miércoles, 6 de enero de 2016

La economia que vendrá


Pablo Tonelli, economista

El propósito de esta nota es investigar el futuro macroeconómico de la Argentina en el corto plazo a la luz de las medidas tomadas por el Gobierno de Mauricio Macri e intentar dilucidar las transformaciones estructurales detrás de las modificaciones de las principales variables económicas que se proponen. Las transformaciones estructurales no determinan la política, que siempre posee una complejidad mayor y un nivel de autonomía que no implica una determinación por lo estructural, pero ayudan a comprender un elemento importante de la realidad.

En ese sentido voy a tomar de la llamada Escuela de la Regulación, una corriente de pensamiento económico nacida en Francia, el análisis de dos relaciones sociales fundamentales, la relación salarial y la forma de competencia, asumiendo que son éstas las que permiten comprender la viabilidad de un régimen de acumulación o modelo de crecimiento.

El núcleo de la estrategia de desarrollo que se propone está centrado en la expansión del sector agro exportador primario, la agroindustria, las grandes empresas exportadoras de commodities industriales (aluminio, acero, etc.), la minería y en general la actividad basada en la explotación de los recursos naturales. Se lo podría definir como un modelo de crecimiento "hacia fuera", orientado a la exportación.

El impulso de este esquema de desarrollo está dado, a su vez, por el énfasis en la IED (inversión externa directa) y el endeudamiento externo, tanto público como privado. El sector financiero, tanto nacional como internacional, forma parte entonces, del núcleo impulsor de esta estrategia.

La política comercial externa aparece guiada por los principios casi irrestrictos del libre comercio como paradigma. A eso apunta la eliminación del comercio administrado (popularmente el cepo), de las declaraciones juradas anticipadas de importaciones (DJAI) y los ROE (Registro de la oferta exportable al exterior) así como establecer una única cotización del dólar efectivo para cada producción sectorial, vía una reducción de las retenciones, ya sea total para las producciones de cereales (trigo y maíz) y los otros cultivos regionales y paulatina, pero constante, para la soja. El impulso a la explotación primaria supone un retorno  del viejo concepto de las "ventajas comparativas" centradas en el tipo de producción con menores costos relativos a nivel internacional.

El tipo de cambio, el principal precio para la asignación de recursos en la economía argentina, operará en sus inicios restringiendo, como efecto del mayor precio, las importaciones de bienes intermedios y equipamiento, las importaciones industriales, algo de lo que existe sobrada experiencia en los planes de ajuste históricos de la Argentina. La devaluación expande muy suavemente las exportaciones pero frena aceleradamente las importaciones. Sus efectos son muy diferentes en el corto plazo -también éste es un dato empírico: lo que hace es mejorar dramáticamente la rentabilidad del sector exportador e incrementar el saldo de la Balanza Comercial, al disminuir las importaciones.

La industria local -que produce a costos comparativos más altos que los internacionales porque posee una productividad menor, vende mayoritariamente en el mercado interno y es una de las columnas vertebrales del empleo- creció en base a un conjunto de factores: La protección externa, arancelaria y para-arancelaria, los subsidios a la energía y la mano de obra (vía el abaratamiento del transporte, y el consumo de gas y la electricidad domiciliario), el sostenimiento de la demanda interna y los esfuerzos en desarrollar una estrategia de sustitución de importaciones. A pesar de los enormes defectos, debilidades, carencias e inconsistencias en estas políticas públicas, la industria se duplicó en una década.

En cambio, la industria nacional no parece ser una clave en el desarrollo del modelo a implementarse a futuro. Las menciones a la instrumentación de una política activa para el sector, en la versión del ""desarrollismo" que menciona el Presidente, que cita a Arturo Frondizi, son lisa y llanamente  insuficientes.
La eliminación de las DJAI y el retorno de licencias no automáticas de importación para una cantidad muy exigua de productos (1000) no evita la posible avalancha de productos brasileños, con un socio en recesión.
La eliminación de las retenciones a las exportaciones industriales es indudablemente positiva, pero no puede suplir la ausencia de una política de desarrollo y generación de inversiones en el sector que sólo puede ser coordinada por el Estado. 

De no ser así, es imposible que se cuide al empleo y la industria nacional como el Gobierno afirma. Los resultados serán negativos si el mercado asigna los recursos y el Estado acude como paliativo parcial.

La política monetaria y fiscal ejecutada por la ortodoxia en materia económica desde el Ministerio de Hacienda y Finanzas y el Banco Central tampoco constituye un secreto. La magnitud del déficit fiscal financiado con emisión monetaria, el 80 % debido a los subsidios energéticos, constituye un desajuste macroenòmico de relevancia para la casi totalidad del espectro del pensamiento económico. Los tiempos, alcances, formas, la política en relación con el costo del transporte urbano de pasajeros, un componente importante del gasto salarial, se verán en su despliegue, así como el tratamiento de reducción del subsidio a la energía, que abarca sectores diversos como los productores de petróleo del sur, la industria y el consumo domiciliario.

La inversión, como agregado económico en la Argentina, es actualmente baja en relación con los picos de la década y sin el nivel necesario para la reproducción del capital. Es el talón de Aquiles del crecimiento. (En cuanto al desarrollo y la distribución, es una condición necesaria, no suficiente) El esquema que se propone se centrará, como dije, en la IED y en la renta de la tierra. La inversión pública, sobre todo en infraestructura básica, se financiará con endeudamiento público multilateral (BID, Banco Mundial) las inversiones chinas y el Club de París.

La inversión pública en infraestructura jugará un papel importante siguiendo el dibujo territorial del agro, la agroindustria, la explotación y/o procesamiento de recursos naturales y su salida al exterior. Conceptualmente se asemeja a los ferrocarriles ingleses y el puerto en la época de la economía primaria exportadora.

Existen cuatro fuentes de crecimiento posible de una economía, el sector externo, la inversión, el consumo y el gasto público, sumadas dan lo que se conoce como la ecuación macroeconómica fundamental.
 
Se apuesta a que el sector externo y la inversión sean los motores del crecimiento, en oposición clara  de lo acontecido en los últimos cuatro años, en que el consumo privado y el gasto público fueron los agregados que más crecieron en términos relativos.

Al inicio de esta nota expresé que dos relaciones sociales fundamentales definían un modelo de crecimiento, la relación salarial y el modo en que ocurre la competencia.

La devaluación persigue el objeto de bajar el costo salarial en dólares para el empresariado, costo que se había incrementado muy fuertemente en divisas en los últimos años. La larga experiencia argentina en devaluaciones e inflación indica que las primeras son las que motorizan el alza de los precios, como demuestran los trabajos del economista argentino Guillermo Vitelli. 
La tarea de bajar costos salariales en dólares y mantener el poder adquisitivo del salario en pesos es una tarea francamente improbable, aún si se lo deseara, valga la experiencia de 2014.   Amortiguar los efectos de la devaluación sobre el salario real y disminuir y atenuar sus costos  es una tarea  posible vía el funcionamiento de las paritarias. Pero el esquema que se propone necesita una devaluación real, es decir salarios más baratos en dólares, salarios que crezcan menos que la devaluación y la inflación, porque centra en la exportación el dinamismo del crecimiento.

Se puede afirmar entonces que el poder adquisitivo del salario y la participación de la masa salarial en el ingreso disminuirán como consecuencia del modelo de política adoptado en términos de su formulación. La realidad, la política y los conflictos en la distribución del ingreso, dirán la última palabra.

(Continuará

No hay comentarios.:

Publicar un comentario