domingo, 30 de abril de 2017

El peronismo habla de conomia a traves de Feletti

Paso al reportaje:

-El Gobierno omitió hacer una descripción de la herencia recibida. ¿Qué economía le dejó el kirchnerismo a Cambiemos?

-Yo estuve en los 8 años de gobierno de Cristina Kirchner y obviamente voy a defender toda la gestión. Pero si tuviera que destacar dos puntos fuertes, uno es el bajo nivel de endeudamiento, menor al 40% del PBI y en dólares inferior al 20%; y haber dejado un bajo nivel de desempleo abierto de 5,8%, que fue convalidado por el Indec de Jorge Todesca. Y si tuviera que hacer una crítica, diría que frente a una economía que recibimos en 2003 sobreajustada devolvimos a fines de 2015 una economía que estaba sobreexpandida, es decir con exceso de demanda sobre la capacidad productiva. Eso llevó, más allá de la coyuntura internacional, a la falta de dólares, que implica cierta debilidad externa. La discusiones que se abrían para el nuevo gobierno, incluso si hubiera ganado Daniel Scioli, era cómo resolverlo.

¿Por qué cree que hasta ahora la reactivación productiva no aparece?

–Cambiemos eligió un camino ortodoxo: controlar la demanda, y apostó a partir de ahí a lograr una expansión de la oferta. Para eso produjo un cambio de precios relativos basado en la liberación del mercado cambiario, la suba de las tasas de interés, aumento de tarifas, que han resultado a más de un año de gobierno en que los desequilibrios externos y fiscal se agudizaran y que la economía no se expandiera. Ese cambio de precios relativos afectó al consumo, pero no logró levantar la inversión. En cuanto a la demanda externa no es controlable; tiene que ver con la caída de las compras de bienes industriales de Brasil; y en los productos primarios, con la baja de los precios internacionales, principalmente de la soja.

-¿A qué atribuye que con los cambios de precios relativos no se haya reactivado la inversión productiva?

– A que el Gobierno ha elegido a tres sectores productivos como beneficiarios del nuevo modelo para que traccionaran la actividad: uno es el agro; otro es la minería, con la baja de las retenciones y la devaluación; y el tercero la energía, donde paulatinamente el ministro Juan José Aranguren anunció el objetivo de hacer converger gradualmente los precios locales a los internacionales. Todos pueden ser muy importantes en términos de buscar el equilibrio externo, pero no son traccionadores ni de la demanda interna, ni, por lo tanto, del nivel de inversión, porque en conjunto representan entre 12% y 13% del PBI. Y, por el contrario, otros dos sectores potentes han sido afectados: uno la industria y el otro la construcción. Este último, puede ser que ahora con la tracción de la obra pública comience a cambiar.

-Pero en el pasado había buen nivel de demanda interna y sin embargo la inversión productiva cayó…

– La inversión comienza a caer, sobre todo a partir de 2012, en primer lugar por la debilidad externa que hizo que las exportaciones pasaran de USD 83.000 millones cuando Cristina Kirchner fue reelecta, a USD 57.000 millones cuando nos fuimos en 2015. Nosotros elegimos un modelo que se autofinanciaba con exportaciones, no acudíamos al ahorro externo, en parte porque había que resolver el default de parte de la deuda con los holdouts, en parte porque nos topamos con el juez Thomas Griesa; y en parte porque había una decisión política de sostener un nivel de desendeudamiento importante. Y en la medida que se angostaron las fuentes de financiamiento externo comerciales y había una decisión de no recurrir al mercado internacional de deuda, es decir acudir a los dólares financieros, eso generaba la decisión empresarial de mantener la capacidad productiva y no expandirse. Con eso se mantuvo el nivel de actividad, no colapsó. En el gobierno actual, si se mira el balance de pagos se advierte que, a pesar de los beneficios al sector exportador, en particular al agro, los cobros por exportaciones aumentaron en 2016 en apenas el 2%, con lo cual se mejoró la rentabilidad agropecuaria exportadora pero no hubo un incremento de las ventas al exterior. Lo que cambia de modo sustancial es el resultado de la cuenta capital, con un fuerte ingreso de dólares financieros, en una relación de 80% por deuda y 20% por inversión. Esa dinámica no sirve, o por lo menos no es percibido por los agentes económicos como un elemento de un modelo sustentable en el plano productivo.

