martes, 6 de septiembre de 2016

Valoración política del presente en el noroeste

By Daniel Ferrer

Hemos caminado tres provincias cercanas pero disímiles en su conformación social e intelectual.

Jujuy aparece como la más vulnerable por su conformación social de semiplena raíz indígena, carente del conocimiento de derechos elementales del siglo XXI. Seguramente, con una desigualdad social atroz alimentada por la falta de educación, pero más que eso, por la falta de conocimiento del derecho a la educación universal. Y un camino inexorablemente direccionado a la subsistencia como se pueda, o mejor dicho, como mejor se pueda. En silencio. Arrastrando la pesada carga de una pobreza asumida desde su nacimiento, fomentada por el dedo en alto y el discurso con vozarrón ininteligible emanado de la clase blanca dominante.
La encarcelación por tiempo indeterminado de Milagro Sala, con aportes leguleyos carentes de legalidad y legitimidad, funciona como prevención para que los pobres jujeños "no se atrevan nunca más a funcionar en comunidad organizada" Y no vuelvan a caer en el discurso revolucionario de una negra de mierda, igual que ellos. La conservación de los " valores occidentales y cristianos" funcionará, igual que hace cientos de años, en salvaguarda de los privilegios de unos pocos.

En Salta, el panorama me impresiona aún peor.
Convencidos,  los salteños, de su privilegio por ser parte de "La Linda", resignan su porvenir a una exigua industria del tabaco, carente de valor agregado. Una pequeña zona vitivinícola de Cafayate, que ofrece casi ninguna mano de obra, y la espera durante todo el año y particularmente en fechas propicias del turismo, que si bien es intenso, es muy "gasolero" y no alcanza a mejorar el nivel de vida de la población. Salvo el de las familias Patricias, admiradas y respetadas en la provincia como si fueran  marca de linaje salteña de exportación. Terratenientes, católicos ultramontanos, se han perpetuado por años en el poder desde los más variopintos espacios políticos, y desde la tradición, han logrado convencer a gran parte de esta sociedad, que una postura marcial y nacionalista adornada con un poncho rojo y negro, la dotará de una identidad diferente al resto de los argentinos, aunque no lleguen a fin de mes y a veces no tengan que poner en el plato.

El Tucumano, como ya dije anteriormente, tiene muy claro a que clase social pertenece, y cuales son los derechos por los que debe luchar.
Desde la fábrica, el monte, la calle o donde lo agarre el dia, hace lío, como pedía Francisco, protesta, participa, se inmiscuye, pregunta, escucha y opina.
No se cree más de lo que es, no tiene verguenza en contar que vino de la nada, que en su casa comian salteado y que su mamá lavaba ropa ajena para mantener a 8 o 9 hijos.
Es permanente desconfiado de sus lideres politicos, les exige, los apura y los putea si hace falta. Igualmente muchas veces es engañado, pero lo asume, y jura que no lo van a volver a engañar.
Tipo festivo si lo hay, con gran sentido del humor, amigo de las grandes reuniones, generoso aunque desconfiado, trabajador pero a veces algo irresponsable. Ha debido emigrar frecuentemente, ya que son muchos para una provincia que es un pañuelo, pero la quiere cada vez más, esté donde esté.
Cuando el cambio llegue para esta parte de la patria el tucumano estará antes que nadie, sin pedir permiso.


PD Son estas opiniones muy personales por conversaciones mantenidas con protagonistas de la vida diaria de cada uno de estos pueblos.
Arriesgo a suponer que si alguna opinion molesta, sera superada por el sentido comun.


daniel

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