martes, 11 de octubre de 2016

“Reproducen la fragmentación como forma de dominación”


11/10/2016

Luis Lazzaro*

"Los tiempos de la radiodifusión masiva empiezan a quedar atrás junto con la cultura del trabajo que caracterizó la sociedad salarial y el Estado de bienestar", afirma el referente de la Coalición por una Comunicación Democrática. Y advierte: "hoy vivimos el tiempo de la individualización tecnológica y los desafíos políticos que ello representa".

Más allá de su extenso currículum como especialista en educación, lenguajes y medios, Luis Lazzaro fue y es uno de los actores salientes en la pugna por la democratización de la información en la Argentina.

En su paso por el Estado, puso en marcha desde el Comfer el plan de radios en escuelas de zonas rurales y de frontera. Fue uno de los impulsores de la coalición que elaboró los 21 puntos que dieron el marco conceptual a la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (ley SCA). Y escribió dos valiosos aportes para la comprensión de la temática: La batalla de la comunicación (Colihue, 2010) y Geopolítica de la palabra (Ciccus, 2015).

Rescata aspectos positivos sobre el avance legislativo durante el gobierno anterior pero analiza que "no se valoró la disponibilidad de una herramienta para cambiar el mapa comunicacional y las hegemonías que éste imponía a las relaciones de poder".

-Usted fue protagonista tanto de la elaboración como de la acción política llevada a cabo para lograr la promulgación de la ley SCA. Un año después presentó el libro La Batalla de la Comunicación, de los tanques mediáticos a la ciudadanía de la información. Por entonces daba sus primeros pasos la nueva ley. Al observar el panorama actual ¿ganaron los tanques mediáticos? 

-Con el diario del día después es posible opinar que no se cumplieron los postulados básicos que inspiraron la redacción de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Esto es, la desconcentración y el empoderamiento de nuevos sectores en el campo de la información, En algún sentido puede decirse que ganaron los tanques mediáticos, incluso en el sentido en que uno de los columnistas políticos principales del Grupo, me refiero a Julio Blanck, de Clarín -claramente el tanque principal- describió como periodismo de guerra que había sobrevivido a la batalla. Más aún, en estos días es sintomática una campaña de este medio, más propia de agencias de inteligencia que de periodismo, que repite: "todo se sabe", claramente un metamensaje. Claro, todo menos aquello vinculado con el manejo discrecional de los poderes permanentes. 

Sin embargo también debe computarse que la puesta en agenda del debate político y jurídico sobre la comunicación y los medios en nuestro país permitió terminar con cierta impunidad que caracterizó la relación de la sociedad   -y también de buena parte de la dirigencia política- con los medios que históricamente controlaron la agenda comunicacional. Ese espíritu crítico y la idea de que sin medios locales y populares y sin políticas públicas de comunicación tenemos una democracia más débil es parte de lo que deberíamos colocar en la columna del haber. La idea de reconocer una batalla –expresión que tomé de la directora de comunicación de Obama al describir su vínculo con Fox- refleja que se ha sincerado la disputa política en la que los medios intervienen.

-¿Considera que la implementación de la ley SCA en las distintas gestiones de Afsca durante el kirchnerismo respondió a las expectativas generadas?

-Claramente no. Una comprensión adecuada de la trascendencia de la norma y su impacto en el mediano y largo plazo aconsejaban avanzar rápidamente en dos planos: la desconcentración y el fomento de mercados en situación de competencia por un lado y la promoción de los actores populares y públicos. Es incomprensible una cosa sin la otra. Está claro que parte de los impedimentos a la desconcentración, particularmente de la principal corporación (Clarín) tuvieron que ver con la complicidad de sectores de la Justicia, que pusieron palos en la rueda, con cautelares, hasta que la Corte Suprema zanjó la cuestión en 2013. Allí se consagró la plena constitucionalidad de los límites que la norma imponía al mercado y al grupo Clarín en particular. Además, la ley despertó legítimas expectativas en medios locales comunitarios y en radiodifusores que venían peleando por la legalidad desde mucho tiempo antes.

La ley también creaba fondos de financiamiento vinculadas con la sostenibilidad de los nuevos medios y colocaba en la agenda de provincias, municipios y universidades públicas el desafío de ser actores de la comunicación. Todo esto comenzó a implementarse con retraso, aun asumiendo las dificultades creadas por las chicanas judiciales de Clarín.