-Se podrá contra argumentar que el campo tiene sus tiempos, que el resultado de 2016 estuvo determinado por decisiones tomadas en 2015 bajo el Gobierno anterior y en condiciones de incertidumbre sobre qué política seguiría el sucesor…

– El campo es muy importante para sostener el flujo de dólares genuino de la economía. Y la industria, más allá de que todos dicen que genera déficit de divisas, lo novedoso, y esto juega a favor de nuestro modelo, es que si bien siempre fue demandante de divisas al menos generaba algunas exportando. El campo va a depender mucho de niveles de rentabilidad que hoy parece angostado porque hay una caída del precio internacional de la soja; y hay que ver cómo le afecta el aumento del costo de la energía. Además, respecto de la situación del primer semestre de 2016 hoy se advierte un tipo de cambio anclado en $15/$16; que se suman a calamidades climáticas que escapan a acciones de mercado, pero que afectan al negocio. Pero, el sector agropecuario, en términos de tracción de la actividad agregada es de 7% u 8% del PBI, con eso es muy difícil que vaya a provocar un despegue. Además, en términos de inserción internacional el Gobierno está leyendo mal el mundo, porque los acuerdos de libre comercio que ensaya a través del Mercosur con la Unión Europea, y que va a ensayar con México ahora -porque el acuerdo con el área Pacífico quedó congelado con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EEUU- están casi pasados de moda; los escenarios hoy son de fuerte proteccionismo.

-Pero en el Gobierno aseguran que mientras el promedio de los países de la región tienen tratados de libre comercio y acuerdos con (países que suman) el 90% del PBI mundial la Argentina los tiene con apenas el 10%, ¿con semejante brecha no cree que hay margen para expandir las exportaciones con nuevos convenios bilaterales o bloques comerciales?

– Creo que durante nuestro Gobierno el coeficiente de apertura, entendido por la suma de las exportaciones e importaciones respecto del PBI, fue importante, en torno al 30%, unos USD 150 mil millones en 2010 y 2011; por tanto no estábamos con una economía cerrada. Sí es cierto que luego se fue perdiendo capacidad de financiar el volumen de importaciones. El problema que tiene este gobierno es que si se coloca inserto en el esquema de demanda internacional que hay actualmente, va a tender a una reprimarización de la economía. Va a enfrentar una competencia de dumping fenomenal porque en el mundo hay oferta excedente de productos, como ocurre con el calzado de Brasil. Además es posible que con la política de Donald Trump va a caer la demanda internacional. Por tanto, la apertura comercial aparece como una apuesta riesgosa. Sí creo, como autocrítica, que las nuevas autoridades debían corregir los precios relativos que determinaba la sobreexpansión del consumo, manteniendo algunos puntos fuertes como el bajo nivel de endeudamiento y el bajo nivel de desempleo. Pero este gobierno lo encaró sobre la base de un conjunto de sectores que hasta ahora no se han evidenciado con capacidad de traccionar la demanda agregada.

– ¿En ese escenario cómo ve el tipo de cambio?

