viernes, 2 de diciembre de 2016

EL GOBIERNO DECLARA SU PROPIA EMERGENCIA SOCIAL

EL GOBIERNO DECLARA SU PROPIA EMERGENCIA SOCIAL | Panamá Revista

EL GOBIERNO DECLARA SU PROPIA EMERGENCIA SOCIAL

No es posible tener siempre una lectura por encima de los hechos. Pero es posible a veces tener una lectura por encima de los hechos.

Ahora sí, los hechos. El 23 y 24 de noviembre pasado, el gobierno nacional rectificó su rechazó al debate de la ley de Emergencia Social que promovían la Confederación de Trabajadores de la Economía Social, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y Barros de Pie y propuso la firma de un acta donde constan algunas concesiones que hasta hace poco anunciaba que no votaría y que eventualmente vetaría. La foto en el Parlamento no es insustancial: Nicolás Massot, Alfonso Prat Gay y Rogelio Frigerio en representación del gobierno de Cambiemos junto a un amplio espectro de la oposición reconociendo la emergencia social que sus propias políticas generaron. Este breve proceso (propuesta de ley, marcha, negociación, amenaza de veto y acuerdo) generó el debate más intenso al interior del kirchnerismo desde diciembre de 2015 al correrse de la evaluación de cuán ganada fue la década y mirar para adelante. ¿Por qué? El intento de este texto es ubicar la discusión de fondo que propone sin alentar ninguna escalada dramática en esa discusión necesaria quizás porque, paradójicamente, no es dramático tenerla. ¿Quién puede salir ganando, quién puede salir perdiendo? No nos importa tanto, porque no creemos que se trate exactamente de eso. Veamos.

El gobierno es el otro

El gobierno que encabeza Mauricio Macri no es "un gobierno en disputa" como varias organizaciones sociales y políticas pensaron de los gobiernos kirchneristas o como podrían muchas de ellas haber pensado de los potenciales gobiernos de Daniel Scioli o Sergio Massa. No hay "compañeros" en este gobierno. Es un gobierno no peronista. Decir algo tan lógico subraya como síntoma el momento actual de la discusión: pareciera ser necesario aclarar lo obvio.

"el reconocimiento de la emergencia social supone el reconocimiento del daño provocado por la política económica"

Se trata de un gobierno que ha impulsado una brutal transferencia de ingresos a los deciles más acomodados de la estructura social debido a la devaluación de la moneda, su incapacidad de controlar el proceso inflacionario aún en un marco recesivo y la serie de políticas para favorecer a los sectores concentrados de la economía como multinacionales de todo tipo (desde agropecuarias, de servicios y mineras) y de sectores exportadores en detrimento de las PyMES.

En términos de política social, el gobierno se ha mostrado poco innovador: mantiene las políticas diseñadas durante el kirchnerismo, principalmente la Asignación Universal por Hijo (AUH) y el Programa con Ingreso Social con Trabajo, conocido como Argentina Trabaja, y de su derivado "Ellas Hacen". Esa continuidad no fue acompañada por un incremento de la asistencia necesaria para campear la crisis provocada por la política arriba mencionada. Ese es el reclamo que la CTEP, la CCC y Barrios de Pie llevaban adelante y que se cristalizaba en el proyecto de Emergencia Social al pedir el salario social complementario y la equiparación económica de los programas sociales.

Siguiendo este argumento nos preguntamos: ¿la negociación de las organizaciones con el gobierno y la firma del acta constituyen una concesión o el reconocimiento del daño que las políticas del gobierno infringieron y que debe sortear aún a costa de un incremento del ya alto déficit fiscal? Nuestra respuesta sería la siguiente: más allá o más acá de los actores políticos, el reconocimiento de la emergencia social supone el reconocimiento del daño provocado por la política económica llevada adelante por Cambiemos desde el 10 de diciembre de 2015. Es la confesión de su fracaso. Leerlo al revés supone hacerlo desde la lógica de las internas invirtiendo las prioridades. Nadie en su sano juicio desconoce que lo que el gobierno admite en "estado de emergencia" es su culpa.

