El primer combate de box que vi en mi vida fue Ali - Frazier en 1971, junto a mi tío Ademar, que hacía poco se había comprado el televisor. Tenía 10 años y eso me marcó para toda la vida. Mi amor por el Box se lo debo a este boxeador fabuloso que acaba de fallecer, de la misma manera que la pasión por el ajedrez a Bobby Fischer cuando vino a Buenos Aires a pintarle la cara al gran Tigran Petrosian en su ascenso a la corona que luego le arrebataría a Boris Spassky.
Ali era pintón, agrandado, jetón y, por sobre todo, un tipo que manejaba como pocos todos los secretos de boxeo, incluida una condición no siempre remarcada y que es central para hacer diferencia: la capacidad de absorción del castigo. De golpes lanzados por bestias de más de 100 kilos, a ver si nos entendemos. Las manos que Alí soportaba de fajadores como Foreman y Frazier y ,pese a todo seguía en pie, nos hablan de un superdotado para soportar un castigo de esa dureza. Pero de nada le hubiera servido esa condición si al toque, el genio no arrancaba con una combinación espeluznante y literalmente le llenaba la cara de dedos al rival. Hay que ver varias veces la pelea con Foreman para ir notando cómo Ali va construyendo de a poco el nocaut del octavo round, la forma en que lo va contragolpeando y cómo, cada 15 golpes del rival -la mayoría en los brazos- sacaba combinaciones certeras que lo hacían saludar como los candidatos a intendente en los pueblos.
Como le pasa a muchos grandes en muchas artes y disciplinas, no supo resolver el retiro a tiempo y se bajó del ring tarde, recibiendo palizas gratis, como la que le propinó su ex sparring Larry Holmes. Es el mismo drama de la estrella de la canción que no entiende que ya no es tiempo de grabar esos discos lamentables. Sufrí esos combates, y todavía me duelen cada vez que los vuelvo a ver.
Y en la base de todo, el deportista de origen humilde que a su manera, de manera desprolija pero con vehemencia, le grita al poder su verdad, como Maradona y algunos otros (no tantos, tampoco)
10 años tenía aquella noche. La tía Mabel se fue dormir, también Graciela, y nos quedamos solos con el tío, sentados frente a esa típica mesa de formica los dos solitos, frente a la tele y al espectáculo de Muhammad Alí, que para nosotros todavía era Cassius Clay, y esa bestia temible llamada Joe Frazier
¿Harán el cuarto combate ahora?