martes, 22 de noviembre de 2016

Las brujas existen


https://www.enriquedans.com/2016/11/facebook-en-su-momento-de-la-verdad.html

Facebook en su momento de la verdad

La victoria de Donald Trump en las recientes elecciones norteamericanas está teniendo unas inesperadas consecuencias sobre Facebook, una compañía que se ha convertido, gracias a su ambiciosísima estrategia, en el mayor medio de comunicación del mundo, el único que puede presumir de alcanzar a casi 1,800 millones de personas en todo el mundo.

Las primeras respuestas de la compañía ante las acusaciones de haber sido un elemento fundamental en la victoria de Donald Trump no han dejado a nadie satisfecho: escurrir el bulto y decir que en realidad, las noticias falsas son muy pocas e influyen muy poquito es simplemente tratar de negar la mayor, además de cuestionar tu propio negocio. En realidad, la posición de Zuckerberg es tan débil que no convence ni a sus propios empleados, que han llegado incluso a montar una task force para luchar contra las noticias falsas y sensacionalistas, en contra de la opinión del fundador.

Que Facebook influye en sus usuarios resulta completamente innegable: lo demostró en 2012 con su polémico e inmoral experimento de modificación del estado de ánimo, y lo saben todos los anunciantes que gastan dinero en su plataforma. y hasta el propio Donald Trump ha dejado meridianamente claro no solo que Facebook y Twitter fueron elementos fundamentales que le ayudaron a ganar difundiendo sus mensajes, sino que además, las campañas en Facebook se convirtieron en su principal fuente de financiación directa.

No, Mark Zuckerberg ya no puede seguir jugando al "yo no fui": si sacas pecho afirmando que has cambiado el mundo por tu papel durante la primavera árabe, no puedes después dedicarte a negar tu influencia en unas elecciones. Simplemente no es coherente. La gran realidad es que Facebook se ha convertido en una gran maquinaria fundamental en las campañas políticas, un lugar en el que el uso de noticias falsas, tendenciosas y sensacionalistas no solo se ha convertido en habitual, sino que incluso se ve incentivado. Cortar el acceso a los ingresos publicitarios de aquellas páginas que se dedican a fabricar y circular ese tipo de noticias, siguiendo los pasos de Google, supone un intento de desincentivar este tipo de comportamiento, pero tampoco es una acción inocua: ¿qué es verdad y qué es falso? ¿Quién lo va a decidir? No es lo mismo informar de adelantos de la ciencia, que aún así también pueden comunicarse de manera sensacionalista o tendenciosa, que hacerlo sobre política, ¿no? El gran peligro de pedir a las redes sociales y motores de búsqueda que eliminen las noticias falsas y sensacionalistas es precisamente ese: qué ocurrirá si efectivamente se ponen en esa posición, y cuáles serán los criterios para hacerlo. De hecho, si nos fijamos en el criterio de Snopes, sin duda los mayores expertos en noticias falsas de toda la web, el problema no está en las noticias, sino en los medios.

En este sentido, Google parece caminar unos cuantos metros por delante. La preocupación por los efectos de sus algoritmo sobre las características de la web y su impresión de que el excesivo peso de los elementos sociales estaban convirtiéndose en un incentivo al sensacionalismo llevó a la compañía a replantearse muchas cosas, y a iniciar toda una línea de desarrollo en torno al concepto del Knowledge-Based Trust, o KBT, la más ambiciosa modificación del PageRank desde sus inicios. Todo indica que Facebook está aún my lejos de este tipo de razonamientos: por el momento, sus intentos de detener la polémica en torno a la manipulación de sus trending topics se vieron detenidos por la posibilidad de que sus acciones resultasen ofensivas para los más conservadores.

Donald Trump, con sus ideas del siglo XIX, es un político del siglo XXI. Su campaña grandilocuente y exagerada que desprecia los hechos y resalta el sensacionalismo de las grandes afirmaciones destinadas a ser compartidas en las redes sociales es, en realidad, la responsable de que el término post-truth se haya convertido en la palabra del año para el diccionario Oxford. Ha sabido interpretar las debilidades de un ecosistema a medio hacer como el de las redes sociales, lleno de contradicciones y de protocolos a medio desarrollar, y lo ha convertido en una poderosísima arma electoral. Millones de personas se han adoctrinado voluntaria o involuntariamente en páginas repletas de noticias falsas que no resistirían una simple búsqueda, pero que han leído en un entorno, en una auténtica cámara de los espejos, que les hacía pensar que todos los que les rodeaban, los que les importan y los que siguen o les siguen pensaban igual. Un auténtico amplificador del sensacionalismo. Facebook tuvo su momento de la verdad, y no estuvo a la altura. Prefirió decidir que su verdad era que no había verdad, que cada uno debía tener la suya, o que la verdad era verdad por consenso. Quiso convertirse en el gran editor de noticias del mundo, pero es un editor con un inclasificable sistema de valores vago y amorfo, que responde únicamente a la idea de proporcionar a cada uno aquello con lo que se quiere identificar, con lo que quiere reforzar sus creencias. Una burbuja personalizada, a la medida de nuestras amistades, nuestro entorno y nuestras creencias que algunos han sabido explotar muy bien. Y el resultado de todo esto lo tendremos ahora durante cuatro años en la Casa Blanca.

 This article is also available in English in my Medium page, "Facebook's moment of truth"


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