miércoles, 20 de abril de 2016

Doce años de aciertos y errores. ¿Qué sigue?


Doce años de aciertos y errores. ¿Qué sigue? | El blog de Abel

Doce años de aciertos y errores. ¿Qué sigue?

América del Sur desde-el-espacio

Tengo que reconocer algo: Cuando recibí este texto del compañero Pepe Robles y leí al comienzo "el Frente para la Victoria no perdió por haber cometido errores, sino por los aciertos que tuvo en los doce años que gobernó", mi primera reacción fue citar a Tucídides: "Ufa!".

Como saben si me han leído, tengo reservas con las autocríticas fáciles, que casi siempre consisten en autocriticar a algún otro. Pero tampoco la pavada. Si el gobierno anterior no cometió errores ¿cómo es que el Presidente es Macri y sus medidas borran las que el FpV llevó adelante?

No es eso lo que dice Robles. Dice cosas importantes y válidas, con una mirada al conjunto -más allá de nuestras fronteras- original. Y plantea, no un camino sino lo necesario para caminar. Tengo algunas observaciones, pero me impresionó lo bastante para subirlo en el lugar de mi acostumbrado sermón dominical. Y escucharlo.

"… Por supuesto que hay errores. No puede no haberlos. Ninguna actividad humana sin errores es posible. Pero lo que quiero sostener aquí es que el Frente para la Victoria no perdió por haber cometido errores, sino por los aciertos que tuvo en los doce años que gobernó. Más aún, esos aciertos provienen de los errores.

No cometamos entonces el error de analizar nuestra propia actuación y nuestra propia historia, con los mismos valores exitistas del Poder que quiere perpetuar nuestra dominación.

Empecemos por los errores. Contra lo que el exitismo individualista sostiene, el error es la precondición del acierto. Cualquier futbolista sabe que la mitad de las gambetas no salen, pero que si no las tira por miedo a equivocarse, nunca va a hacer un gol. Lo mismo saben los y las basquetbolistas, que tiran al aro sabiendo que la mitad de las veces errarán. Una de las primeras vacunas, el Salvarsán, descubierto por el científico alemán Paul Elrich para curar la sífilis, se llamó inicialmente "Compuesto 606", por la simple razón que previamente se había equivocado 605 veces. Lo mismo sucede en la actividad política, como en cualquier cosa que hagamos.

Pero ademas los errores juegan un papel creativo fundamental cuando se trata de ir contra el poder establecido, las tradiciones y la ortodoxia. Siempre es más fácil reducir los errores si se hace lo que siempre se hizo. Pero la contracara es que no se va a cambiar nada. Los nuevos caminos, las nuevas experiencias históricas, están plagadas de errores, porque se avanza hacia lo desconocido. Es su condición. Se avanza, porque ante cada disyuntiva nueva, se arriesga. Veamos sino lo que fue la lucha por la Independencia, o la Revolución francesa, o el primer peronismo. Son hechos llenos de contratiempos y errores.     

Detenerse en los supuestos errores cometidos, como explicación para haber perdido una elección por el 1% de los votos, es perder de vista el panorama. No perdimos por nuestros errores, perdimos porque logramos establecer un gobierno popular durante doce años.

Hay que ver el contexto. ¿Acaso no es obvio que Argentina, Brasil y Venezuela están experimentando, casi al mismo tiempo, el fin de un proceso histórico que también iniciaron también casi al mismo tiempo? Justamente los tres países donde comenzó un proceso que no reconoce antecedentes en la historia latinoamericana, con excepción de la independencia. Tres países que además aplicaron distintas tácticas: bien duro en el caso de Venezuela, moderado en el caso de Brasil, e intermedio en el caso de Argentina. Entonces es obvio que la causa no es la de éste o aquel error.

