sábado, 7 de enero de 2017

Sobre Los Supremos, part deux -- caveats y reservas


   

Ayer hice una reseña del libro "Los Supremos" de Irina Hauser y -habiendo dicho, grosso modo, que me pareció buenísimo- adelanté algunas cuestiones en las que podría disentir.

Obviamente, podría casi hacer un libro paralelo: tendría mucho para decir, coincidente y discrepante, sobre temas puntuales de los tópicos del libro, muchos de los cuales ya han sido tratados en su oportunidad en este blog. Me concentraré en dos puntualidades, y en dos cosas más estructurales.


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Rapsódicamente tomo dos que no, y que no son "de fallos": las Conferencias Nacionales de Jueces y los discursos de apertura.

A mi me parece que están muy bien ambas cosas: una instancia de debate panjudicial, períodica, incluyendo federales y provinciales (que debería ser más horizontal, asambleario, y con un temario menos llevado de la nariz por la que se quiere commoditizar para difusión, y con grupos de trabajo y objetivos por encima de paneles-conferencia, al modo de la Cumbre Iberoamericana) y una tradición de que el Poder Judicial informe lo que hace y lo que le falta, en forma organizada, a la sociedad (aclarando que el espíritu debe ser más de rendición de cuentas que de pontificación o autoproclamación unilateral de políticas públicas, al modo de lo que está formalizado en la Constitución de la Provincia de Chubut).

Con todas las prevenciones que anoté entre paréntesis, y otras más, ambas cosas me parecen ideas muy buenas y que nunca se habían intentado antes, y que deberían continuar.


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Fuera de ello, hay dos líneas argumentales que decantan del libro, con las que estoy parcialmente de acuerdo. Una sería una mirada mas "agonal", y otra mas "programática", y vamos a tratarlas en ese orden


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La primera línea nos muestra a un tribunal que en determinado momento decidió jugar políticamente, y hacerlo de un modo abiertamente hostil al gobierno. Yo he estudiado el asunto -el libro cita mi estudio- y he comprobado que claramente existen dos etapas en la relación Corte y gobierno. Sin embargo, creo también que ese dato solo no explica nada: es como si yo dijera que el referí le cobró más foules al rival de Boca en el segundo tiempo. Puede ser que haya querido perjudicar al rival, o bien puede ser que efectivamente se hayan cometido,

Aunque una evaluación completa de ese punto también trascendería este post, me bastará con decir que a mi juicio en modo alguno se la puede caracterizar como una Corte hostil. No estoy diciendo nada que no haya dicho hace cuatro años: he aquí el factchecking que hice pasando revista a quince temas políticos clave y mirando cuál fue su interferencia judicial. Como evidencia ya más puntual, aparecen específicamente documentadas las sutiles presiones de CFK a Lorenzetti -tampoco nada del otro mundo, solo una boutade- para no sacar el fallo de coparticipación, --y al respecto notamos su pleno éxito, a punto tal que terminó saliendo en el período de transición gubernamental. Es cierto que sin duda hubo cero empatía y mutuo rencor y un regodeo en la chicana, que hasta se explica porque llegó a ser win-win situation, pero el diálogo de hecho -y el libro lo corrobora- nunca se cortó.


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La segunda línea, que se entrelaza con la anterior, nos presentaría a un tribunal muy virtuoso que luego se degradó y empezó a partir de 2010 lo que sería un largo termidor jurisprudencial, una suerte de contrarevolución contra la primavera refundacional de 2005-2009.

Aquí hay un mix de acierto y exageración, a mi juicio. Es verdad que hubo una primera etapa fantásticamente fértil, de una Corte que revirtió errores previos, fue receptiva a cosas que antes hubiera desoído, y nos dio los mejores tomos de toda la historia de su jurisprudencia. A la etapa posterior, que llega hasta nuestros días, yo la describiría más como un amesetamiento, que como una involución. Por decir algo: era posible imaginar, digamos en 2008, un tribunal que empezara a hacer audiencias al tratar todos los casos relevantes, digamos a un ritmo de dos audiencias por mes. Ni se necesita decir lo lejos que quedamos de aquella ilusión: la audiencia terminó siendo rarisima avis.

Ahí como en otros puntos, a la Corte acaso se quedó sin nafta para avanzar (lo que es distinto a decir que retrocedió); le faltó persistencia interna, convicción, insumos, acaso le faltaron señales externas para mantener ese ritmo de innovación, acaso vio que no había agua debajo, Strictu sensu, no puedo señalar un recorrido regresivo. Pero, como sea, cierto es que hoy por hoy es casi inimaginable una Corte que trate un amparo colectivo carcelario, trate casos de aborto o de derecho a la vivienda, y eso hace diez años sucedía. 


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Como dije, el libro es básicamente completo en cuanto a los temas que uno cabría esperar que estén en un libro de este tipo, y nos sirve para hacer un repaso mental de donde estamos parados hoy. Creo que a esa lectura ha que seguirla con una tarea para el hogar -y es algo trabajoso, porque muchos leerán el libro con sesgo de confirmación, para ir a encontrar evidencias de una convicción previa-.

Pensar en clave de memoria y balance es algo que sirve porque esa evaluación implica por contraste pensar en cuál sería nuestra Corte "ideal", una cuestión que, por cierto, no es nada pacífica. ¿Queremos una Corte "acompañante" de políticas de Estado? ¿Una Corte que las "defina"? ¿Una Corte que supla de foro de democracia deliberativa y se reinvente en clave dialógica? ¿Una Corte que salga siempre en los diarios, con jueces famosos, o una que no salga nunca, con jueces ignotos? ¿Está bien, como se quejaba Kirchner, que un tribunal "nos dispute la agenda"? ¿Cuál sería, por otro lado, la opción si hay inacción de los poderes del Estado en un tema de realización de derechos, si hay un "estado de cosas incosntitucional"? Por todos lados hay más preguntas que respuestas. Así las cosas, quién sabe qué nos depara el futuro.






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