miércoles, 8 de marzo de 2017

La comunicación frente a la estupidez


Por Néstor Piccone *

La batalla cultural es un suceso incesante, no da tregua ni a la hora de los sueños. Días atrás Julieta Dussel, en una columna publicada en este diario (https://www.pagina12.
com.ar/22983-es-la-comunicacion-estupido), alertaba sobre algunas cuestiones que "la política", fundamentalmente la que comprende al Proyecto Nacional Popular y Latinoamericano debería tener en cuenta.
Decía Dussel: "Desde cualquier propuesta alternativa hay que ser realistas y saber a quién se está enfrentando y con qué armas juegan".
La nota, titulada "Es la comunicación, estúpido", debería ser de lectura obligatoria para todos los dirigentes y organizaciones que balbucean una alternativa al neoliberalismo y al gobierno de los ricos devenidos en populistas de derecha.
Para comprender por qué esa política se solaza en Inglaterra, EEUU, Rusia y hace estragos en cuanto llamado electoral se proponga. Ecuador, a pesar del triunfo de Lenin Moreno en primera vuelta y con todavía un resultado final incierto, es otro ejemplo que corrobora lo dicho. La Revolución Ciudadana de Rafael Correa perdió en cuatro años más de 12 puntos porcentuales de votos.
Cuando desde la Coalición por una Comunicación Democrática (CCD) definimos que la ley de servicios de comunicación audiovisual se inscribía en la "batalla cultural", muchos creyeron que era sólo una consigna. Lejos de ello, es una definición que no oculta su parentesco con la lucha de clases.
La lucha de clases que siempre se da sobre el sustrato cultural, hoy se despliega por todos los medios y nos involucra sin distinción de clase, credo, edad o elección sexual.
Las tecnologías de la comunicación –previo pago– ponen al alcance de la mano los pertrechos ideológicos. Pero ¿quiénes están en condiciones de utilizarlas? El eternamente inacabado frente popular, que desde Marx y Engels aceptando las reglas de la burguesía (hoy oligarquía transnacional concentrada) decidió dirimir las contradicciones insalvables de clase por la vía electoral, está en clara desventaja.
La desventaja es muy notable en la medida que sólo uno de los contendientes sabe de qué va la cosa. Tal como dice Dussel: en las elecciones 2015 "el PRO tenía un equipo de 300 personas, conducido por Durán Barba y Marcos Peña, trabajando durante meses (o años). Con acceso a mucha información sobre qué pensaba la gente, cómo se comportaba, qué temas le interesaban y qué cosas les preocupaban.
Y con esa información hicieron una campaña a medida de lo que la gente quería escuchar? Obvio que se trató de una campaña llena de mentiras? Pero ganaron con eso"
. Hoy tienen los datos más ajustados con el manejo del ANSES.
De cara a las elecciones, además de la ausencia de unidad y de conducción unificada; la oposición al neoliberalismo y al gobierno de los ricos (que no es lo mismo que la oposición a Macri) si bien está en condiciones de acceder a toda la información (que está al alcance y que es mucha) adolece de una organización que pueda encausarla.
Para lograrlo debería trabajar y no sólo en un equipo de campaña, sino en formatos y plataformas, habida cuenta de la disparidad de dispositivos.
Una de las reglas básicas de la batalla, es la de no subestimar al enemigo, conocer sus estrategias y enfrentarlas con la obligación de recuperar un electorado siempre fluctuante y cada vez más desideologizado.
Las elecciones 2017 están demasiado cerca y tal vez no haya tiempo para revertir la situación, pero visualizar el problema puede ser un punto de partida para que más temprano que tarde superemos este Estado de cosas.
Y de paso, sentirnos menos estúpidos.

✱ Licenciado en Psicología, trabajador de prensa.




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