viernes, 17 de febrero de 2017

Para una historia del correo (argentino)


por Abel B.

Este humilde blog no se siente en condiciones de agregar nada importante a la avalancha de informaciones, análisis y puteadas que se precipitó desde que saltó la liebre (¿o el gato encerrado?) en el asunto del acuerdo del Estado con el Grupo Socma por la cancelación del contrato que concesionaba las prestaciones del Correo Argentino.

Cuando hoy nada menos que en Clarín, con la firma de nada más que Marcelo Bonelli, se revela que la línea del Banco de la Nación Argentina había informado por escrito que ese acuerdo era "perjudicial", y que el Directorio (hola, Melconian!) no se había atrevido a convalidarlo... Uno debe decir ¡cartón lleno! O, como señala un compañero, que el Grupo Clarín ya está pensando en un Plan B (el A, Macri, está un poquito quemado).

Tal vez mi único aporte técnico sea marcar como un episodio dado -no necesariamente el más importante, ni el más alevoso, pero sí que impacta en la imaginación popular- puede cristalizar una opinión que se está formando en el inconsciente de muchos. Y entonces aparece el impacto en las encuestas y en los focus groups.

Igual, me siento tentado a contarles una anécdota vieja, que muy pocos conocen. Si yo la recuerdo es porque en ese tiempo tenía responsabilidades de auditor, y algún conocimiento de curros.

Ante todo, es necesario despejar algunas leyendas. El Correo Argentino nunca fue privatizado ni podía serlo: está señalado en la Constitución como una responsabilidad del Estado nacional. Porque en épocas remotas, A. W. (antes de whatsapp), el correo era el instrumento que mantenía en contacto a la sociedad. Si podía ser concesionado, y en los tiempos del Turco Menem era inevitable que lo fuera.

De esas funciones del correo oficial, y de sus privilegios legales, andaban detrás poderosos empresarios. El principal de todos era el dueño de correos privados, el legendario Alfredo Yabrán, "el Cartero". Pero don Alfredo fue demasiado imprudente en su crecimiento económico: como comenté una vez con un amigo suyo, hay estilos y métodos que pueden pasar desapercibidos cuando los activos de uno no superan los 100 millones de dólares. Pero no cuando pasan de los 1.000 millones.

Por eso finalmente el Correo quedó en manos del más cuidadoso Franco Macri. Pero... el fantasma del desarrollo tecnológico, que se agita para quejarse lastimeramente de la pérdida de empleos, golpea también, o más fuerte, a los empresarios, cómo no.

El correo, las cartas y los sobres, empezaron justo en ese momento, la segunda mitad de los ´90, a ser obsoletos. Había llegado el correo electrónico. Y ya nadie enviaba cartas personales. Hasta se olvidaron de las postales de fin de año. Es un karma de la familia Macri, tal vez. Cuando su hijo Mauricio llega a Presidente y quiere llevarnos de vuelta al mundo, gana el Brexit, pierde Mateo Renzi, y gana Trump. Ya cité la opinión en mi barrio: "Si compra un circo, le crecen los enanos".

Por supuesto, quedaban nichos jugosos en el negocio postal. Todavía quedan. Y OCASA sigue ganando dinero, faltaba más. Pero las utilidades no alcanzan, ni remotamente, para bancar la inmensa estructura del Correo Argentino.

Ahora, Carlos Menem era un hombre generoso con sus amigos. Y más con los amigos que eran generosos con él. Surgió una idea -de autor desconocido- que se formalizó en oficinas del Ejecutivo y llegó a ser un proyecto de legislación: disponía que cada argentino debía tener una dirección de correo electrónico -vinculada a su documento de identidad- que serviría además para cualquier notificación legal. Y el administrador, por una suma mínima por cada dirección de mail, sería -por supuesto- el Correo Argentino.

Lamentablemente, justo en ese momento, una compañía norteamericana de Internet -me parece recordar que era OLX- empezó una campaña publicitaria en toda Latinoamérica ofreciendo casillas de mail gratuitas (En ese tiempo, segunda mitad de los ´90, eso era todo una novedad) ¡Otro enano que crecía! Don Franco decidió cortar las pérdidas, y, claro, dejar de abonar el canon.

Como ven, esto no tiene una vinculación directa con el escándalo actual. O tal vez sí. Lo que puedo decir es que de toda esa avalancha de información, excusas y denuncias, lo que me parece más sugerente es algo que vi en la revista Barcelona. Era la imagen de un Franco Macri pensativo, que decía algo así "Esto no me pasaba con Néstor. Ni con De la Rúa. Ni con Menem, con Alfonsín. Tampoco con Videla! ¡40 años haciendo negocios con el Estado, y me vienen a "dar la cana" cuando el Presidente es mi hijo!" Reíte de "El rey Lear".





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