-Siempre digo que la conducción política del proyecto que gobernó entre 2003 y 2015 erró al considerar a la ley SCA como un punto de llegada y no de partida…

-Comparto. Aunque hay que señalar que en el comienzo de la gestión el tema tampoco estaba en la agenda, aunque claramente se aceptaba la posibilidad de un debate al respecto. La gestión de Julio Bárbaro (en el entonces Comfer) en esta línea resulta clara en el sentido de que no había intenciones de modificar el mapa de concentración de los 90. De alguna manera tenía lógica sacar la ley de industrias culturales y evitar la quiebra del principal multimedios en el contexto de crisis absoluta del país. Pero luego, a la luz de los palos en la rueda que el sistema de medios colocaba en las políticas inclusivas y de mercado interno que caracterizaron al kirchnerismo, se entendió que también era un campo fundamental de la política.

En este punto la ley apareció como la posibilidad de articular una amplia demanda social que venía militando por dejar atrás la legislación de la dictadura, bandera que levantaba desde su creación la Coalición por una Radiodifusión Democrática en 2004. Se pudo articular ese programa con las necesidades de neutralizar el poder de fuego de sectores mediáticos que ya militaban claramente en el campo opositor y apostaban al fracaso gubernamental, sobre todo luego del encontronazo con el campo en 2008. Se creyó tal vez que la sanción de la ley en 2009 y el amplio respaldo social y político logrado eran un triunfo en sí mismo. Tal vez no se valoró la disponibilidad de una herramienta para cambiar el mapa comunicacional y las hegemonías que éste imponía a las relaciones de poder. Cambiando un empresario adverso por otro amigo no se modifica el sistema, y esto no se entendió.

-¿Cómo caracteriza la situación actual del país y de la región en cuanto a la comunicación social?

-Estamos en presencia de un retroceso. No solo por la pérdida de una oportunidad histórica, incluso a nivel sudamericano, sino también porque hay un nuevo escenario en gestación que requiere nuevas propuestas y herramientas. Si en los 90 la articulación de capital financiero y medios de comunicación reconfiguró el mapa global de acceso a la cultura y la información, en la actualidad estamos en presencia de otro salto tecnológico que marcha de la mano con la concentración del mercado. La pelea en los 90 en Argentina y también en Estados unidos y Europa era si debía permitirse que los periódicos accedieran a medios electrónicos, cosa que lograron para luego capturar otros mercados más rentables como la televisión por abonos y los servicios de conexión a internet. 

Ahora se confunde la convergencia tecnológica de los dispositivos con la fusión de mercados de telecomunicaciones con servicios audiovisuales. Al crearse un mercado integrado de la comunicación, donde todos los dispositivos pueden funcionar simultáneamente como terminales de computación, servicios audiovisuales, telefonía y navegación por internet, la presión del mercado es correr las barreras regulatorias y disputar una nueva hegemonía. La convergencia de negocios ya estaba presente con la ley 27.078 (2014) que permitía a las telefónicas disputar el mercado audiovisual e integrarlo en su plataforma. La diferencia a partir de diciembre de 2015 es que el macrismo ha decidido blindar a Clarín en su mercado tradicional y permitirle incursionar en las telecomunicaciones. De tal manera, tendremos en corto plazo un oligopolio en materia de contenidos y servicios. En la pelea de elefantes y con el regreso de corporaciones transnacionales, como DirecTV, Turner, Viacom, Fox o Time Warner está claro que pierden los medios locales y los contenidos nacionales.

-¿Entiende que hay una consolidación del complejo tecno mediático a nivel planetario?

-En la jerarquía de los grupos infocomunicacionales hay claramente unas 10 corporaciones que disponen de una expansión global en su portafolio de negocios, con rubros que van desde los estudios cinematográficos hasta los deportes y las tiendas virtuales. Esa escala es inaccesible para las empresas nacionales que no cuentan ni con el capital ni con el know how para competir. Esto tiene consecuencias inocultables para la cultura y la política vista desde los estados nacionales. Probablemente el kirchnerismo en la Argentina y otras experiencias en la región hayan sido la última expresión de representación política de sociedades cuya identidad se forjó en talleres, fábricas y oficinas -como lo expresó el peronismo en diferentes décadas-  es decir de culturas y sociedades de masas. Los tiempos de la radiodifusión masiva empiezan a quedar atrás junto con la cultura del trabajo que caracterizó la sociedad salarial y el Estado de bienestar. Hoy vivimos el tiempo de la individualización tecnológica y los desafíos políticos que ello representa.

-Así como alguna vez el objetivo esencial era lograr la modificación del Decreto Ley de la Dictadura Cívico Militar, ¿qué se plantean hoy desde la Coalición por una Comunicación Democrática (CCD)?