El trabajo sobre las contradicciones

La discusión sobre la "concesión" que harían las organizaciones frente al gobierno encierra un mensaje difícil de traducir. ¿Qué tendrían que hacer: quebrar todo puente, agudizar los conflictos, "pudrirla"? A decir verdad, esta "emergencia" no crea nuevos instrumentos de gobernabilidad social sino que se monta sobre capacidades ya instaladas y saberes ya desarrollados. En ese ínterin se fortalecen o institucionalizan las políticas públicas que son parte de la gobernabilidad heredada. Dicho rápido: en la Argentina no hay gobernabilidad sin AUH. No la hay hoy, con mayor razón y límite. No la hubo ayer, los años pasados. Tampoco pueden ser hoy estas políticas, en este contexto recesivo, la sola garantía de gobernabilidad. Pero esto que podríamos denominar nuevo "vandorismo social" es la respuesta de subsistencia de los representantes de los pobres que no pueden esquivar la que les toca. La clase que no se puede ir del país, la que tiene que permanecer aquí. Tampoco se trata de la disputa por un nuevo discurso "hegemónico" en el peronismo, de tomar esta parte por el todo. La discusión con el gobierno no se recorta a una discusión sobre "los pobres". Es una discusión sobre la soberanía, la región, el desarrollo, la desigualdad, la dignidad laboral, el sistema impositivo, el endeudamiento, el mundo.

"¿se puede renunciar al enunciado de ese ideal de 'progreso social'?"

Yendo al quid de la cuestión: el argumento atendible de que esta "economía popular" acepta existir como colectora pobre de una economía capitalista excluyente opera sobre la idea de que va a existir una economía capitalista formal y regulada más o menos por el Estado en la que van a ser incluidos todos los trabajadores argentinos. Es decir, que ese porcentaje de la población entre el 25% y 30% va a obtener un trabajo formal con la integración social correspondiente. Ahora bien, esto no fue posible ni en los años kirchneristas de crecimiento a tasas chinas. Se trata de una fantasía peronista clásica, cegetista, pero también del elenco gubernamental que despotrica contra las políticas sociales para hacerse eco del discurso "contra los planes". Y sin embargo: ¿se puede renunciar al enunciado de ese ideal de "progreso social"? No. Y a la vez, ¿cómo ubicar este nuevo discurso socialcristiano, pobrista, mítico, anti consumista, por momentos aguerrido y por otros con olor a incienso conciliador? ¿De dónde salió? ¿Dónde lo ponemos ahora que hasta la CGT comienza a incluirlo en su horizonte de representación? ¿Es la solidificación de la pobreza, la formalización de algo informal? ¿Y qué hacemos en el mientras tanto con ese porcentaje significativo de la población que en el corto plazo no tiene ninguna chance de ser un trabajador formal? Asimismo, la idea de que un gobierno neoliberal para pocos usa a la "economía popular" como compensación para los pobres omite que su emergencia se produjo durante el modelo de crecimiento y consumo.

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Toda emergencia social es económica, toda emergencia económica es política. Lo sabemos. Ninguno de los promotores de esta ley pudo haber dicho lo contrario, pero en la anuencia a la negociación parece adherirse en el que negocia la voz del gobierno, el modo en que decodifica el acuerdo. Quizás también hay un abuso en el uso de cierta jerga socialcristiana, llena de las palabras sensibles del consumo popular como si fuera "bíblico": el vino, la leche, el pan dulce, el asadito de los pobres ofrecen una versión estereotipada de lo popular que parece subrayar que "el pueblo pide poco", que pide prender el fueguito, el carbón, la tira, la sidra… Como si fuera la voz del débil que pide no ser matado. Pobreza y cristiandad, lo "humilde" siempre más cerca de lo "divino". Esa es "una" versión del evangelio. Hay otras. Pero lo cierto es que de esta combustión nació en 2011 la CTEP, alentada desde ese entonces por Bergoglio. (¿Y acaso después el papa Francisco no fue la gran figura "en disputa" en el segundo gobierno de Cristina?)

