martes, 4 de abril de 2017

EL PRESIDENTE QUE NO ES

03 / 04 | POLÍTICA

Quizás con la única excepción de su discurso en la apertura de sesiones ordinarias de este año el Presidente Macri ha intentado por todos los medios posibles construirse como un antipresidente. Es cierto que buena parte de ese intento está vinculado al objetivo de diferenciarse de Cristina Kirchner. Pero no es menos cierto que responde a una concepción del propio Macri sobre el rol presidencial más ligado a un Jefe de Estado que a un Jefe de Gobierno. Como botón de muestra vale la relevancia dada a las visitas a dos de las principales monarquías europeas, en las cuales los dos roles están desdoblados.

Si a principios del mandato se mencionaba insistentemente que la subdivisión de los ministerios respondía al deseo de que nadie le hiciera sombra al Presidente desde alguna cartera clave, hoy podría decirse que el gabinete fragmentado es sólo una prolongación del proyecto antipresidencial. Una vez renunciado Prat-Gay el Gabinete alcanzó una grisura sin precedentes: salvo por Marcos Peña y Rogelio Frigerio (y Patricia Bullrich, cuya fama precedía esta gestión) los ministros podrían caminar por la peatonal Florida sin ser reconocidos. La aproximación gerencial a la gestión pública puede no haber dado sus frutos en términos de performance pero sí ha logrado quitarle a los ministros cualquier pátina política.

Podría afirmarse que el antipresidencialismo de Macri es una cuestión de estilo, una petición de principio no ya frente a su predecesora sino frente a la más amplia tradición de lo que la ciencia política ha calificado como hiperpresidencialismo o más coyunturalmente como presidentes dominantes. El propio gobierno ha alegado en su defensa su propia capacidad para reconsiderar y, eventualmente, desandar decisiones ejecutivas. Sin embargo lo que va configurándose, y ya a esta altura importa poco si es una consecuencia indeseada de ese "estilo", es una práctica de antigobierno.

"MACRI HA INTENTADO POR TODOS LOS MEDIOS POSIBLES CONSTRUIRSE COMO UN ANTIPRESIDENTE"

Orden – contraorden – desorden, la secuencia que Napoleón indicaba como la receta perfecta para perder una batalla, parece haberse convertido en el recorrido obligado de esta presidencia. La sorpresa con la que el Presidente recibió el rechazo al acuerdo de su gobierno con "su" Correo es un buen ejemplo del iter de sus decisiones. En resumen: no se trata de un "gobierno débil" ni de una administración que quiere "gobernar menos", como recomendaría el credo liberal. Se trata de una administración que desgobierna los asuntos en los que "se mete", multiplicando los problemas y creando nuevos allí donde no los había.

En la vida hay que elegir

Mientras las elecciones legislativas van tomando forma en el horizonte político, el gobierno nacional muestra cada vez más signos de agotamiento. El ímpetu inicial con el que eliminó el cepo cambiario y buena parte de las retenciones a las exportaciones de materias primas minerales y agrícolas se diluyó ante la falta de reacción de la actividad económica y la persistencia de la inflación. Pero si hay algo peor que una presidencia sin resultados elocuentes para mostrar es una presidencia sin ideas para salir del pantano.

El rendimiento electoral del frente Cambiemos no será proporcional a su rendimiento en términos de políticas públicas. En política no se trata tanto de qué se hace sino de quién lo hace (como demostró claramente el entonces candidato Macri cuando se postuló como garante de la continuidad de distintas políticas del gobierno anterior). La idea de que la única alternativa a Macri es el liderazgo de Cristina Kirchner no mengua porque a Macri le vaya peor de lo que incluso sus menos enfáticos votantes hayan imaginado: cuanto peor le va al gobierno más sube en su propia agenda la bala de plata del anticristinismo. En última instancia podría decirse que lo que mejor le salió a Macri es ganarle al tándem Cristina-Scioli.