–  El Gobierno tiene un problema de inconsistencia entre lo fiscal y monetario. Lo más grave es que si el atraso cambiario fuera sólo respecto de la variación de los precios internos se podría justificar, como hicimos nosotros también, anclar la paridad para favorecer el consumo, porque el salario se aprecia y hay más poder adquisitivo; tiene patas cortas pero puede servir en una coyuntura. El problema aparece porque está muy retrasada la paridad cambiaria respecto de la tasa de interés: genera ganancias financieras importantes en corto plazo que determina que toda decisión de invertir en la actividad productiva se descarte. Además, ese atraso cambiario determina el ingreso en un círculo vicioso, porque si baja la tasa de interés nadie se posiciona en pesos, ni compra bienes. Como la actividad está planchada se va a dólar, eso es lo que dice el Banco Central. Pero esa dificultad el Gobierno la tiene que abordar, porque no es sostenible una tasa de interés real positiva tan alta en términos de dólares.

– ¿Qué provoca esa brecha tan alta entre la tasa de interés y la de devaluación del peso?

– Si se ven los datos del balance de pagos en 2016 ha habido  un shock de dólares financieros importante, que ha recompuesto el nivel de reservas. Por eso me parece que el Banco Central debería trabajar en un sendero de tasas de interés más bajas, y además el Gobierno tendría que actuar con mayor efectividad hacia una política fiscal contractiva, porque el ritmo expansivo juega en contra de la política monetaria restrictiva. Además, se da la paradoja de que, más allá de que se puedan discutir sobre si la Reparación Histórica es mucho o poco, como también con los acuerdos con organizaciones sociales, ese dinero no provoca una expansión de la demanda sino que se va los precios, como consecuencia de haber desregulado todos los mercados. Como mínimo se debería haber garantizado el valor de una canasta básica de alimentos, para que un aumento del gasto público, que amplió el déficit fiscal, logre un efecto expansivo sobre la actividad.

– ¿Usted que es un experto en materia de hacienda pública, cree que en la Argentina hay margen político para hacer un ajuste del gasto?

– Siempre la decisión es política. Creo que el gobierno produjo una baja de derechos de exportación, de Impuesto a las Ganancias, Internos, y a los Bienes Personales, con la expectativa de que provocaría un aumento de la actividad que le levantaba la recaudación del impuesto al consumo que es el IVA. Pero al modificar tributos asociados al ciclo económico, cuando la actividad no responde, como ocurrió hasta ahora, cae la recaudación. Aunque es cierto que en un contexto donde está planchado el nivel de actividad producir un ajuste del gasto se puede volver insostenible en términos políticos. Parece claro que sin mercado interno, con una situación de debilidad de la demanda externa, no hay viabilidad de flujos de fondos que no sean financieros.

-En ese contexto, ¿qué debería hacer el equipo económico para incentivar el consumo que aliente la inversión, y al mismo tiempo no se dispare la inflación?

– Me parece que primero tiene que elegir sectores más mercado internista, es decir no sólo pensar en agro, minería y energía, sino también en industria. Veremos que ocurre con la obra pública. Pero, además debería ordenar una canasta básica de alimentos, del tipo de Precios Cuidados, o similar, como hacen todos los países, para que los sectores más humildes no vean licuados sus ingresos con la inflación. En 2010 cuando pusimos la Asignación Universal por Hijo sabíamos que estábamos invirtiendo 0,8% del PBI de arranque, pero también habíamos medido que la expansión de la demanda era de 1,2% del producto. Esto hoy no está pasando, porque no se midió bien el aumento de los precios de los alimentos con la desregulación de los mercados y el impacto que está teniendo en los bolsillos la suba de las tarifas, y cuánto le queda de sus ingresos para otros consumos, como ropa y otros bienes. Eso lo veo en La Matanza, toda la economía informal del Oeste empieza a sentir un impacto muy grande, porque antes lo que alcanzaba ahora no. Más aún con la quita del subsidio a los medicamentos a jubilados. Si el Gobierno no revierte esto, y al mismo tiempo no logra que la tasa de interés sea competitiva respecto de cualquier decisión de inversión, vamos a tener un problema que durará mientras el financiamiento internacional funcione. Pero, haber tomado deuda y no haber apuntado a un cambio sustentable del modelo económico le genera inconsistencia a la macroeconomía".



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