miércoles, 22 de febrero de 2017

TEORÍA DE ERRORES

Por estos días ha sufrido mácula la moral republicana de la alianza CAMBIEMOS, autoproclamada y autopercibida como acendrada.

En línea con la -siniestramente augural- frase de asunción del Presidente (aquella de jurar por la honestidad individual y no por la Patria) proliferan por estos días caritas ingenuas, trompitas fruncidas, poses de fingida moral individual y pedidos de perdón bañados por lágrimas de cocodrilo.

Saborido y Capusotto resultan así no ya paródicos y grotescos, sino cultores del realismo socialista o neorrealistas. Autores costumbristas.

"Más no pude" y "yo no quise" son frases de excusación por sinceridad, por buena intención. Se suspende la validez de aquel refrán que la propia moralina represiva ha descargado tantas veces sobre nosotros: "de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno".

Intento final de negar la evidencia de una política nefasta, se consagra la teoría del error.

Cuando me iba haciendo peronista -hace demasiado tiempo- leí a Scalabrini Ortiz. Costaba en 1981 encontrar sus libros, pero revolviendo bibliotecas y librerías los fui consiguiendo. Las ediciones de Peña Lillo traían el listado de títulos, que yo iba tachando al leerlos. Ahí figuraba su primera publicación, algo como "Errores que afectan a la taquimetría" del Centro de Estudiantes de Ingeniería en 1918.
Supongo que sería cosa de él y alguna especie de orgullo burlón consignarlo entre sus obras políticas y su prosa poética de El hombre que está solo. Nunca la leí, pero acababa de rendir topografía.

Allí la teoría de errores distingue entre los accidentales o aleatorios y los sistemáticos. Éstos, los sistemáticos, afectan una medición siempre en el mismo sentido. Suele deberse a una falla en el instrumento o algún defecto en cómo mira el observador. Ejemplo clásico el de una cinta métrica que se ha estirado, y que cada vez que se usa muestra 100 m cuando en realidad se aplicó sobre 101. Quien mide debe compensar cada vez la diferencia.

La política es ciencia menos simple que las matemáticas, pero vale la enseñanza. El criollo despierto debe estar advertido.
Cualquier varón prudente hará bien si sospecha que un gobierno vendepatria de oligarcas, gerentes y millonarios se equivocará sistemáticamente a favor de sus propios y reducidos intereses. A veces hay clase media y aún humildes cuya forma de mirar y de valorar le impide percibir el error sistemático.
Esta gente que gobierna siempre se equivoca en su favor
"Fue sin querer queriendo", decía un famoso filósofo mejicano.

Diego Rossi




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