jueves, 7 de enero de 2016

La economía que vino – 2° parte.


Inflación, reclamo gremial y después.

La segunda parte del artículo de Pablo Tonelli.

Se ha producido una mega devaluación. Comparando con la devaluación de 2014 se puede decir que una devaluación del 25 % agregó en un año trece puntos porcentuales a los precios, ya que la inflación rondaba el 25 % al momento de la devaluación  y los precios al consumidor cerraron en un 38 %. Esto sucedió con el esquema vigente de precios cuidados y con retenciones a las exportaciones que moderaban los efectos de la devaluación, aunque la política monetaria fuertemente expansiva jugaba en sentido contrario.

Ahora con una inflación que hasta octubre daba un 22 % aproximadamente anual, una devaluación del 40 %, con el impacto que todavía falta de las tarifas, sin retenciones ¿en qué nivel estará el índice de precios? Aunque se tenga una política monetaria y fiscal contractiva, la cifra parece proyectarse hacia el 45 %. Si el objetivo de la política económica es POBREZA CERO, como se afirma en el Gobierno, con esta devaluación los pobres decrecerán porque se incrementarán los indigentes. Digamos POBREZA 0, INDIGENCIA 4, para usar una metáfora futbolística. Alfredo Zaiat afirma que POBREZA 0, RIQUEZA 4, es otra manera de decirlo.

La forma que adopte la competencia prefigura una vigencia más irrestricta del mercado, sin tipos de cambio diferenciales para la industria ante la eliminación de las retenciones así como  la anunciada eliminación de los subsidios que directa o indirectamente favorecen a la industria local, más la atenuación de la administración del uso de aranceles y medidas para-arancelarias. La estrategia sustitutiva de importaciones no está en la agenda, para afirmarlo de una manera suave.

Aquí también, la política y los conflictos dirán su veredicto final sobre este tema, ya que llevado a su extremo este modelo económico repercute directamente en forma negativa sobre la actividad industrial y el empleo, sobre todo en un conjunto de actividades industriales sensibles: autopartes, metalmecánica, textil, indumentaria, calzado, a las que sólo les queda la protección de las licencias no automáticas de importación, muy acotadas en número (1000 posiciones arancelarias) sobre el universo total de importaciones (aproximadamente 18.000 posiciones).

La devaluación "anticipada" en la campaña electoral comenzó a producir el traslado  de la misma a los  precios, antes de la definición de las elecciones y que efectivamente se tomara la medida de devaluar. El rango mensual de los precios al consumidor estabilizados en un 1,50 % mensual aproximadamente, se duplicó en noviembre y se ubicará presumiblemente en torno del 4,50 % mensual en diciembre.

Esto es así porque los precios del sector agropecuario, es decir de los cereales y oleaginosas y también los productos cárnicos, se forman tomando como referencia directa el precio internacional en divisas. El precio en pesos de esos bienes se obtiene multiplicando directamente la cotización internacional por el tipo de cambio. La devaluación los incrementa en esa proporción. Sin la deducción de las retenciones, el  impacto sobre los consumidores locales es total, sobre todo de los trabajadores de menores ingresos, en que los alimentos son una proporción mayor de su canasta de consumo.  Los cereales constituyen insumos directos de la industria de alimentos, que los procesan y elaboran.

En el caso de los insumos industriales difundidos que la Argentina produce (aluminio, acero, papel, celulosa, hilados textiles, etc.) también sus precios se fijan en el mercado internacional y su precio en pesos se forma multiplicarlo el precio internacional por el tipo de cambio,  tomando en cuenta la estructura de aranceles de importación. La devaluación incrementa directamente los costos y hace subir los precios de toda la industria consumidora de estos insumos.

Porque en el resto de la estructura industrial, sus precios se determinan principalmente por los precios de los insumos de los otros dos sectores mencionados, o sea los del sector agropecuario y de insumos difundidos, que la devaluación ha incrementado, más los costos locales de producción, en particular la energía, (cuyos precios serán mayores), y  el salario.

Siendo así la formación de precios en la Argentina, directamente dependiente del tipo de cambio, es un grave error o una afirmación de mala fe, lo que se dijo respecto a que los precios ya habían "tomado" un valor del dólar de $ 15 pesos. Un segmento minoritario adelantó los precios a la posible devaluación de los insumos, el 90 % de la estructura productiva lo hizo después. Los datos inflacionarios darán cuenta de ello.

