cfk-stm

El título de este posteo puede parecer curioso. Lo es. Porque CFK y STM son figuras de la primera línea de la escena política argentina, mientras que el fundador y director de La Política Online es un periodista muy leído entre los que se mueven alrededor del escenario.

Como tal, acaba de tirar una primicia que sacude todo el teatro. Uno, cauteloso, atribuye la responsabilidad. Se las copio, porque no tiene desperdicio:

"Massa no es nuestro enemigo"

Cristina Kirchner ya actúa como candidata. Recibió a un grupo de dirigentes kirchneristas periféricos a los que durante sus años en el poder enviaba mensajes a través de terceros y no sólo eso: Se prestó de buen ánimo una discusión política cuerpo a cuerpo.

"Los escucho, critiquen", canchereó Cristina de entrada, ante la mirada atónita de Gastón Arispe, Raúl Aragón y Federico Martelli, dirigentes que acompañaron el kirchnerismo, pero nunca se integraron formalmente a La Cámpora, algo que en su momento costaba caro y ahora fuera del poder parece que es perdonable.

El organizador del encuentro fue Máximo Kirchner, que parece muy interesado en sumar hasta el último kirchnerista resentido. Cuando notó que desde estos sectores las críticas por la derrota electoral no cedían, simplificó: "Listo, los va a recibir Cristina así le plantean a ella todo lo que piensan". Y así fue.

"Massa no es nuestro enemigo", descolocó la ex presidenta, cuando acaso esperando una respuesta favorable, le plantearon que el diputado "era la reserva del establishment", ante un eventual fracaso del gobierno de Mauricio Macri.

"Nada que ver, Massa no es el candidato del establishment, Massa es uno de nosotros que se fue", agregó Cristina y aclaró que el único rival político está en la Casa Rosada.

No parece casual que hoy mismo un senador ultra kirchnerista, como el entrerriano Pedro Gustavino haya reclamado públicamente un acuerdo con Massa.

Divertida, Cristina incluso se permitió especular con una mano del poder permanente en la denuncia contra Gabriela Michetti, para garantizar una línea sucesoria más amena. "Lo que le están haciendo a esa chica es una típica operación del establishment porque ella les molesta".

La ex presidenta minimizó las quejas por el protagonismo de La Cámpora o figuras como Martín Sabbatella, Luis D´Elía o el intendente de Avellaneda, Julio Ferraresi. "Ustedes tienen que escuchar lo que digo yo, pero eligen escuchar a los gurkas que dicen lo que dicen los gurkas. Escúchenme a mí". Y negó cualquier responsabilidad en la derrota de Daniel Scioli. "Tal vez el problema es que nos seguimos dirigiendo al electorado del 2003 y no nos dimos cuenta que había cambiado", fue su única autocrítica.

Cristina dejó abierta su candidatura en la provincia de Buenos Aires. "Voy a estar donde tenga que estar", respondió, pero sugirió ser cautelosos con los tiempos. "En la política hay que manejarse con los tiempos de la política que no son los de los medios que anticipan todo. Este es un momento de construir, de acumular poder, luego la parte de la comunicación va a llegar sola".

Y como para que no quedar dudas que ya estaba lanzada, confirmó que este miércoles tendrá su primer acto puramente político desde que dejó el Gobierno. Será en La Plata, donde espera llenar el estadio Atenas para celebrar la victoria del peronismo en la conducción de la Federación Universitaria de La Plata (Fulp). No hizo falta decir que era casi casi un lanzamiento de campaña.

No es, del todo, un rayo en un cielo sereno. Algunas señales hubo. Pero sería un grave error minimizar el impacto de este mensaje, considerarlo como una anécdota más de lo que Juan B. Justo llamaba, con el prejuicio de un socialista abstemio, "la política criolla". Salvo que CFK lo desmienta enérgicamente en las próximas horas. Visité su cuenta de Twitter, y su preocupación de estos momentos es por el tema Malvinas, como muchos otros argentinos.

Esto no es, ni remotamente, el equivalente de la foto con Daniel Scioli. Entre otras cosas, porque no hay foto con Massa, ni es probable que la haya por un laaargo rato. Más importante, entre CFK y DOS puede pensarse en una sinergia. Ella tiene una definición nítida, que expresa a (la mayoría de) el peronismo "duro" y el progresismo que acompañó los doce años K, más una militancia fervorosa. Él ofrece una imagen de moderación, la seguridad de no ser "cristinista" (lo que, por algún motivo, provoca resistencias en los que no lo son) y es la figura más conocida del peronismo en todo el país, detrás de la propia Cristina. Una lista con ellos, o apoyada por una y otro, puede levantar la bandera de la unidad, que siempre es un adjetivo favorable.

Massa ha sido desde 2013 y hasta hoy el competidor más importante por las franjas de votantes que disputa el peronismo. Muchos de sus dirigentes -que no tienen nada de gurkas ni tampoco de cristinistas- consideran que es el adversario estratégico, frente a lo que ven como el inevitable desgaste de Macri.

No hablemos de los militantes que sí tienen un compromiso emocional con Cristina. El tigrense sería el sapo más grande a tragar, si se confirma el mimo. Pero creo que la mayor parte lo aceptaría. Hay un viejo y cruel chiste sobre un conocido dirigente de la Tendencia, que frente al pelotón de fusilamiento dice "¡Qué táctico el General, qué táctico!".

Me inclino a creer en la veracidad del asunto -no es que dude de vos, Ignacio, pero los periodistas...- por cómo CFK deja caer la bomba. No es frente a figuras del peronismo conocidas por el público, o ante una estructura que orgánicamente le responda. No es cómo se ha movido en este tiempo. Se trata de dirigentes del Movimiento de Unidad Popular, Movimiento Octubres, la Corriente Nacional Martín Fierro, agrupaciones militantes pero sin grandes recursos.

Como jugada, es interesante, y muestra la flexibilidad y audacia de Cristina Kirchner como nada desde su visita a Roma hace tres años. Pero tiene sus riesgos.

Para ella, y para el conjunto del peronismo. Porque frente a este inesperado aval, la corriente del oportunismo nacional y popular que mira con cariño a Massa como un posible candidato, puede sentir que los riesgos de equivocarse -que resulte ser un Francisco de Narváez cualquiera- disminuyen.

Y para Sergio Massa también. Porque los votos que consiguió en 2013 en Buenos Aires, y sin duda una parte importante de los que conservó el año pasado en el país, eran votos "contra" CFK. Su alianza con Margarita Stolbizer no le suma muchos -ella quedó 5° en esa primera vuelta, detrás del FIT- pero le da un "look" anti kirchnerista, frente a las denuncias de la Carrió. El "aval" de CFK será usado en su contra...

Para acuñar una frase :) El que viva lo verá.