sábado, 13 de febrero de 2016

Autocrítica y futuro, un desafío compuesto.


"La resistencia no es suficiente: sin contraataque no hay victoria".

John William Cooke, Apuntes para la militancia, 1964.

 

Ni fue un diciembre caliente ni la temporada de verano estalló.

En parte porque nuestro calendario electoral tiene la particularidad de que los nuevos funcionarios, empezando por el presidente, asumen sus cargos el 10 de diciembre. Y para esas fechas ya estamos más cerca de pensar en el vitel toné que en el destino de la patria. Además, justo es decirlo, todo nuevo elenco gubernamental tiene su merecida luna de miel con la sociedad. Los famosos 100 días. Bueno: ya se cumplió la mitad.

Entonces, si bien es apresurado pretender realizar grandes balances o intentar proyectar lo hasta aquí realizado por la nueva administración, algunas cosas podemos empezar a decir.

Y vamos a empezar por hablar de nuestra casa.

Perdimos. Y cuando se pierde lo primero que hay es desorientación. Es natural. Lo segundo que hay es ansiedad. Ansiedad de encontrar respuestas a los motivos de la derrota, ansiedad de encontrar nuevos horizontes discursivos que "expliquen" lo que pasa. Y también es natural.

Quizás lo único que podamos decir, sin temor a equivocarnos, es que todo el andamiaje político electoral del Frente para la Victoria y de su principal componente, el peronismo, está hoy en juego y en tensión. Conducciones, alineamientos, posicionamientos ante el flamante gobierno y decenas de etcéteras más son objeto de múltiples charlas, debates y reuniones.

De todos estos tópicos quizá sea el de la "autocrítica" el que más se menea y genera rispideces. Están los que plantean que las autocríticas deben hacerse solo "para adentro" y aquellos que, en el otro extremo, están más cerca de directamente hacer "critica" que "auto".

Pues bien, quisiera detenerme aquí y postular mi opinión al respecto. Suponer que una derrota no trae consecuencias está peligrosamente cerca de la necedad. En este sentido, tener una reacción "reactiva" a la derrota -enojándonos con la realidad- constituye un error mayúsculo y un enorme riesgo hacia el futuro. En el otro extremo, y con iguales dosis de riesgo, pretender "despegarse" de lo realizado durante 12 años, cuando fuiste parte de ello, tiene un componente de cretinada importante hacia los compañeros de ruta y una pésima señal hacia la sociedad en su conjunto: mucha gente puede ser crítica de varios aspectos del proyecto que gobernó 12 años, pero tampoco olvida de un día para el otro quienes formaron parte de él. Y a las mayorías no le caen bien los conversos abruptos.



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