En el video que encabeza este posteo está la entrevista a Cristina Fernández de Kirchner que hizo Roberto Navarro este domingo 31 de julio. Casi 80 minutos. Recomiendo que encuentren el tiempo para verla, sino lo hicieron ya.

Me parece adecuado usar las elocuentes palabras de mi amigo Julio Fernández Baraibar -un hombre del movimiento nacional desde hace largas décadas, al que no se podría llamar "cristinista"- para describir la impresión que provoca en los que comparten sus ideales: "Es muy difícil sustraerse a la admiración intelectual que produce esta mujer. Lo primero que impacta a un espectador es eso, su prodigiosa memoria en cuestiones de detalle, su permanente manejo de lo que está diciendo -no habla para llenar el silencio-, su visión del conjunto político, nacional, latinoamericano e internacional, y su capacidad para transmitirlo. Una sola de esas virtudes ya bastaría para convertirla en una figura destacada. La suma de ellas, más su gestión presidencial, la han convertido en la principal figura política del país, con una presencia -positiva o negativa, no importa- en la opinión pública solo comparable a la del presidente".

"Positiva o negativa": Corresponde decir que la afirmación de esos ideales y de su rol -CFK no practica la falsa modestia- les sirve de estímulo y herramienta a los que no comparten esos ideales, para atacarla. Las redes sociales estallaron con ambas posturas. En cuanto a los medios, no hace falta indicar los de nuestro país que están en una y otra. Puede ser interesante notar que las dos se están replicando en la región: Por ejemplo, el sesgo favorable del relato de La Jornada, de México, y el discreto sarcasmo en El Observador, de Uruguay.

No voy a analizar el contenido de ese largo reportaje ahora. No tengo el tiempo ni la energía a esta altura de la noche. Además, otros blogueros comprometidos lo harán, o deberían hacerlo. Quiero encararlo desde un enfoque que me parece el decisivo, en el corto plazo (los próximos tres años): las estrategias que puede llevar adelante el peronismo, la principal fuerza opositora, en este tiempo.

En varios posteos recientes, yo reiteré tres conceptos que me parecían obvios: 1) Que el peronismo decidirá su estrategia -como cualquier otra fuerza política que no es un invento del periodismo- a través de la puja interna por el poder, y de los enfrentamientos y alianzas que se hagan en esa lucha.

2) Que, en algo tan diverso y heterogéneo como es el peronismo -y sus posibles aliados- se pueden distinguir dos realidades políticas principales: por un lado, el liderazgo de Cristina Kirchner, apoyado en una militancia fervorosa y la adhesión popular que conserva. Por el otro, el peronismo territorial. Un término impreciso para definir los apoyos y las redes de lealtades de los gobernadores, los intendentes, y los dirigentes locales; una red que se extiende por todo el país, y que tiene historia, símbolos y códigos en común. (Hay una tercer realidad, imposible de pasar por alto cuando se habla de peronismo: el Movimiento Obrero. Pero en este momento está abstraído en una puja propia, de posicionamiento, y no parece interesado, por ahora, en participar en las definiciones).

Y 3) Que esa puja interna sólo empezaría a resolverse a partir de los resultados de las elecciones del año que viene, una vez definidas las figuras que participarán en ellas. Esas elecciones, tengamos presente, serán 24, diferenciadas, porque no habrá candidaturas nacionales.

Bueno, estimados lectores, debo corregir el 3° punto. Esas elecciones serán importantísimas, seguro. Para el peronismo, para el gobierno (aún más), y para el escenario político argentino. Pero Cristina Kirchner ya implementa una estrategia que -tenga éxito o no-, forma parte de ese escenario.

Para decir eso, no me detengo en el cuestionamiento al gobierno de Macri ni en la defensa de su gestión. Ambas eran y son inevitables (¿Algún político dijo alguna vez "Goberné mal"? A lo sumo, se dice con voz lastimera "No supimos comunicar"). Me parece más significativo el desdén conque trató a las expresiones legislativas del PJ y del FpV, sin distinción de bloques "una cuasi oposición". Y hubo también para los dirigentes sindicales: les recordó que durante su gestión habían conseguido aumentos de salario mucho mejores, en relación a la inflación real, que los que consiguieron en estos meses. Agregó que eso no se debía a la presión gremial, sino a la política del gobierno.

(Se dirá que ambas cosas son ciertas (en la mayoría de los casos). Así es. Pero los políticos (y las políticas) no dicen lo que dicen solamente porque es verdad, sino con un propósito determinado).

En este tema, hay que notar que no hizo ataques individuales ni grupales. Al contrario: dio la bienvenida a todos, "incluso esos dirigentes", si se sumaban a la propuesta.

El punto fundamental es, entonces, la naturaleza de la propuesta. Se resume, a mi modo de ver, en tres frases. Una es "No tengo vocación de oposición. Tengo vocación de construcción". Con ella pone en su lugar (a un lado) el antimacrismo emocional de la gran mayoría de sus propios seguidores, y apunta hacia adelante. Con la otra "Es importante construir una nueva mayoría" confirma el objetivo. Y con la tercera, "Tengo una misión histórica, pero como militante", a mi modo de ver, se está colocando por encima de las alternativas tácticas. Deja explícito que no le preocupan las posibles consecuencias de los procesos judiciales con que es acosada. Y también que su rol no depende de una candidatura en la Provincia de Buenos Aires, sin descartarla.

Coincido con la descripción que hace Fernández Baraibar de esta "nueva mayoría" así planteada: "la voluntad de construir un nuevo espacio, en su apelación a formas no organizativas de luchas de tipo asambleístico y de base". Es una apelación, en el fondo, a una parte numerosa de los argentinos que hoy descree de las estructuras tradicionales, partidos y sindicatos, ofreciendo una nueva identidad. Mi amigo Caporale me dijo que veía a las sombras de Perón y de Gramsci sonriendo aprobadoramente.

Tengo un par de observaciones: un planteo de esta naturaleza puede tener éxito solamente en un escenario de crisis profunda, como el que se produjo con el derrumbe del gobierno de la Alianza. Y aún ahí, después de la catarsis del "Que se vayan todos!", volvieron los mismos partidos y los mismos sindicatos, con pocos cambios en las caras...

Como hombre del peronismo, creo en las estructuras y en las organizaciones, que "vencen al tiempo". Pero..., observo también que, aún en un escenario de crisis no terminal -un deterioro del proyecto macrista me parece inevitable- Cristina seguirá conduciendo su espacio. Y desde ahí, podrá influir en el conjunto del peronismo. Hasta con la legitimación de figuras, porque -hasta ahora- ninguna de ellas se ha destacado en el rol de opositor, salvo Cristina.