El acuerdo recibió dos tipos de críticas. Por un lado, aquella que sostiene que se trata de un mero paliativo que no cuestiona ni resuelve la cuestión de fondo y además que no es conveniente que lo social se mezcle con lo político. Antes que distraerse con cuestiones reivindicativas, hay que declarar "la emergencia política" para ganar las elecciones. Desde esta lógica instrumental, la protesta es utilizada para desgaste del actual gobierno que debe dejar lugar en 2017 a la verdadera batalla que es la política. Por supuesto, que aquellos que protestan pueden tomar el merecido descanso para volver a la calle cuando los políticos lo requieran. Esa afirmación tensa la cuerda entre dos posiciones: entre los que defienden el "mientras tanto" de una población que sufre en el aquí y ahora y los que defienden una suerte de "cuanto peor, mejor" encubierto, que supone agudizar el sacrificio humano del aquí y ahora. Pero, ¿qué representaron acaso antes de 2003 las organizaciones sociales si no fue la "reducción de daño social" de las políticas de Menem y De la Rúa? La historia de la organización popular desde 1983 es una historia que combina calle y palacio, cortes de ruta y firma de acuerdos. De hecho, las organizaciones que el kirchnerismo más rápido contuvo a partir de 2003 fueron las menos radicalizadas ideológicamente (FTV, MTD Evita, Barrios de Pie) que operaban sobre la reconstrucción del tejido social combinando la gerencia de recursos estatales. Quizás, de fondo, podemos concebir que hay una correlación: cuanta más representación territorial (gobernaciones, intendencias, sindicatos, etc.) mayor negociación, cuanta menos representación territorial mayor radicalidad.

"¿'lo político' le pide a 'lo social' que sea político o 'lo político' le pide a 'lo social' que no haga política?"

Por otro lado, una segunda crítica ha sostenido que se ha negociado "a la baja", que no es suficiente en virtud del proyecto original y a cambio se negoció gobernabilidad garantizando "paz social" al evitar propiciar situaciones de conflicto. La crítica no tiene que ver con un cálculo de cuánto se podría haber logrado, más bien cuestiona el haber dejado de lado las reivindicaciones originales y la posibilidad de seguir en la lucha por ellas. En definitiva: ¿"lo político" le pide a "lo social" que sea político o "lo político" le pide a "lo social" que no haga política? ¿Sólo la Iglesia tendría derecho a hablar con Carolina Stanley? Y esto que llamamos, y que puede sonar peyorativo, "nuevo vandorismo social" es una de las formas que adquirió aquel "empoderamiento" anunciado. No tendría por qué ser el único. No es el único.

Cerremos

El gobierno se declara en emergencia en menos de un año de agravar la vida de los más pobres y de las capas medias. El discurso minimalista que se podría calificar como "miserabilista" o demasiado "pacificador" de muchos referentes no puede ocultar que hizo retroceder a un gobierno que llegó prometiendo "Pobreza 0" y a los once meses se declara en emergencia. A confesión de parte…

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No es menor que la emergencia social no haya sido declarada el 11 de diciembre de 2015 en tanto hubiera arrojado su carga sobre el gobierno de Cristina. Por el contrario, se trata de un proyecto en las condiciones de producción de un contexto de empobrecimiento acelerado a solo once meses de gobierno. Así es la foto de un fin de año donde Macri no puede aparecer subido a una Toyota Hilux señalando el sol de una cosecha récord, sino un presidente ojeroso, firmando entre gallos y medianoches el decreto que incluye los beneficios del blanqueo a las parentelas de su gobierno, promoviendo en loop la integración a un mundo que le es cada vez más ancho y ajeno y que balbucea que gobierna para "ese 32% de pobres" en las controladas entrevistas a la prensa.

Si acordamos con esta foto como caracterización sobre el gobierno, ¿no habría que posponer discusiones sobre la retórica ideológica fina y aceptar este "desorden" como potencia? Los desafíos de la llamada "unidad" deben sortear unas diferencias que, con el peronismo en el poder, muchas de ellas, se "ordenaban" desde arriba. Incluso, para la sensibilidad kirchnerista, esa ley y esa plaza representa a miles que votaron y volverían a votar al FPV. Pero lo gremial en Argentina, por derecha e izquierda, esa representación de "aristocracias obreras", "clasismos" o "miserables", siempre resulta un hecho maldito.