-La Coalición ha puesto sobre la mesa una nueva agenda de 21 puntos que trata de asumir este nuevo escenario. Parte de las banderas tradicionales de libertad de expresión y consideración de la comunicación como derecho humano antes que como una mercancía. Pero lo plantea ahora en el conjunto de plataformas por donde circulan la información y los bienes culturales. Plantea nuevos conceptos vinculados con la inclusión digital, el acceso a  laconectividad, la neutralidad de los operadores de red en los contenidos, políticas de alfabetización y uso crítico de las TICs.  La CCD señala que el abandono de políticas de protección de la producción nacional y local de información y cultura sumada a la apertura del espectro y las redes a operadores concentrados constituye un ataque a la libertad de expresión y a la diversidad cultural de los argentinos.

-En este marco de concentración aun superior al que existía en 2003 cuando Néstor Kirchner llegó al gobierno, ¿ve acciones desde la oposición, desde el campo sindical o las organizaciones sociales tendientes a configurar una comunicación que permita disputar el sentido en mejores condiciones?

-Apenas algunos intentos aislados.  El problema de los trabajadores del sector y del campo popular es que fragmentan las respuestas a la crisis en medio de la más feroz concentración empresaria que haya visto la historia. Se requiere un amplio esfuerzo de articulación, tolerancia y generosidad para entender que las respuestas son colectivas e incluyen la disputa de políticas de comunicación de carácter estatal, por la simple y sencilla razón de que sin Estado no hay capacidad de intervenir en el proceso global a contramano de la homogeneización de mercados que propone la globalización. Ejemplo de esto son los fondos de fomento a proyectos especiales y de comunicación popular que deben ser reclamados conjuntamente por todos porque no le pertenecen al gobierno de turno. O también la legalidad para los medios pymes y del sector comunitario o los recursos para medios universitarios. Estas demandas solo pueden defenderse de manera colectiva.

-Lo llevo al terreno estrictamente político. Militó en los 70 y lo vi emocionarse el 24 de marzo aquel en que Kirchner ordenó bajar los cuadros (de Videla y Bignone)  y pidió perdón en nombre del Estado (por los crímenes del terrorismo estatal) como también la madrugada de aquel 10 de octubre de 2009 (aprobación de la ley SCA). ¿En la actualidad hay algo que lo entusiasma?

-La historia es dinámica y los pueblos conservan en el ADN la memoria de sus mejores tradiciones políticas. Así pasó luego de esa noche interminable de la dictadura primero y del neoliberalismo, en 2001 después. Y cuando nadie pensaba que era posible restituir la justicia y la verdad en materia de derechos humanos, o recuperar palancas estatales para impulsar el desarrollo nacional, se produjo una convergencia política encabezada por el kirchnerismo que permitió la circunstancia ejemplar de los juicios, las condenas y la restitución de derechos. Me entusiasma la idea de que la historia siempre da otra oportunidad y debemos estar atentos a ello.

-¿Sintéticamente qué destaca y qué critica del proceso que concluyó con el triunfo de la derecha encabezada por Macri?

-Hay mucho para reivindicar en materia de cultura política, promoción de derechos humanos y sociales, desarrollo del mercado interno y varias asignaturas que creo que la historia juzgará positivamente. La cuestión es que la trama de poder que sostuvo los principales intereses corporativos de la Argentina, incluyendo el poder económico, el judicial, el político e incluso los servicios de inteligencia, no fue modificada en profundidad o se lo hizo solo cuando se reconoció la trampa que suponía su continuad. Para cambiar esas estructuras se requiere un amplio ejercicio de la representación social y participación. El problema de la corrupción en la política no es moral, es político, porque supone un triunfo ideológico del capital sobre las convicciones.  Dedicarse solo a mantener el poder sin desarrollar la potencialidad transformadora que debe tener el ejercicio de ese poder en un proyecto nacional puede ser una trampa. El triunfo de la derecha tiene más que ver con limitaciones propias, profusamente amplificadas por los medios ajenos y sin contar con recursos diferentes de comunicación, que con aciertos del PRO.

-¿Qué espera del porvenir de nuestro país?

-Espero que este tiempo de desengaño no nos robe la esperanza de un país justo, inclusivo y solidario que tiene que seguir siendo el horizonte de la utopía. Hoy la tarea es mucho mayor porque el sistema político y el sistema productivo reproducen la fragmentación como forma de dominación. Por eso nuestro esfuerzo de articulación debe ser mucho mayor.

 

 *Especialista en Educación, Lenguajes y Medios (UNSaM). Docente de Derecho de la Comunicación en la Universidad Nacional de Avellaneda y la UNM (Moreno), Coordinador Académico Posgrado en TV Digital y Nuevas Plataformas (UNLaM). Integrante la Coalición por una Comunicación Democrática (CCD)
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