miércoles, 17 de febrero de 2016

Entrevista con Jorge “Tambero” Zabalza, un tupamaro que no renuncia a la lucha (para leer sin prejuicios)

"Tarde o temprano germinarán las nuevas insurgencias"

Por Carlos Aznárez y María Torrellas

(desde Montevideo, Uruguay) El libro "Cero a la izquierda" de Federico Leicht, que narra la biografía de Jorge Zabalza, tuvo cierta repercusión. Esto fue así, en particular, por las declaraciones relativas a los hechos ocurridos el 24 de agosto de 1994 frente al Hospital Filtro, a raíz de la extradición de tres ciudadanos vascos acusados de pertenecer a la organización terrorista ETA. En el libro, Zabalza sostiene que el episodio puso a prueba la solidaridad del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros con quienes desde 1985 los habían apoyado económicamente en varios momentos difíciles.1

Para Zabalza, esa "era la oportunidad de poner a prueba la fuerza militante que desde años atrás venían acumulando, de bautizarla con fuego en una instancia confrontativa". Zabalza sostiene que había un ómnibus "repleto de cócteles molotov y 5 mil miguelitos, además de una banda de jóvenes radicales deseosos de entrar en acción"

16 febrero 2016

El uruguayo Jorge "Tambero" Zabalza ya está otra vez en carrera después de pasar por un prolongado período de recuperación tras superar una durísima intervención quirúrgica. Un trance donde el "flaco" puso las ganas de quedarse en este loco mundo para seguir dando batalla, y su compañera Verónica Engler fue un factor clave para darle las fuerzas que le hacían falta. Parafraseando a los rockeros de antaño, se puede decir que "los viejos revolucionarios nunca mueren" y en lo que hace al "Tambero" aún tiene mucho que aportar y enseñar a las nuevas generaciones. De allí que Zabalza  -ex dirección de los Tupamaros y ex preso político en durísimas condiciones- haya visto necesario escribir nuevamente sobre la épica y la derrota de la que fuera su organización en el pasado. Así pudo parir "La experiencia tupamara. Pensando en futuras insurgencias", un libro (prologado por Néstor Kohan) de lectura obligada para quienes siguen creyendo que nos debemos en varios de nuestros países avanzar hacia la Liberación Nacional y el Socialismo. Pero también para muchos jóvenes que caminan entre el descreimiento de la politiquería burguesa y las ganas de hallar referencias que les ayude a derrotar a tanta confusión y oportunismo.

Resumen Latinoamericano estuvo con el "Tambero" en su trinchera habitual de Santa Catalina, frente a la versión uruguaya del Río de la Plata, y allí gestamos una entrevista sustanciosa en la que Zabalza habla de los Tupas originarios y los que "se cruzaron de vereda" en los últimos años, también enfila los cañones contra Mauricio Macri, y expresa su versión sobre algunas de las responsabilidades que tienen los progresismos en el retorno ofensivo de la derecha neoliberal.

 

Analizando las causas de la derrota

-RL: Acabas de presentar un libro que conmociona en Uruguay y no exagero si digo que tiene gran interés para amplios sectores de la militancia popular latinoamericana, ¿Qué has querido contar que no se haya dicho sobre toda la lucha de los Tupamaros uruguayos? ¿Qué fue lo que más te llevó a incidir en la preparación de este libro, teniendo en cuenta que ya habías escrito otros textos sobre esta experiencia?

Zabalza: El libro surge porque al pasado se lo interpreta de distintas maneras de acuerdo a lo que uno hace hoy en día. Por supuesto, hay una banalización de la historia revolucionaria por parte de aquellos que hoy se integraron al sistema y que están en el gobierno: me refiero, entre otros, a Eleuterio Fernandez Huidobro, Eduardo Bonomi, José Mujica. Todo ese grupo de gente que se pasó de vereda,  o que hoy está caminando por la vereda de enfrente.