Gonzalo Carbajal
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@zalet

A pesar de los megatarifazos, los subsidios al sector energético se incrementarán entre 35 y 90%

A pesar de los megatarifazos, los subsidios al sector energético se incrementarán entre 35 y 90%

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Esto es lo que aumentaran los subsidios para las empresas privadas productoras de gas y luz, según el presupuesto para el año que viene que acaba de aprobar el Congreso. En total serán 114 mil millones de pesos, cuya mayoría terminará en manos de las petroleras productoras de gas lideradas por Chevron, PAE, EXXON, TOTAL GAS, principales aliadas del gobierno del presidente Macri. Cifra que se contrapone con los 60 mil millones de la Asignación Universal por Hijo, los 27 mil millones de la rebaja en el impuesto a las ganancias, y los 10 mil millones al año que recibirán los movimientos sociales por la ley de Emergencia Social.

Por Lázaro Llorens

Cuando los usuarios del gas y la luz no han terminado de pagar los aumentos tarifarios dispuestos en septiembre y octubre pasado, el gobierno de Cambiemos acaba de llamar a nuevas audiencias públicas para aumentar otra vez estos dos servicios. Las audiencias se realizarán el 7 y 14 de diciembre próximo. Tras ella el macrismo avalará el segundo aumento tarifario del año, que apretara aún mas el bolsillo de los usuarios.

El principal argumento para sostener estos incrementos es que ellos permitirán reducir los millonarios subsidios a la energía que todos los años el gobierno les da a las empresas privadas. Y que esa reducción de los subsidios, a su vez, permitirá bajar el déficit fiscal, lo cual finalmente permitirá reducir la inflación.

Sin embargo, a pesar de los aumentos tarifarios que soportaron los usuarios este año, y los que vendrán el año que viene, según el presupuesto del 2017 que acaba de aprobar el senado, el año próximo los subsidios al gas y la luz no disminuirán, sino que se incrementaran entre un 35 y 90%. Guarismo muy por encima de la inflación proyectada el año próximo por el gobierno estimada en un 17%.

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La casa está en orden...


Mientras el realismo magico de Macri,  nos habla de una realidad inexistente y logros inventados, y ahora mismo esta cargando pilas en Chapadmalal para seguir cagando al pais,  fijate este somero informe gremial.
Algunos de los que lo lean, o sus amigos o parientes, podrán decir con orgullo "yo lo hice posible" con mi voto irresponsable de tilingo o zombie.
JGC

