plaza de los artistas
A partir de la derrota del Frente para la Victoria el pasado 22 de noviembre hay una presencia nueva -identificada con él- en la política argentina. Muchos piensan, con razón, que se manifiesta a partir de los resultados de la primera vuelta, en octubre. Lo real es que se hizo muy visible en calles, plazas y parques -y en las redes sociales- y ya no es posible negar su existencia. Lo que se puede hacer, y se hace, claro, es cuestionar su importancia y su capacidad de perdurar. Lo curioso -pero muy argentino- es que el cuestionamiento principal, el que más se lee y escucha, es que "no es peronista".

Esa acusación tiene mucha historia, y lamentable, como arma en la interna del peronismo. En su período fundacional, intensamente personalista en torno a la figura de su líder; después de su derrocamiento, en una identidad forjada en la persecución. Se llegó a la tragedia, y la patología, que los dos sectores que se enfrentaron a comienzos de los ´70 se acusaban mutuamente de "traidores" e "infiltrados".

Historias viejas. Todavía se usa en la pugna interna decir que "no es peronista", cómo no, pero ya suena un poco ridículo. Todos los sectores que participan suman algunos dirigentes cuya antigüedad en el peronismo es, digamos, escasa.

Hoy es más frecuente que esa condena la hagan desde afuera del peronismo. Por gente que se apresura a agregar "yo no soy peronista, pero...".

Néstor Kirchner dijo en alguna oportunidad "Nos dicen kirchneristas para rebajarnos el precio". El sentido, claro, era el de afirmar un liderazgo del conjunto. Pero también puede verse en la expresión una, a veces inconsciente, "rebaja" del peronismo. Da la imagen que un peronista debe ser necesariamente pobre, morocho, sin estudios y, preferentemente, beneficiario de un plan social (Es cierto que muchos militantes peronistas con origen y formación de clase media acomodada tienden a verse a sí mismos como "negros" y marginales, pero esa es otra fantasía).

Otra versión, muy actual, del "no es peronista" esgrimido por los que no lo son (y por algunos viejos peronistas también) es que hay una forma histórica de "ser peronista", la única legítima. No es la del 17/10/45 -quedan muy pocos vivos; se identifica sólo con un furioso anti montonerismo setentista (tampoco son muy jóvenes que digamos); los asocian con La Cámpora (una agrupación donde no hay ex montoneros, por razones de edad) y mencionan con insistencia que "Perón los echó de la plaza".

(No dicen como fue que llegaron a esa plaza; quién fue el que nombró a Cámpora candidato a Presidente; a Abal Medina sr. secretario general del Movimiento (dos ideas discutibles) y a Galimberti delegado de la Juventud (una idea pésima). También historias viejas).

No demasiado importantes, tampoco. Si me he detenido en ellas es porque quería demoler un argumento idiota. Privilegio de bloguero. Lo que vale la pena, me parece, es explorar es el peso y la identidad presente y futura de este fenómeno político. Porque no sé si habrán notado que no estoy diciendo que sean peronistas.

Una parte considerable, tal vez la mayoría, de los que participan lo son -se sienten a sí mismos como tales, que es el único criterio válido. Otra porción, igualmente significativa, no. Muchos de ellos, de todos modos, se están incorporando formalmente, a través de la afiliación masiva que llevan adelante varias agrupaciones, en primer lugar La Cámpora.

Todo eso es coyuntural, sin embargo. Lo que los une, que les da identidad, es una reivindicación de la experiencia kirchnerista de estos doce años y, por supuesto, la oposición al gobierno de Macri. Pero el conjunto no tiene hoy conducción política, más allá de un vínculo emocional con la figura de Cristina Kirchner.

No hay que confundirse. Las convocatorias han sido llevadas adelante, según las ocasiones, por el aparato de Nuevo Encuentro, de Sabbatella, por La Cámpora, en menor escala por La Néstor Kirchner y replicadas por numerosas agrupaciones. Pero no los conducen, ni mucho menos organizan, más que Fito Páez.

Su incorporación definitiva al peronismo, si se da, será cuando alguien sea capaz de hacerlo. Cristina está -lo dije hace poco en el blog- en la mejor condición para ello. En segundo lugar, aparece -por ser conocido, por despertar menos rechazo que otros- Daniel Scioli. Pero me parece evidente que es una tarea por hacer.

¿Es la tarea decisiva? Puede serlo, si el peronismo quiere volver al gobierno nacional. Sus posibles votantes abarcan más que los que reivindican hoy la experiencia kirchnerista. Están los peronismos locales -Córdoba es un claro ejemplo- más identificados con sus realidades locales; está una buena parte, quizás la mayoría, de los votantes que Massa conservó hasta la primera vuelta...

Pero es difícil pensar que el PJ, sin el kirchnerismo, y sin el "centro izquierda", pueda reunir nuevamente una mayoría nacional. Más increíble que pueda hacerlo por si sóla una fuerza basada en lo que hoy se moviliza en plazas y parques en protesta. La tarea pendiente es, como siempre, la (re)construcción de una mayoría.