Lo que quisimos no es un libro que contara historias y cuentos, episodios, anécdotas, sino un análisis de la causa de la derrota. O sea, todo lo que pensamos durante los años de cárcel, sintetizarlo hoy, y por eso el libro ha despertado un interés bastante grande, por lo menos entre aquellos que integraron el Movimiento de Liberación Nacional en el pasado. El análisis incide en que no fue una cuestión episódica lo que nos ocurrió, no fue la traición de Amodio Pérez o la cantidad de clandestinos o la ruptura de las reglas de compartimentación, o algún par de operaciones mal pensadas. Lo real es que hubo un problema de concepción, en términos de militarismo. Es decir: otorgar a la acción armada un poder mágico capaz de cambiar la conciencia del pueblo y de acumular fuerzas, predominando sobre el trabajo a nivel popular. Basarse en la lucha armada, con el hostigamiento a las Fuerzas Armadas y al Estado, y no utilizar las armas para hacer política, para desarrollar la comprensión política en el pueblo uruguayo, que era lo que pensábamos en los inicios del MLN.  

-Describis un problema por la que también pasaron otras organizaciones político-militares del continente.

-Ese es el principal error de concepción compartido por todos nosotros. No es una crítica a otros sino una autocrítica porque fuimos todos militaristas. Yo lo resumiría en esto: la insurgencia del pueblo (el pueblo es insurgente) no depende de la acción de los revolucionarios profesionales, depende del desarrollo de la conciencia del pueblo. Y la otra crítica que se hace de concepción es el aparatismo, una forma de desviación burocrática del aparato militar que ocurrió en Uruguay y en otros lados no.

-¿En la interna de los Tupas no había una discusión, un debate, una duda, sobre este tipo de planteos, tanto del aparatismo como del militarismo?

-Los debates ideológicos en las organizaciones nunca son muy prolijos. Lenin se fue con los bolcheviques discutiendo sobre el artículo primero del reglamento, o sea, ahí se sintetizaban todas las diferencias ideológicas que había con los bolcheviques. Nosotros discutimos en la cárcel montones de cosas en concreto, por ejemplo, las conversaciones con los militares en el batallón Florida cuando estaban presos Fernández Huidobro y Mujica y algún otro compañero, y a partir de ahí surgieron diversas interpretaciones pero estábamos todos presos, estábamos todos sufriendo la misma bota militar. Después salimos con la amnistía en 1985 y lo que predominó fue el espíritu de reorganización entonces las discusiones o las críticas se dieron más a nivel pasillo y de discusiones de base, parciales, que en forma orgánica.

Lo que hubo en forma orgánica fueron unos cien documentos de autocrítica que circularon y que luego se sintetizaron en dos posiciones: una que era la que echaba la responsabilidad a decisiones mal tomadas por algunos compañeros, y otra que era la de concepción. Luego se hizo un acuerdo porque eso significaba la división del MLN antes de nacer, cuando estábamos reorganizándonos. No sonaba lógico dividirnos en dos posiciones. Todo fue quedando para atrás de tal manera, que recién ahora van saliendo a la luz. Toda discusión sobre las conversaciones en el  cuartel Florida y la propuesta de rendición incondicional de Fernández Huidobro mereció muchas y fuertes críticas, particularmente de Raúl Sendic, pero no trascendieron como una posición política.

La teoría del Uruguay con amortiguadores

-¿Cómo fue posible que en un país como Uruguay se llegó a la necesidad de plantear la lucha armada? Teniendo en cuenta que la idiosincrasia del pueblo uruguayo generalmente está muy pegada a lo electoral ¿cómo hicieron, cómo argumentaron ustedes para definir que ese era el momento de encarar la lucha armada?

-El Uruguay es "el país de los amortiguadores", como lo llamó  Carlos Real de Azúa, y el libro no profundiza lo suficiente en eso. El tema del batllismo y del progresismo, reflejan eso que tu llamas que al uruguayo le gusta votar y creen que votando resuelven todos los problemas. Después hay una serie de mecanismos que hacen que los conflictos de la lucha de clases se canalicen por la vía del consejo de salario, de pasillo en los ministerios, acuerdos entre las centrales de los trabajadores y los ministros de Trabajo, acuerdos en el Parlamento, toda una serie de vías que tienden a amortiguar y a contener las rebeldías.

