domingo, 8 de enero de 2017

Los electorados del peronismo

por Abel B.

Hay algo en que se parecen los militantes peronistas y los politólogos: su ocupación más apasionante es la de definir al peronismo. Hay bibliotecas (literalmente) de sabios volúmenes dedicados a eso. Y entre los que forman parte de él, su tema de conversación más frecuente menos uno, pasa por decidir qué es el peronismo. Solo le supera otro, también vinculado, qué NO es el peronismo.

Por mi parte, tengo que confesar un enfoque muy elemental, casi primitivo: El peronismo es eso que está ahí. Que gana elecciones, que da peleas, que perdura... Todos los tipos y tipas que se llaman a sí mismos peronistas. Perón reflexionó y escribió sobre filosofía mucho más que yo, pero, se me ocurre, podría estar de acuerdo con esto. Le gustaba citar una frase de Aristóteles "La única verdad es la realidad".

Debe ser por eso que aprecio el artículo de José Natanson, que cité en el posteo anterior -del que éste sería una continuación, en realidad- a pesar que no estoy de acuerdo con sus conclusiones. No habla de "los peronismos", sino de sus electorados. Como saben los lectores frecuentes del blog, ese es mi hábito.

En esa primera parte, Natanson detallaba las razones económicas, que, en su opinión, contribuyeron a la derrota de 2015. Si han leído el posteo, recordarán que yo no coincidía con su análisis. Con este análisis político, tengo que estar de acuerdo. Es que se basa en resultados electorales indiscutibles. (Aunque su lenguaje ligeramente soberbio sobre los "populismos", irritará a los militantes. Y a los políticos, que deben sumar votos)

Pero... creo que Natanson pasa por alto aquí otro electorado considerable. Copio el fragmento y hago mi observación al final:

"(Junto con este declive de los indicadores económicos, la segunda razón que ayuda a entender la derrota electoral del peronismo es la crisis, lenta pero decidida, de la coalición social que hasta el momento había sostenido al gobierno.

Policlasista como todo populismo, el kirchnerismo supo desplegar una estrategia específica para los diferentes grupos que conformaban su base electoral. Así, estableció con los sectores más pobres una clásica relación peronista, que incluyó casi pleno empleo y aumentos de salarios por encima de la inflación, inclusión vía la Asignación Universal por Hijo y jubilaciones, acceso a bienes de consumo durables y la probada eficacia del aparato clientelar, junto con la más fantasmagórica «inclusión simbólica» expresada en el manejo dosificado de la iconografía peronista.

La relación del kirchnerismo con los diferentes segmentos de las clases medias fue menos lineal. Mantuvo una relación tormentosa con la clase media alta o tradicional, que durante una década valoró la estabilidad macroeconómica y el acceso al consumo y el turismo, al tiempo que cuestionó los «desvíos republicanos», la corrupción y medidas como las restricciones a la compra de dólares (para la clase media argentina, entrenada en mil crisis, el dólar es el gran refugio de valor, casi un producto de primera necesidad). Los dos polos que durante una década expresaron los sentimientos más fuertes respecto del gobierno, la minoría intensa prokirchnerista y la minoría intensa ultracrítica, se ubican en este sector social: sus arquetipos son, de un lado, el peronista que odia a la clase media (aunque, o porque, pertenece a ella), una especie de «gorila al revés»; y, del otro lado, el «cacerolero» indignado.

El otro segmento de la clase media políticamente significativo es la nueva clase media o la clase media emergente.

Con sus medidas en materia de empleo, reindustrialización y aumento de la sindicalización, los  gobiernos kirchneristas contribuyeron a expandir este grupo social integrado por trabajadores formales de las ramas de la «industria moderna» (automotriz, siderurgia, metalurgia), pequeños empresarios y comerciantes, trabajadores autónomos, etc.

La paradoja es que este sector social, cuyo crecimiento se verifica en otros países de América Latina y en particular en Brasil, se convirtió, a partir del segundo mandato de Cristina Fernández, en uno de los focos del malestar político con el gobierno, sobre todo en relación con dos cuestiones: el denominado «impuesto a las ganancias», que impacta sobre el 10% de los salarios más altos; y la inseguridad urbana, que afecta particularmente a este grupo social por su ubicación geográfica (en el Conurbano bonaerense), la dificultad para acceder a servicios de seguridad privada y el tipo de ocupación que realiza, que a menudo implica pasar muchas horas en la calle.

Se trata del «moyanismo social», en referencia al líder sindical Hugo Moyano, representante gremial –aunque no político– de estos sectores que el kirchnerismo había reconstruido desde las cenizas de la crisis de 2001, y que a su vez remitía a los arquetipos del trabajador formal y el pequeño burgués del peronismo original.

Pero que, sin embargo, se fue convirtiendo en uno de los ejes del malestar opositor con un gobierno que, de manera inexplicable, hizo poco por contenerlo. Como analizamos más adelante, una parte importante de la nueva clase media apoyó al peronismo disidente y, al hacerlo, selló la suerte del kirchnerismo en las elecciones de 2015."

Como les dije, creo que es un buen análisis, basado en los resultados de octubre 2015. Eso sí, sería un error creer que esa "foto" -Scioli 37,08 %, Macri 34,15 % y Massa 21,39 %-permanece estática. No más que los resultados del 2011 permanecieron vigentes dos años después.

El punto es que ahí se expresaron dos electorados distintos. Algo hablé en el blog sobre ellos, y las estrategias que se requieren para obtener sus votos. Y sin duda volveré a hacerlo. Lo único que voy a señalar ahora es la existencia, entre los votantes del FpV, de un sector que no está incluido por los sociólogos, que en esto van a la rastra de los políticos, en el voto peronista tradicional. Olvidan que el peronismo es un país de inmigración.

Me refiero a los sectores medios incorporados al Frente para la Victoria, paulatinamente a partir del 2003 y con mayor intensidad emocional a partir de la muerte de Néstor Kirchner, en 2010. Es un error considerarlos simplemente como "la minoría intensa prokirchnerista", aunque sin duda ésta se recluta en su mayor parte de ahí.

Es cierto que esos sectores medios suman, por lejos, menos votos que el peronismo tradicional. Es cierto también que sólo son visibles y significativos en los grandes centros urbanos. Nada de eso disminuye el peso que tienen los votos "progresistas" y de "izquierda peronista" en la realidad política argentina.

Debo recordar que fue Nëstor Kirchner el primer dirigente de importante del peronismo que comprendió el fenómeno del FREPASO y su impacto decisivo en la derrota del PJ en 1999. Desde entonces, se dedicó a construir una coalición que pudiera recuperar esos votos. Y lo consiguió. Fue la coalición que por 12 años hegemonizó la política argentina.

¿Puede el peronismo prescindir de estos votos y ganar? Es al menos dudoso. Es cierto que Carlos Menem consiguió una estabilidad similar por 10 años, con la coalición entre el peronismo y la Ucedé. Pero ese "frente" hoy no es viable. Además, el equivalente de la Ucedé está en el gobierno. Ahí el peronismo no tendría un rol más airoso que el del radicalismo en el gobierno de Cambiemos.

¿Entonces, pueden sumarse estos tres electorados, como sucedió en el 2011? Aquí corresponde otra frase que también le gustaba decir a Perón "En la conducción política, todo el arte está en la ejecución".





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