sábado, 24 de diciembre de 2016

¿El fin de 500 años de dominación de Occidente, o solo una ampliación de este espacio?


Carlos Pereyra Mele es un experto en Geopolítica, cuyos lucidos análisis anticipando la crisis de la globalización, han sido escatimados por los grandes medios de comunicación, divulgadores del monocorde pensamiento "políticamente correcto". Los que con su miopía torpe e interesada, este año que termina se han llevado una sorpresa tras otra, con la salida de Inglaterra de la Unión Europea, la irrupción de Donald Trump en Estados Unidos, y la intervención de Rusia en Siria, para propinarle una dura derrota a las fuerzas irregulares de la OTAN que actúan allí, que la gran prensa occidental encubre.

Por esa sola razón, de anticipar críticamente que la Tierra se mueve, y no hay final de la historia, Carlos Pereyra Mele merece un espacio en nuestro modesto portal. Pese no compartir enteramente con su conclusión de que estaríamos ante el fin "de 500 años de dominación occidental del globo terráqueo". Ya que hasta ahora según enseña la historia, ningún imperio se cayó sin resistir, y ningún nuevo imperio se estableció sin una guerra, y estas han sido cada vez más demenciales. Habiendo incluso sido Estados Unidos la única nación que empleo el poder atómico contra civiles indefensos, para supuestamente acortar una guerra convencional.

En consecuencia en nuestra modesta y cauta visión, no se trataría en principio del fin de la hegemonía occidental, sino del intento de una ampliación de ella, mediante una alianza euroasiatica, con la incorporación a Occidente de Rusia, país puente entre Europa y Asia. A los efectos de enfrentar al peligro amarillo que viene desde el Lejano Oriente, la República Popular China, con su enorme masa de recursos humanos y territoriales, y sus cinco mil años de historia.

Después de todo la Santa Rusia cristiana, está mucho más cerca de Occidente, que de Pekin. Y el caucásoide del Medio Oriente, que fue el inventor del cristianismo y del mito navideño de Papa Noel, está más cerca de ser blanco, que mongoloide o asialense.

A esta altura resulta evidente que la plutocracia globalizadora, cuya candidata a la presidencia de Estados Unidos era Hillary Clinton, pretendía la caída del líder ruso Vladimir Putin, por su aspiración antiglobalizadora de hacer resurgir a Rusia como Estado-Nación, con pretensiones imperiales. Para así poder incorporar a Rusia a la globalización plutocrática, como un país títere con algún Yeltsin de ocasión. Y sumar así otro elemento de presión para tratar de incorporar plenamente a China a la globalización de los Mega Business y la pedestre cultura del consumismo y lo "políticamente correcto", que sembró el malestar en los países de Occidente.

Pero este mismo malestar, sazonado con otros intereses como el petróleo, parece haber hecho irrumpir la variante Trump. Con la pretensión de hacer "nuevamente grande" a Estados Unidos, y mantenerse como hegemón o potencia alfa mundial. La que consistiría en reconocer las pretensiones de potencia de la Rusia de Putín, como potencia beta, con sus propios espacios de influencia, para provocar un giro en la alianza estratégica que tiene con la República Popular China. Y así sumarla en el conflicto contra esta, a la que Trump responsabiliza airadamente del estado de malestar en su país.

O sea se trataría de una jugada in extremis por parte de Estados Unidos, para tratar de mantener su hegemonía, consistente en invertir la entente que concretó con China para provocar el derrumbe de la Unión Soviética, que podría derivar en un apocalíptico Armagedon. Y así saltaríamos de la sartén al fuego, pasando del penoso e inicuo malestar de la globalización plutocrática, que provocó y exploto el fenómeno del terrorismo fundamentalista. A la globalización del terror atómico y su radioactividad, aumentando así los riesgos e incertidumbres en un mundo con problemas cada vez más complejos y entrelazados.

En momentos en que la extraordinaria aventura humana a lo largo de miles de años ha llegado al síndrome de MAD, la Destrucción Mutua Asegurada, o "estrategia del Loco" (mad) mediante el uso del poder atómico, la desinformación, degradación, frivolidad, cholulismo, y farandulización de la gran prensa, que impide que voces críticas de la realidad como Pereyra Mele sean conocidas, también parecen ser la "estrategia del Loco".

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