En primer lugar la duración. Una antigua verdad confirmada hasta el cansancio dice que "el poder desgasta". El chavismo lleva 16 años en el poder político, el PT de Lula lleva trece, y el FpV llevaba doce años y medio. Estos períodos también nos hacen pensar en la duración de otros gobiernos populares en la Argentina, como el primer radicalismo que se sostuvo catorce años en el poder político, antes de que el Poder real con mayúsculas lo bajara; o el primer peronismo que se sostuvo once años, antes de que el Poder volviera a bajarlo.

En segundo lugar algo que solemos perder de vista: el poder político no es El Poder. En el capitalismo salvaje, consolidado con la globalización, El Poder lo tiene obviamente el capital concentrado, con centro en Estados Unidos y Europa, y ramificaciones en todo el mundo, a través de sus oligarquías locales. Es una verdad de perogrullo, pero que a veces la olvidamos, cuando hacemos análisis "locales".

Entonces, cuando en alguna parte del mundo, el pueblo logra realmente tomar el poder político, como sucedió en Argentina en 2003, en realidad no está "tomando el poder", sino una pequeña fracción del Poder real. Pero la mayor parte sigue en manos del Poder real global, con sus ramificaciones locales. Para visualizar la situación se puede recurrir a la figura de David y Goliat. Todos/as sabemos, por ejemplo, que la independencia política de nuestros países, no significó la verdadera independencia, y que el Poder real global, reprodujo la dominación mediante mecanismos neocoloniales.

Lo que podría llamarse "la rebelión sudamericana de la primera década del siglo XXI", fue un hecho muy inusual en nuestra historia. Primero porque sucedió en varios países sudamericanos simultáneamente. Y segundo porque duró bastante.

Esta simultáneidad no es casual. En gran medida se debe a Brasil, que por su enorme tamaño, generó también un enorme paraguas para los demás países sudamericanos. Lo cierto es que la simultaneidad agregó poder a las experiencia populares sudamericanas, ante el Poder global. Solo así puede explicarse un hecho como haber bajado el ALCA en 2005 y haber creado la Unasur y la CELAC, dos organizaciones americanas sin Estados Unidos, que Estados Unidos nunca permitió.  

También influyó el crecimiento fenomenal de China hasta 2014, la "distracción latinoamericana" de Estados Unidos después de los atentados a las Torres Gemelas de 2001 y la crisis fenomenal de las economías norteamericana y europea de 2008, hasta que lograron transferirla al resto del mundo a partir de 2012.

Todos estos elementos que permitieron "la larga década sudamericana" ya no estaban presentes en 2015. Aquí es donde hay que buscar la causa de fondo de lo que todo el mundo está llamando "el fin del ciclo progresista sudamericano".

¿Se podría haber ganado la elección de 2015? Es una pregunta contrafáctica, la peor trampa para quien pretenda incidir en serio en su realidad. Claro que se podría imaginar otro futuro en el que las elecciones se hubieran ganado. Pero entonces también habría que pensar que el cuarto gobierno del Frente para la Victoria sería acosado por los buitres y la crisis económica mundial, con puebladas tipo Brasil y Venezuela en la calle pidiendo el juicio político a Scioli y un deterioro fulminante de la imagen positiva del FpV. ¿Hubiera sido mejor? En el terreno contrafáctico nunca hay respuestas para nada y todo es especulación pura.

La lucha por el poder político en cada nación, no es de ningún modo una lucha menor. Pero tampoco modfica por si misma la distribución de poder en el mundo y el modelo económico que lo sostiene.

