martes, 27 de diciembre de 2016

Porqué no arranca ni arrancará la economía, e incluso retrocederá peligrosamente


El flamante ministro de Hacienda Nicolás Dujovne escribió recientemente una nota en LA NACION con título "Por qué no arranca la economía de Macri", echándole la culpa a las cargas sociales que inciden sobre el trabajo, proponiendo igual que Domingo Cavallo, reducirlas sustancialmente. Y cultivando su designación, que se ve que estaba en cuchicheos, se despachó seguidamente con sucesivas notas, proponiendo en ellas otras medidas de duro corte cavallista, enfocadas exclusivamente en seducir a los prestamistas e inversores externos.

Como una ley de congelamiento de gasto público por diez años, similar a la que se tramita en Brasil; una nueva ley de responsabilidad fiscal para las provincias; volver al FMI; reducción del déficit fiscal; privatización de las jubilaciones; "contractualización" de la economía entre productores y consumidores, sin intervención del Estado, etc. Encontrándonos así en un "corsi y ricorsi" de la historia, del que hablaba hace 400 años el filósofo e historiador Giambattista Vico, con su idea de que la historia es recurrente.

Lo cual es enteramente cierto respecto Argentina. Ya que tras el rotundo fracaso de la macrodevaluación del ministro Prat Gay, que pasó casi un 90 % a precios, la economía argentina actual, es metafóricamente un automóvil con sus gomas en llanta, sin combustible externo genuino, con el freno de mano puesto, y frente una cuesta. Con motivo de que el tipo de cambio tiene un atraso similar al de fines de la convertibilidad. Oportunidad en que reapareció el mago "Mingo" Cavallo, y con las medidas que tomó, similares a la que ahora propone Dujovne, llevó al país a la catástrofe del año 2001.

Dicho retraso hace que aumenten las importaciones y el turismo emisor, y disminuyan las exportaciones y el turismo receptor. Haciendo además frágiles o inviables grandes franjas de la actividad productiva direccionada al mercado interno en el sector real de la economía, ante la presencia de la competencia externa, cuya principal barrera es el tipo de cambio. Con el consecuente déficit fiscal y de divisas, los cuales "enrollando para adelante", se solucionan con más deuda externa, y con el ingreso de hot money o dinero caliente, obtenido mediante el arbitraje entre la tasa de devaluación, la tasa de interés, y la inflación.

Lo cual agrava aún más el atraso cambiario y el déficit fiscal y cuasi fiscal del Banco Central, reportando además tasas de interés instantáneas enormemente positivas, que imposibilitan o desalientan aún más la actividad productiva. Razones todas por la que se puede afirmar que, más allá de lo trate de hacer el émulo de Cavallo y mago de turno Dujovne, el pronóstico para la economía argentina es muy grave y reservado. Siendo además la receta de imitar a Australia inviable, dado que para ello sobraría la mitad de la población argentina.

Por Javier Llorens y Luca Llorens

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