La columna de Mempo: De mentiras, traiciones y gobernabilidades

por Mempo Giardinelli

Estos tipos llegaron al poder mintiendo. Hace exactamente un año montaron el mayor fraude ideológico y conceptual de la historia argentina. Con ideas progres falsificadas en discursos frívolos, y prometiendo cambios morales que sí eran necesarios, se metieron por todos los agujeros por donde el kirchnerismo hacía agua. Así estafaron a cierta clase media que estaba socialmente bien pero quería estar mejor. Y a los más pobres les tiraron consignas cretinas de mano dura y la promesa de mantener todas las mejoras sociales del kirchnerismo.
Mintieron a mansalva. Prometieron "pobreza cero" pero han duplicado la que existía. Prometieron fortalecer el mercado interno y las políticas sociales, pero hicieron lo contrario. Prometieron cuidar y crecer el empleo, y mintieron. Prometieron que el pueblo iba a "vivir mejor" y mintieron. Dijeron que les importaban la educación y la ciencia, y mintieron. Juraron que la inflación, que estaba en baja, era fácil de solucionar, y mintieron. Cacarearon con "achicar la grieta" y la agrandan día a día y con violencia. Se llenaron la boca con discursos republicanos de respeto a las instituciones, pero asaltaron la Corte Suprema, exacerbaron a una banda de jueces y fiscales chirolitas, y rebajaron la calidad institucional a niveles de la dictadura.
Mintieron desde antes de ser gobierno, y siguen y van a seguir mintiendo. Y cuando ya no les funcionen las mentiras, como todo indica, mentirán a palos.
Precisamente por eso inquietan, preocupan o espantan (cada lector conjugará el verbo adecuado) ciertas conductas dirigenciales del campo nacional y popular. Dejando de lado los inevitables equilibrios que deben practicar varios gobernadores, que de otro modo estarían literalmente impedidos de gobernar sus provincias, lo que resulta más extraño (por decirlo suave) es la mutación de algunos actores políticos que fueron emblemáticos del kirchnerismo.
No sólo el Sr. Pichetto, desde ya, cuyo rostro de piedra irrita menos que la pasividad de quienes lo mantienen al frente del FpV en el Senado. Tampoco figuras patéticas como el ministro Barañao y algún otro mutante, que los hay. Pero sí cuadros políticos como el también senador Juan Manuel Abal Medina, joven doctorado en Ciencias Políticas que fue jefe de gabinete de CFK durante 23 meses y antes vicejefe en 2008 y 2009 durante la gestión del entonces kirchnerista Sergio Massa. Hijo y homónimo de uno de los hombres de mayor confianza de Perón que luego se exilió en México y hoy es asesor del hombre más rico del mundo, el multimillonario Carlos Slim, este joven senador fue un objetivo aliado de la macrista intención de voto electrónico.
Igualmente extrañas, y cuestionables, son algunas recientes actitudes y declaraciones de encumbrados dirigentes del Movimiento Evita como Carlos "Chino" Navarro y Emilio Pérsico. El artículo de ayer de Horacio Verbitsky en estas páginas fue más que sugerente al respecto: por un lado, Pérsico reivindica posibles acuerdos con el macrismo para asegurar gobernabilidad; por el otro Navarro argumenta que "si Macri se cae esto gira más a la derecha aún, porque esto no es el ajuste de Espert, ni de Sturzenegger", para concluir que tal ajuste "ha sido limitado".
Hasta acá esta columna se resiste a creerlo, pero en todos los mentideros de la política argentina es un secreto a voces que el Evita está en negociaciones preelectorales con el dizque renovadorismo del Sr. Massa.
Se sabe que dentro del campo popular son muy mal vistas, y con razón, las definiciones que más que aclarar oscurecen. Cuando se bosteza es porque se tiene sueño, y eso se nota. Como los acuerdos la semana pasada de dos ministros talibanes como Carolina Stanley y Jorge Triacca con movimientos de la así llamada "Asociación de Trabajadores de la Economía Popular" (representada por Esteban Castro), la Corriente Clasista Combativa (Juan Carlos Alderete), Barrios de Pie (Daniel Menéndez) y también el Mocase, Los Pibes de La Boca, La Dignidad, La Poderosa y el Evita. Procuran una "ley de emergencia social" extensible hasta el final del gobierno macrista, que, de hecho, legalizaría la ominosa división entre trabajadores efectivos y precarios –de primera y de segunda clase– que produce y profundiza el neoliberalismo.
Resulta curioso entonces que la alianza gobernante –cada vez más débil y cuestionada por su afán de demolición, y jugada a fondo en favor de minorías de ricos y prebendarios– justo ahora que ha sufrido una derrota importantísima con el rechazo al voto electrónico, de hecho y con este tipo de discursos y acuerdos resulta ayudada por dirigencias de arraigo y trayectoria popular.
La gobernabilidad es un viejo cuento posibilista que, en los hechos, siempre ha camaleonizado a dirigentes y legisladores de todas las oposiciones. Por ambiciones sectoriales o personales, o por dudosas moralidades, es incontable el repertorio de acuerdos políticos por debajo de las mesas. Siempre ha habido, y habrá, dirigentes o grupos populares negociadores, buenistas, posibilistas o retóricamente duros pero fácticamente blandos. Ahí está, como vergonzoso botón de muestra, la actual tregua de la CGT.
No hay virtud dialoguista ni interés patriótico en "ayudar" a la gobernabilidad del adversario cuando se trata de gobiernos mentirosos, explotadores y corruptos. Con ellos todos los pactos son espurios y de resultados contrarios a los intereses populares. Y aquí y ahora lo único que le interesa al macrismo es durar, seguir favoreciendo a los ricos y corromper con tal de imponer su misión fundamental: la destrucción del peronismo, el kirchnerismo, el radicalismo y el socialismo populares, para así arrasar con la dignidad del pueblo trabajador.