Por otra parte, el poder político en cada país, no está separado de la situación del Poder global como un todo. Las democracias liberales que tienen nuestros países, son grandes avances frente a las dictaduras genocidas de los setenta y los ochenta, pero tampoco son formas de gobierno que impidan que el Poder económico las penetre. Los medios de comunicación cada vez más sofisticados y poderosos en la ciencia de manipular mentes, la corrupción, el control de las instituciones globales, la presión de las empresas multinaciones, influye fuertemente, tanto en las elecciones como en los gobiernos democráticos. Por eso podemos ver como una y otra vez los pueblos eligen gobiernos que luego perjudican a los mismos pueblos que los votaron. En la democracia liberal lo inusual es que el gobierno sea popular. La razón de eso es que el corazón de la democracia liberal es la amplia libertad que concede a los grupos económicos y medios de comunicación concentrados, limitando así considerablemente la posibilidad de auténticas democracias. Reformar las democracias, para la limitar la influencia política de esos grupos económicos y esos medios de comunicación concentrados, es una parte sustancial de la lucha por un nuevo modelo global. Pero como vimos en Argentina, es algo que el Poder global no va a consentir alegremente.

Estas son las causas reales de la derrota electoral de 2015. ¿Podríamos estar mejor? Podríamos. ¿Podríamos estar peor? Si, también podríamos. Mucho peor, si vemos lo que sucede en Venezuela y Brasil. Pero eso son especulaciones contrafácticas. Estamos como estamos y donde estamos, como consecuencia tanto de nuestros aciertos, como de nuestros errores.

Pero del mismo modo que no tiene sentido discutir si estuvo bien que Messi pateara al arco en lugar de intentar eludir al arquero en la final de la Copa Mundial de Fútbol de Brasil, tampoco tiene sentido debatir qué se podría haber hecho para ganar ese 1,5% que hubiera llevado al Frente para la Victoria al triunfo electoral en 2015. La verdad es que, aún ganando, la relación global de poder, tal como vimos, no se hubiera modificado sustancialmente. Los problemas hoy serían otros, pero igualmente graves. O incluso aún más graves, porque haber mantenido el gobierno sin haber sufrido un golpe blando, y tener el apoyo de una amplia mayoría de la población, son activos decisivos en la lucha de los años por venir.

¿Qué hay que hacer hoy? Como siempre hay que hacer exactamente lo contrario que necesita hacer el Poder. El Poder usa su regla número uno: "dividir para reinar". Entonces nosotros tenemos que hacer exactamente lo contrario: unir para que deje de reinar.

El Poder sabe perfectamente que somos más y que necesita dividirnos. Para eso va a usar nuestras discusiones. Así se divide a los pueblos: azuzando las grietas que los propios pueblos tienen: "peronistas contra radicales", "peronistas contra kirchneristas", "kirchneristas contra cristinistas", "traidores versus leales". Fijate los medios de comunicación: todo el tiempo azuzando ésto.

Dividirnos es facilitarle el juego al macrismo, consciente o inconscientemente. El campo popular es heterogéneo. Está integrado por sectores con los intereses más diversos y con diferentes ideologías y puntos de vista. Este no es el momento para dividirlo según el grado de adhesión de cada persona a Perón, Cristina, Néstor Kirchner, Alfonsín o Yrigoyen. Cada subgrupo que se separe, es un triunfo de Macri.

El año que viene hay elecciones legislativas. Es la primera gran batalla en campo abierto. Si Macri gana, lanzará la segunda ola de reformas que seguramente incluirá la privatización de la seguridad social, de las obras sociales y de las empresas estatales que logre instalar como deficitarias, así como la reforma sindical y la reducción del papel de las paritarias. Si Macri pierde, se va establecer una base para detener el proceso de pérdida de derechos y participación en la renta.

¿Qué es ganar? Ganar es antes que nada que una fuerza electoral supere al macrismo en los totales del país y en la Provincia de Buenos Aires. Lo ideal es que esa fuerza electoral lleve el nombre de Frente para la Victoria, pero como el FpV es una alianza, no será fácil lograr los consensos necesarios para reinscribirla en 2017.

¿Qué busca Macri? Que el campo popular no vaya en una sola boleta. En síntesis, hoy por hoy: una boleta es ganar, dos boletas, es perder.

Este es el verdadero error que no hay que cometer. Después será tarde para autocríticas".




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