jueves, 21 de abril de 2016

10 dias que estremecieron al peronismo

Hoy, jueves 21 se cumplen apenas 10 días de ese lunes que Cristina Kirchner aterrizó en Aeroparque, el "Operativo Retorno 2.0". No teman, no voy a hacer la crónica de estas jornadas. La dejo para un John Reed argento. Mi intención es mostrar que bastaron para provocar un sacudimiento profundo en el peronismo, que modificó las relaciones de poder interno y, tal vez definitivamente, tal vez no, sus perspectivas en los próximos años.

Como de costumbre, trataré de ser preciso. El regreso de CFK a Buenos Aires, a la actividad política pública, conmovió y dio ánimo a los muchos que la quieren y la siguen. Y aseguró la inclusión en ese conjunto del sector, mucho menor pero no insignificante, de los que murmuraban su descontento con ella porque se sentían abandonados.

También fue conmocionante, aumentó su bronca e irritación, para los que la odian y la rechazan, que no son pocos. El gobierno, por supuesto, se ocupó de fomentar estos sentimientos garantizando la mayor repercusión posible de sus gestos y los de sus seguidores. Forman el sector más firme del oficialismo actual, fuera de sus propias bases y probablemente más numeroso que ellas.

Todo esto ha sido importante, cómo no, pero no podría decir que cambió las relaciones de poder interno en el peronismo. Estoy pensando en el impacto que tuvo en los políticos, los activistas, los militantes... Todos aquellos que trabajan en los espacios de la democracia moderna para influir sobre la realidad. Y, en muchos casos, para ganarse la vida.

Es una minoría, claro, en ésta y en todas las sociedades. Y en la nuestra ha sido desprestigiada sistemáticamente (algo de responsabilidad tiene en eso, seamos sinceros). Pero son quienes ocupan, cuando triunfan, los niveles de decisión en el Estado y un buen porcentaje de los vitales niveles medios.

El punto es que esta minoría clave no es autónoma. Depende por completo de que alguna parte de la sociedad la haga caso. Un cuadro político brillante, genial, al que nadie lo siga o lo vote... no es un cuadro político. Por eso están atentos como nadie hacia donde van sus posibles votantes y a los liderazgos que están dispuestos a seguir.

Lo que hoy ven los que hacen política en el peronismo es que sus votantes -una gran mayoría de esa casi mitad de los argentinos que puso la boleta Scioli-Zannini el 22 de noviembre- quería un liderazgo que expresase la oposición.

En estos diez días la "clase política" peronista ha comprobado la capacidad de movilización que conserva Cristina Kirchner -muy importante, en sí misma y comparada con la de cualquier otra figura del peronismo- y otro factor decisivo que sólo puede darse por descontado cuando se lo ve.

El recibimiento en Aeroparque, sobre todo el acto en Comodoro Py, mostraron lo primero. Las reuniones con diputados, con intendentes, con organismos de derechos humanos, con artistas, con curas... lo segundo: Que ella está dispuesta  a hacer política, a construir poder. En especial las dos primeras, porque ahí se dirigió por igual a los que la siguen y a otros que hasta hace pocos días estaban considerando otras opciones para posicionarse (y que no las descartan para el futuro, como ellos y ella saben).

Esas dos reuniones son también una indicación simétrica: los políticos del peronismo perciben que CFK tiene a hoy un piso mayor de votos que cualquier otro posible candidato en la Provincia de Buenos Aires, batalla decisiva si las hay de las legislativas del año que viene. Y que ella está dispuesta a hacer campaña (¿Qué otra señal dan tantas reuniones?).

¿Estoy diciendo entonces que la interna del peronismo está definida? No. Tengo la certeza, basada en un número significativo de ejemplos, que la mayoría de los dirigentes territoriales del peronismo bonaerense están dispuestos a sumarse a una eventual candidatura (a senadora) de CFK. Inclusive, desde las segundas y terceras líneas del Frente Renovador están hablando con conocidos "cristinistas". Pero... todavía no está claro como será la interna, si habrá PASO, modificado o no,... Y hay algo que todo el que ha hecho política sabe: Cuando uno hace su lista para la interna, también está haciendo la de su adversario. Con los nombres que no pone.

Además, hay otro factor a tomar en cuenta: El alto "piso" del voto de Cristina se corresponde, a hoy, con un "techo" bajo: el número de los que la rechazan. Como lo muestran la encuesta que subió Néstor Sbariggi, y otras. El fantasma de la derrota de Aníbal Fernández no está exorcisado. Cristina deberá sumar a los convencidos, los vacilantes y los preocupados. Es cierto que puede esperarse que la inflación y el desempleo de Macri ayuden a borrar viejas broncas. Con nuevas, en otra dirección.

Esto es sólo un escenario. Que se ve, eso sí, con una claridad que hace diez días no existía. Al menos, para la mayoría de los políticos. Y es un escenario parcial. El kirchnerismo -uso el término, exclusivamente en este posteo, para referirme solamente al sector político dispuesto a seguir sin reservas la conducción de Cristina Kirchner- es potencialmente muy fuerte en Buenos Aires, y mayoritario -en la interna peronista- en la C.A.B.A., si no comete graves errores.

En el resto del país... las agrupaciones kirchneristas son una minoría intensa, pero el poder político lo tienen los gobernadores peronistas. Donde no gobierna el peronismo, o un peronismo anti K, como en Córdoba... son más intensas y más minorías. Por algo la reunión que todavía falta es una de Cristina con los gobernadores.

Y -esto es el peronismo- hay otra realidad poderosa que hasta ahora se ha acercado mínimamente a la ex presidente, con figuras de segunda y tercera línea: el sindicalismo. Una reunión con sus cabezas... hoy no parece pensable, para ninguno de los dos lados. Pero el otro viernes, el 29 de abril, está previsto que las 5 centrales obreras movilicen en forma conjunta. La presión, y las puteadas, de las bases, hacen que el tema de los despidos figure entre sus consignas. Son ellos, después de todo, los que lo llevaron al Congreso, para exigir que la oposición se pronuncie. La política, finalmente, está muy bien, si, como sugería el fundador del peronismo, sirve para cabalgar la realidad. Si no, ésta, desbocada, le pasa por encima.

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