Yo creo que hay dilemas falsos, que si los dejamos crecer, sin advertir su esencia traidora, nos van a entrampar. Me refiero a que la creencia en que cualquier arreglo con Massa nos puede conducir a la reconquista del gobierno es, básicamente, un grueso error de análisis ¿Por qué? Porque si bien es probable que por esa vía se llegue a la victoria electoral en 2019, será un triunfo que en sí mismo no constituirá otra cosa que un recambio dentro de la misma cosmovisión que expresa el macrismo. El "sistema" no es iluso y sabe mejor que nadie que si la opción macrista se muestra ineficiente para conducir la reformulación económica y social del país, Sergio Massa es el recambio dado que se referencia dentro del mismo marco político-ideológico del macrismo pero con la diferencia que puede arrastrar consigo a una porción importante del peronismo y eso es lo que lo erige en la variante óptima para el modelo.

Por eso, el desafío para quienes no estamos dispuestos a dejar crecer esta engañifa, es tener muy pero muy claro que no todo lo que se embandere como "peronista" nos garantiza el futuro que añoramos. Para ello es vital no conceder ante los acuerdos cupulares que se ocultan tras ciertos movimientos y discursos muy caros a la historia del movimiento popular, como la marcha del domingo, y voy a explicarme: Hay sectores de la política muy duchos en esto de moverse por detrás de banderas y consignas populares. Tipos que tras la movilización de sectores marginales realizan sus acuerdos con quienes no están dispuestos a gestionar a favor de aquellos, pero que tienen la suficiente carga de hipocresía politiquera como para alentar esas movilizaciones. Esto es un fenómeno relativamente nuevo y, por eso, algo sumamente peligroso.

El movimiento popular debe de manera prioritaria señalar este nuevo tipo de oportunismo para salvar a la mayor cantidad de compañeros, para evitarles caer en esta nueva trampa que les tienden algunos "vivos", que con gran astucia han hecho de este modo de operar su razón de ser y que, además, les ha granjeado sus dividendos suculentos.

De manera que, a grandes trazos, se pueden señalar dos riesgos puntuales en nuestro días:

1) La engañifa de creer que un acuerdo con Massa, planteándolo como la única alternativa de triunfo, puede conducir a un tiempo fructífero para las clases populares, siendo que si bien la victoria sería posible, se trataría de un cambio de jinete y de caballo pero de la misma tropilla.

2) La engañifa de los oportunistas que, recurriendo a banderas y discursos muy caros al movimiento popular, se las ingenian para movilizar a miles de desesperados y sectores medios honestos que, nuevamente, serán usados como sostén de cambios en la superestructura que no los contemplan como sujetos centrales de un proceso de transformación que, por supuesto, sólo existe en los discursos de campaña.

Hay mucha autocrítica pendiente y mucho por discutir, es cierto, pero es vital no transigir en lo más mínimo con quienes le preparan una nueva decepción a los sectores populares. Debemos ser capaces de no caer en la trampa de suponer que, si no nos parece viable el proyecto de La Cámpora y el EDE, debemos amontonarnos tras armados como el que motorizó la marcha del domingo.

Cristina ha realizado planteos más que interesantes en las últimas semanas pero se ha cuidado de poner barreras o límites, y creo que lo ha hecho pues sabe que esa tarea no es suya sino de quienes desde la base saben diferenciar a un aliado de un oportunista que en la primera de cambio traicionará.

El apuro es enemigo de la política. Esa tendencia al amuchamiento creyendo que luego llegará la etapa de pasar el peine fino sigue latente entre nosotros, nos aprieta y nos exige. Si somos capaces de repasar los últimos 30 años de acción política y extraer enseñanzas, creo que podremos encontrar un camino nuevo, que no estará exento de impurezas, pero que desde el vamos estará desmalezado de muchos teros de la política, que gritan por izquierda pero siempre, indefectiblemente, empollan por la derecha.