El Ministro de Hacienda y Finanzas plantea que luego de la devaluación deberá existir un acuerdo de precios y salarios entre los empresarios, los trabajadores y el Estado que tome como punto de partida los precios al 30 de noviembre. (En los índices de precios ya se ve que en este mes se había producido el primer aumento "preventivo").
La baja de precios retroactiva y generalizada es realmente una ilusión si tomamos el conjunto de los precios relevantes de la economía argentina. Existe un fenómeno que Julio Olivera estudió muy bien y se llama "inflexibilidad de los precios monetarios a la baja". Hemos visto como se forman los precios en la Argentina, Olivera sostenía que si subían los precios monetarios del sector agrícola provocaban un aumento irreversible de los precios industriales y en consecuencia del nivel general de precios. Al aumentar el precio del trigo y de la carne por efecto de la devaluación los precios de los insumos de la industria alimenticia y frigorífica aumentan, si en el mercado externo bajaran el trigo o la carne o cayera el tipo de cambio en el mercado interno, los precios ya formados no bajan. No existe voluntad del Gobierno de controlar la estructura de costos de las empresas ni de apelar in extremis a la Ley de Abastecimiento, es "amigable" con los formadores de precios. Importar alimentos para abrir la competencia suena bien, excepto que desconoce que las grandes marcas productoras de alimentos en la Argentina son en su mayoría filiales de multinacionales, lo que quita toda capacidad efectiva a este tipo de instrumentos.

En la coyuntura se ha logrado estabilizar el tipo de cambio en un nivel provisorio que oscila en los $ 13 y los $ 14. La eliminación y/o reducción de las retenciones y de las medidas de administración del comercio exterior activaron la oferta de los agro-exportadores. Asimismo la negociación con los importadores y las empresas con utilidades retenidas por IED, a las que se les ofreció optar entre un bono por sus acreencias o un cronograma de pagos, solucionó el problema de la demanda insatisfecha de divisas proveniente del "cepo". El primer semestre del año es una época de fuertes liquidaciones de los exportadores tradicionales. Esa oferta, conjugada con dólares provenientes de distintas fuentes de endeudamiento externo (organismos multilaterales de crédito, préstamos de corto plazo de la banca internacional) y los incentivos a las colocaciones de fondos de origen financiero que arbitren entre la tasa internacional en dólares y una elevada tasa en pesos en niveles superiores a la devaluación, permitirá manejar la Balanza de Pagos durante el primer semestre, ya que tendremos  importaciones deprimidas por el nivel de actividad y menores compras para turismo. En ese plazo se cerrará el frente externo negociando con los fondos buitre, se tomarán las medidas de ajuste fiscal y tarifario anunciadas y se encarará el acuerdo de precios y salarios que actúe de prolegómeno de las paritarias.

Se ha producido una enorme, diría brutal, transferencia de ingresos desde los trabajadores, jubilados, pensionados, perceptores de ingresos fijos al sector exportador y productor de los alimentos que consumen mayoritariamente los argentinos. Esto se refleja en los precios de las carnes (vacuna, porcina, aviar), del pan y de los productos que manufacturan el trigo y el maíz. La magnitud efectiva y final de esta transferencia dependerá del resultado de la recomposición de ingresos que se obtenga en las paritarias.

Esta transferencia ocurrió de una manera novedosa en la historia económica argentina, pues comenzó con los  anuncios previos a la confirmación del resultado electoral y la asunción del nuevo Gobierno. El aguinaldo, las fiestas, las vacaciones de verano, amortiguaron seguramente su impacto. Restará ver como son las cosas en febrero, frente al gasto del inicio de clases, con los salarios devaluados. Restará ver si el conflicto estructural por la distribución del ingreso que es manifiesto, produce antagonismo social y político o es procesado por el actual Gobierno.

El primer semestre económico está jugado. Alta inflación, menores salarios reales, menor consumo, menor gasto, una baja en torno al 2 % del PBI hasta junio. La forma de resolución  del reclamo salarial será la clave a seguir para el escenario macroeconómico a más largo plazo.



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