jueves, 11 de agosto de 2016

Contexto

SOCIEDAD › OPINION

 Por Mariana Carbajal

Cordera dijo lo que piensa. Lo que piensan él y muchos otros machos prepotentes que consideran que el cuerpo de las mujeres está a disposición para uso, abuso y descarte. No alcanzan sus pedidos de disculpas. Tampoco sus explicaciones alegando que lo sacaron de contexto. Cordera equivocó el contexto: la sociedad post Ni Una Menos, ya no avala la naturalización de la violencia contra las mujeres como lo hacía antes. Celebro que uno de los alumnos presentes haya roto las reglas que lo obligaban a mantener silencio, frente a semejante aberración. Celebro que sea un varón el que demuestre que las nuevas generaciones no comparten ese machismo e invite a reflexionar. Cordera habló de las violaciones que se denuncian menos, aquellas que ocurren en encuentros acordados, pero con formas de sexualidad no consentidas. Me quedo entonces, más allá del desagrado que me provocan sus expresiones, con la respuesta que despertó. Ya no sale gratis violentar simbólicamente a las mujeres. Hasta hace pocos años, manifestaciones machistas en programas de TV como el de Tinelli, no lograban más que repudios del movimiento de mujeres. Recuerdo la publicación en 2008 del Test Tyson por parte de la Revista Hombre de la editorial Perfil, donde se hacía apología de la violencia contra las mujeres, y ninguno de sus lectores la denunció. Hasta que una ONG feminista dio la voz de alarma y su difusión en este diario, generó una catarata de repudios. En aquel entonces, 8 años atrás, la cofradía de varones, con su silencio, avaló esa violencia simbólica. Hoy, el escenario nos devuelve otra imagen. Lo celebro.

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