Ese fue el Uruguay en los años 60, donde todavía los partidos del sistema, el Partido Nacional y el Partido Colorado, contaban con el 80% del electorado y votaba casi el 90% de la población de manera voluntaria, porque en aquella época el voto no era obligatorio. Entonces, había un consentimiento general  con ese funcionamiento. Pero había sectores que sufrían, eran los que veían la otra cara del Estado, no la cara sutil sino la cara de la represión. Por ejemplo, en Bella Unión los trabajadores de la caña de azúcar, en la Charqueada los trabajadores del arroz, en Río Negro y Soriano los trabajadores de la remolacha, en Fray Bentos los trabajadores de los frigoríficos, en El Cerro y en La Teja. Entonces, había sectores que sí sabían que la cara del Estado no era esa cara simpática del Uruguay democrático, el Uruguay batllista, sino que la cara del Estado era la boca de un revólver. Ahí fue, más o menos en 1958, que Raúl Sendic hizo ese artículo que se llamaba "Caras y caretas". Decía que al calor de la lucha de clases el Uruguay batllista se saca la careta y muestra su cara verdadera con las fauces del fascismo. Apoyado en esos sectores, comenzaba a aparecer el planteo revolucionario local. Empiezan a darse algunas condiciones donde había gente que dice: nosotros no podemos seguir proyectándonos para votar en elecciones nacionales, tiene que haber alguna manera. Si es imposible lograr los cambios vía elecciones tiene que haber alguna manera de plantearlo de otra forma en el Uruguay.

Eso ocurría en 1958, y un año después, en Cuba, el Movimiento 26 de Julio llega al poder el 1ero de enero de 1959. Fidel, el Che y Camilo desfilan en la Habana el 8 de enero y eso significó un terremoto ideológico en toda América Latina. En el Uruguay también y abona ese terreno fértil que ya existía. En 1960 vino Fidel al Uruguay, en el 61 llegó el Che a Punta del Este a oponerse a la Alianza por el Progreso, a denunciarla.  Creo que ese es el momento en que se dan las condiciones para que una gran cantidad de grupos se planteen la revolución por la vía armada. De todas maneras era una época muy temprana. Hubo que adecuarse, y eso es un descubrimiento de los Tupa, para hacer la revolución y emplear las armas en plena democracia. Es decir, graduar el grado de violencia para que no chocara frontalmente con esas ganas de votar que tenía la gente. Hasta que llegó Pacheco Areco a fines de 1967. Pacheco Areco hizo lo mismo que ahora hace Macri en Argentina, en cien días quiso cambiar el Uruguay. Macri y Pacheco un solo corazón. Entonces despertó una reacción popular, igual que la que está despertando Macri.  Ahí sí surgió el MLN, empezaron a darse las acciones más renombradas del MLN.

 La "otra historia" de Mujica y Fernández Huidobro

¿Observando la realidad desde este presente, ¿Cuál crees que fue el punto de inflexión que determina la derrota? ¿Cuándo se percibió que se estaba al borde del precipicio?

-La derrota comenzó antes, se dió cuando empezamos a perder el vínculo con los sentimientos populares, interpretamos mal los resultados de las elecciones de 1971 y a partir de ahí, de una mala lectura o de una desconocimiento de la realidad y sobre todo del sentir popular, largamos una ofensiva armada contra el Escuadrón de la Muerte. Operaciones directas contra las Fuerzas Armadas que nos llevó a acelerar el proceso, o intentarlo, a una velocidad que estaba a años luz de lo que venía caminando la gente. Muchos habían votado al Frente Amplio o al partido Nacional de Wilson Ferreira Aldunate, pensando en una salida pacífica para resolver los problemas, y con todo eran el 45% del electorado. Es decir, el 55% había apoyado la mano dura de (José María) Bordaberry. Nosotros no supimos leer bien esos resultados electorales, operamos en función de estrategias pensadas en el aparato y largamos una ofensiva que nos llevó a la derrota.  No nos dimos cuenta porque estábamos presos. Recién lo percibimos después. en agosto del año 72 cuando cayó Raúl Sendic, en un tiroteo famoso acá en la Ciudad Vieja, y ahí sí tuvimos la clara noción de que nos habíamos equivocado y los momentos que teníamos para pensar en la capucha lo dedicábamos a eso. No fue un proceso que podemos decir que lo previmos o lo discutimos antes.

