Rosada y ahí también hay una lectura, por lo menos, suicida. Quizá entiende que con el fin de año en puerta y las vacaciones, podrá avanzar sin obstáculos pero ayer mismo, una Plaza de Mayo colmada en defensa de la ley de medios le demostró que puede tener un fin de año y un enero con un nivel de movilización social inesperado.

Paradojalmente, el mejor aliado con el que contaría por estas horas Macri sería la interna del FPV, pero hsta ahí nomás puesto que si el peronismo huele sangre, se encolumna en segundos y opera en consecuencia.

Con un golpe al salario de entre un 20 y 30 % merced a los aumentos de precios, con un aumento al llegar del dólar que, por moderado que sea, marcará una profundización de la devaluación con todo lo que esto implica en el humor popular, y con este modo motosierra que ni siquiera llegó a ser utilizado tan bestialmente por el kirchnerismo, la duda que empieza a surgir es si no entramos en riesgo de que el nobel gobierno choque la calesita mucho, pero mucho antes de lo imaginado.