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La foto de arriba es de la impresionante manifestación (¿150 mil, 300 mil asistentes?) que se hizo el año pasado con el lema "Ni una menos". Y sólo fue la más numerosa de las que se hicieron en todo el país.

Participé en ella, y estoy orgulloso que éramos muchos hombres los que acompañamos. Pero la mayoría, larga, era de mujeres. Y es mejor así. Es necesario, es fundamental, que las mujeres no acepten pasivamente un rol de víctimas. Por ellas, y también porque lo que estimula al cobarde es la debilidad de aquel a quien golpea o lastima.

Entonces, todo bien con repetir la manifestación hoy. Estoy seguro que también será importante, y hermosa. Pero creo que vale la pena reflexionar sobre estos números que hoy publica un diario: "A un año de la movilización con el lema NiUnaMenos, 275 mujeres fueron asesinadas en el país, esto es, una cada 31 horas. 216 criaturas menores de edad han quedado sin madre). Y 35 varones murieron intentando salvarlas de los femicidas".

No debe desalentar. Eliminar por completo esos crímenes, o cualquier otros, es una fantasía. Y continuar con estas movilizaciones es necesario, porque mantiene la lucha en la agenda pública y, más importante todavía, en la conciencia de las mujeres.

Eso sí, creo que el esfuerzo puede ser mejorado. Quedan en muchos nichos de poder institucional -jueces, comisarios, funcionarios- personas de ambos sexos, o de alguna variante, indiferentes o impacientes con este reclamo. Y queda mucha violencia cobarde, la que se dispara frente al débil, agazapada en un porcentaje no pequeño de los varones.

Para lograr mejores resultados con el esfuerzo, creo que es importante precisar el objetivo, y dónde debe dirigirse (habló el profesional en mí). Enfrentar al gobierno de Macri, al capitalismo, al patriarcado, reclamar por el aborto seguro y gratuito, o por la repartición igualitaria de las tareas domésticas, son causas respetables. Algunas de ellas las comparto. Pero no son lo mismo que lo que traté de poner con claridad ya en el título: La violencia física que hombres descargan sobre mujeres.

(Seguro. Existe la violencia síquica, también. Y la violencia que ejercen mujeres contra mujeres, y la que ejercen contra hombres. Son otros problemas, como la gripe A y el dengue lo son. No todo tiene la misma solución).

La solución de éste -hasta donde los problemas humanos tienen solución- es hacer que la violencia masculina contra las mujeres sea vista por todos como el acto repugnante y cobarde que es. Teniendo claro que sus retorcidas raíces están metidas más profundo que los clichés progresistas. El que golpea o humilla puede ser un marido maduro "celoso" o un pendejo rockero. Es más probable que sea éste último el que se jacte con sus amigos.

Hasta hace no muchos años, era aceptable entre los códigos machistas la hostilidad, incluso física, hacia el puto, el "maricón". Todavía existe, por cierto, pero es mucho menos frecuente. Como los linchamientos de negros en los Estados Unidos. Las culturas se cambian, si existe la voluntad y la persistencia.