Actualmente, la interpretación de la historia de tipos como Fernández Huidobro que por un lado hace la apología del MLN y la lucha armada y por el otro la demoniza, echándole la culpa a otros, no es nada fiable. Responsabiliza por la derrota a un grupo que fue de la dirección o eran militaristas, como si él no lo hubiese sido,  o responsabiliza al PRT-ERP de Argentina porque nos colonizó ideológicamente. Es decir, se saca el sayo de encima cuando en realidad está tratando de ocultar todo el proceso que lo condujo política e ideológicamente a él y a Mujica desde 1971 a apoyar el nacionalismo peruanista, a convertirlo en una bandera para toda América Latina, y  apostar a la posibilidad de que las Fuerzas Armadas se volvieran "partido militar del desarrollo nacional", concretado eso en documentos del MLN escritos por Fernández Huidobro.

A partir de ese viraje ideológico que dieron en 1971, producto también de mucha lectura de Jorge Abelardo Ramos, que en Argentina conocen bien como terminó, Fernández Huidobro termina su historia de una manera muy parecida. Y a Mujica le pasará lo mismo, porque esa apuesta a una etapa de desarrollo de la economía capitalista dirigida por partidos militares era realmente una fantasmada.

¿Nunca más lucha armada?

A propósito del tema de las armas, hay opiniones bastante generalizadas de que se acabó el tiempo de las armas para los movimientos de izquierda en América Latina, ¿Coincidís con esa visión que señala nunca más la lucha armada en el continente?  

-Pienso qué pueden hacer los Mapuches cuando Bachelet les manda los carabineros, o ahora que les va a crear una estación de carabineros en medio de tierra mapuche, con la amenaza además de mandar al ejército detrás. Qué pueden hacer los palestinos cuando les cae encima todo el ejército israelí. Es decir, la lucha armada o la contraviolencia armada por parte de los pueblos está ahí. Sí es cierto que los zapatistas logran mantener un control del territorio en base a un trabajo político muy grande, con una organización de un gobierno muy democrático, muy desde abajo, muy tipo comunidad indígena, pero tienen 45 mil zapatistas que desfilaron en el año 2012 por todas las ciudades del entorno, 45 mil zapatistas organizados, la mayoría de ellos armados, es decir, de alguna manera han tenido que enfrentar a los paramilitares.

Creo que la contraviolencia de parte de los pueblos está siempre vigente porque no es responsabilidad de los de abajo, el sentimiento popular es que quisieran mejorar sus condiciones de vida y acceder a la gestión de los medios de producción pacíficamente pero eso es imposible porque los dueños de los medios de producción son los que desatan la violencia. No fue el pueblo argentino el que quiere los despidos de los funcionarios públicos o que les saquen las retenciones a los ganaderos, es la propia oligarquía y pone un gobierno para eso.

Esa violencia que viene de arriba es la que justifica y vuelve necesaria, en determinadas condiciones, subjetivas sobre todo, la violencia de los de abajo. Se necesitan dos cosas: primero que haya un Macri, un Pacheco Areco, un Piñera, que no necesitan ahora los golpes de Estado como antes, ya que pueden acceder a través de la vía electoral. Los mismos fascistas que antes impulsaban golpes de Estado, en su ofensiva contra los intereses del pueblo, provocan la reacción popular, en algunos casos pacífica, en otros menos pacífica, y en otros quedan abiertas las condiciones abiertas para la lucha armada. ¿Qué hará el pueblo español si les fracasa todo este intento de tentativas electorales de mejorar?. No es solo un problema de América Latina, es un problema también en Europa. No es solo un problema de los palestinos en Medio Oriente, es un problema que ahora se les está metiendo adentro de Europa.

Después de la ola de dictaduras vino, porque la gente lo necesitaba también, un sentimiento generalizado de exaltación de la democracia burguesa y del ejercicio de las libertades y los derechos populares hasta donde te permitían, no más allá de eso.  Te permiten los consejos de salarios pero no sucede lo mismo una cantidad de otras cosas. Los consejos de salarios concebidos como un instrumento de contención del  trabajador y no como un instrumento de redistribución y de justicia social. El movimiento sindical en el Uruguay se presta a ser parte de esa contención de la rebelión.

El proceso de paz en Colombia

-¿Cómo ves procesos como el de Colombia donde se ha tomado la decisión, por parte de las FARC de parar la lucha armada y se está avanzando con bastante firmeza en negociaciones de paz?

