miércoles, 16 de diciembre de 2015

Tilingos y algo mas



Decíamos en la campaña que el fantasma del voto en contra propia asolaba el suelo patrio y a menos de una semana de asumido el gobierno de Macri, ya se pueden palpar con dolor las consecuencias.
Designación de cortesanos por decreto, atropellando brutalmente la Constitución pero, eso sí, sin cadena nacional...

Uno piensa en esos indignados con la "la yegua" y los presiente contentos porque, entre otras cosas, ahora se "sincerarán" muchas cosas en Argentina.
De momento, las medidas favorecen en un cien por ciento a los grandes grupos económicos ligados a la exportación, mientras que para el pueblo sólo hay promesas de "confianza" y de derrame de esa copa que, como se comprobó en los noventa, tenía un pinchadura.
Pero ellos igual gozan, aunque pregunten en voz baja al carniza si no tiene "Ahora 12" para comprar el peceto con el que harán el vitel toné de nochebuena.

A proposito el convite a comer un asado, un gen del ADN nacional como el tango y el futbol, es un implicito de reencuentro entre amigos para gustar un momento de buen manducar y de buena comunicacion con los afectos.
Desde los primeros tiempos de la colonizacion cultural y de la otra, que tambien prometia algun derrame, los Ingleses, ver la «La carga del hombre blanco» (en idioma inglés «The White Man's Burden») que es un poema de Rudyard Kipling", poema de exaltacion del imperialismo que traducimos como la "noble causa del hombre blanco", los Ingleses deciamos, ponian en practica su asociacion con cipayos, para perfeccionar la penetracion en paises marginales, que eran las elites dispuestas al vasallaje, y por ende a ser complices de la exaccion, repetimos esos ingleses, se nos llevaban la carne que no contenia hueso, como por ejemplo el lomo y otros similares cortes.
Asi la negrada, recurria al corte barato y despreciable, el costillar.
Ese costillar, se conocio como "asado" tomando el nombre del medio y las formas de cocinarlo y comerlo.
Se comia con facon y con las manos. Tambien de esos tiempos, nace una diferencia discriminatoria. Como el animal se asaba entero, los cortes exteriores terminaban cocidos, cuando los interiores todavia estaban crudos.
La carne cruda o jugosa eran del gusto del populacho y la cocida de la clase acomodada.
De alli saldria dos acepciones emparentadas con la historia politica del siglo IXX en el conflicto bonaerense: "Crudos" o incultos y "cocidos" la clase cultivada, es decir Alsinistas y Mitristas respectivamente.
Pues bien con los años nos quedamos con el asado amistoso, que llega a todos los sectores sociales,y ahora un ministro de la tilinga corte de cipayos que nuclea Maurizio I, reitera que ese corte debe ser dejado para exportacion, o para los enfermos.
Faltaria antes de criticar, ver si con receta de Obra social te hacen un descuento del 50% en la carniza, llevar carnet con cupon al dia.

Vaya usted lector a un pueblo de la pampa próspera y averigüe de dónde salen los recursos que se mueven mes a mes. Verá que todo sale del Estado y del empleo en la actividad comercial. Los grandes beneficiados por el levantamiento de las retenciones son los que, cuando tienen que hacer gastos fuertes, invariablemente los hacen afuera.
En el pueblo sólo tienen la cuenta en el súper, siempre en rojo.
Deber es pertenecer para ellos. Pero igualmente los que votaron en contra propia siguen en éxtasis porque van a rajar a La Cámpora de todos lados.

Para que Argentina haya llegado a ser un país arrodillado, la oligarquía convenció a muchos de que su proyecto es sí o sí el único viable. Y ya se sabe, un convencido, aún en contra de sus intereses, te la milita mejor que el garca.
En minutos Prat Gay anunciará la devaluación y esos pobres diablos que votaron en contra propia lo aplaudirán, como sus ancestros aplaudieron las dictaduras y la proscripción del peronismo.

Para que Argentina quede nuevamente postrada, se requiere que aquellos que mejoraron con el kirchnerismo sigan dogmatizados con que igual les habría ido bien con otro gobierno, y hasta mejor, incluso.
Añoran el país con taxis manejados por arquitectos porque en los noventa el neoliberalismo se anotó una victoria ideológica monumental al convencerlos que todo lo que estratégicamente los perjudica, en el corto plazo los mejora.
Es la bicicleta con las gomas en llanta del que cree que si sube el dólar hará un negocio de la hostia, porque ni se le pasó por la cabeza que al ritmo de esa suba, aumenta la carne, la leche y todo lo que consume.

Votaron un proyecto que empeorará sus condiciones de vida y cuando, como en la viejas películas de los sábados de súper acción del Canal 11, se hundan en el pantano, antes de ser devorados vomitarán que todo, absolutamente todo fue por culpa de la yegua y de La Cámpora.

Nuestro deber es salvarlos, pese a que dan ganas de soltarles la mano.
Son tilingos ¿o es una exageracion calificarlos de imbeciles?

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