-Hay una paradoja en el proceso colombiano. Por un lado, las FARC y el gobierno colombiano han demostrado una clara voluntad de terminar con la lucha armada y por el otro, las políticas que se están instrumentando desde arriba, en particular en el campo. O con la "guerra al narcotráfico" que en realidad es la guerra al campesino que siembra la planta de coca, o la privatización de la compañía eléctrica de Colombia, o las políticas educativas que se instrumentan desde el gobierno. Se percibe así un ambiente que expresando querer la paz es de insurgencia también. Mientras que hay un acuerdo entre los dos contendientes a nivel de la sociedad se están reproduciendo las condiciones que en algún momento llevaron a esa confrontación armada.

Realmente no sé en que podrá terminar ese proceso pero no es la primera vez en Colombia que se hace la paz entre una organización armada y el gobierno. Tenemos recuerdos del M-19 cuando terminaron todos muertos después al haberse integrado a la lucha política. ¿En Colombia qué pasará con los paramilitares después de la paz? ¿Qué pasará con el narcoestado, se volverá el país una especie de México? Entonces, ¿cuál será el destino de las fuerzas de izquierda en Colombia? En México ya sabemos cuál ha sido. Pero que haya una paz decretada entre un gobierno y una organización guerrillera no quiere decir que hay una paz social y no quiere decir que deje de haber desaparecidos, que deje de haber represión policial, que deje de haber paramilitares y parapoliciales ligados al narcotráfico, como ocurre en Mécico. La pregunta será ¿va camino Colombia a ser un Estado como el mexicano?

"Progresistas" y revolucionarios

-Vayamos a un asunto que estás poniendo siempre sobre la superficie, a contramano de otros dirigentes, intelectuales y militantes políticos latinoamericanos, y que es el tema del progresismo. Por un lado, hay gente que opina que es muy insolidario, escéptico e incluso reaccionario estar planteando de que las experiencias progresistas en América Latina ya han tocado fondo. Por otro lado, están los que como vos señalan  que el progresismo es parte también de este final que se produce en algunos procesos latinoamericanos donde asumen gobiernos de derecha  y extrema derecha después de gobiernos progresistas. A tu entender, que ha provocado de avance o retroceso el progresismo en el continente latinoamericano?

-En realidad. América Latina ya vivió esto en el pasado, no es la primera vez que gobiernos populares o con intención popular llegan a su techo. El historiador uruguayo Carlos Real de Azúa, analizaba el batllismo, y decía en un libro que se llama "El impulso y su freno", que este último estaba puesto porque no tocó la estructura de la propiedad del campo. Es decir, José y Luis Batlle Ordóñez no se animaron a afectar a los terratenientes y estancieros y no enfrentaron al imperialismo. José Batlle Ordoñez podrá pasar a la historia como muchas cosas pero nadie puede decir que fue un antiimperialista, era un admirador de la democracia norteamericana.

Creo que en esta nueva oleada de gobiernos progresistas en América Latina hay que distinguir entre aquellos que están siendo agredidos por el imperialismo y que han respondido dignamente a ese ataque, a esa ofensiva de los Estados Unidos, como es el caso de Venezuela, Ecuador, Bolivia, y hay otros progresismos que son los del sur que han tenido una actitud mucho más condescendiente con el Departamento de Estado, como el de Bachelet, Tabaré Vázquez, Mujica, Dilma Rousseff, Lula, a quienes les ha costado mucho separar aguas y decir que América Latina es de los latinoamericanos y no de los Estados Unidos, que no somos el patio trasero de nadie. Les ha costado mucho decirlo y tener una actitud de independencia. Siembran confusión en toda América Latina con esa posición. El enaltecimiento de la figura de José Mujica es un ejemplo claro porque mientras por un lado se pasea por el mundo y da la imagen de un defensor de la Patria Grande, por otro lado, saboteó el Mercosur y se abrazó con Rockefeller y con Obama para salvarles las posiciones en lo ideológico. Para ellos, el imperialismo se terminó, el imperialismo ha cambiado de fachada, cuando están viendo la realidad que en Medio Oriente y en África los Estados Unidos avanzan con todo.

Creo que ese es uno de los puntos definitorios y por eso distinguiría entre aquellos progresismos que sí se oponen a la ofensiva imperialista y que por ello sufren agresiones, y están aquellos otros que son condescendientes. Los abrazos de Mujica con la embajadora yanqui en Uruguay fueron lamentables porque es una imagen que crea confusión en la gente. En cambio, una actitud digna como la que tuvo Hugo Chávez, levanta el espíritu de la gente y convoca a luchar.

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