"CUANDO PASA POR DEBAJO DE UN TREN, EL DESEO QUE PIDE EL GOBIERNO NO ES GANAR LAS ELECCIONES, ES QUE NO HAYA ELECCIONES"

Más allá de un posible revival del duelo Cristina vs. Macri, las elecciones 2017 no despiertan la libido del gobierno. Para cualquier funcionario del PRO ser cabeza de lista sería más un castigo que una oportunidad de entrar al plano electoral. La única con verdadera sed de votos es la arendtiana Elisa Carrió. No es de extrañar que el Presidente y sus ministros tomen distancia de la discusión sobre la distribución de la representación política que se abre con el año electoral. Las declaraciones de la Vicepresidenta respecto a la necesidad de "evitar la elección de medio término por lo menos por un tiempo para gestionar sin estar compitiendo" son muy elocuentes al respecto: cuando pasa por debajo de un tren, el deseo que pide el gobierno no es ganar las elecciones, es que no haya elecciones.

Sorprendentemente, el desapego oficialista a la instancia electoral no parece estar vinculado a un deseo de aplicar políticas antipopulares sin pagar su costo político. Mucha agua ha corrido desde que el Ministro de la Verdad, José Aranguren, tuviera algún tipo de preponderancia. Cuando hasta para el primer quintil era comprensible que la electricidad de un mes no podía costar menos que un atado de Particulares la decisión fue triturada por las idas y vueltas en su aplicación. Al igual que Cristina Kirchner con la "sintonía fina", a Mauricio Macri las ganas de "contener el gasto" le duraron poco.

¿Más Macri que nunca?

Podría decirse que, al igual que el de la Alianza, este gobierno representa demasiado. Quizás una vez dentro de Balcarce 50 Macri haya comprendido que el electorado que lo había llevado hasta ahí (el electorado de la segunda vuelta) no deseaba tanto controlar la inflación y el gasto como "sacarse de encima a Cristina". Así las cosas, las inversiones que no llovieron de las nubes privadas llovieron desde la nube pública: el aumento sostenido del gasto (sobre todo en obra pública y protección social) y una campaña publicitaria que perfectamente podría llevar la firma del gobierno anterior son testimonios irrefutables de que el gobierno no está haciendo tanto "lo que hay que hacer" sino lo único que puede hacerse cuando no hay nuevas ideas.

"EL ELECTORADO DE LA SEGUNDA VUELTA NO DESEABA TANTO CONTROLAR LA INFLACIÓN Y EL GASTO COMO "SACARSE DE ENCIMA A CRISTINA""

Si el aumento del gasto público sostenido por la deuda puede entenderse como forma de contención al daño social provocado por la recesión con inflación ¿cómo entender la falta de iniciativa en el terreno de la "calidad institucional"? Carlos Pagni recuerda insistentemente desde sus columnas la persistencia, e incluso la expansión del sottogoverno. Elisa Carrió, la verdadera autora intelectual del frente Cambiemos, lo denuncia con nombre y apellido. El Presidente no parece tenerlo entre sus prioridades. Ni siquiera la tan anunciada Boleta Única Electrónica pudo hacerse realidad al haber sido presentada con la misma liviandad que el acuerdo por el Correo o las rutas a una empresa con el traspaso de acciones todavía tibio.

El protagonista de una imaginaria remake argentina de la alemana Goodbye Lenin ambientada entre este gobierno y el anterior encontraría como único cambio inmediatamente perceptible el deterioro social producido por la recesión económica: no hay ni "Forever 21" ni "Apple Store" que pongan el liberalismo al alcance no ya de todos sino al menos de algunos más que las pocas grandes empresas beneficiadas por el gobierno. En resumen, un liberalismo sin Doña Rosa. No hace falta tener conocimientos avanzados de medicina para comprender los riesgos de un gobierno que asumió poniéndose los guantes para una cirugía mayor sin anestesia y terminó aplicando anestesia mayor sin cirugía.

"EL GOBIERNO ASUMIÓ PONIÉNDOSE LOS GUANTES PARA UNA CIRUGÍA MAYOR SIN ANESTESIA Y TERMINÓ APLICANDO ANESTESIA MAYOR SIN CIRUGÍA"

La convocatoria de la movilización del 1ro de abril fue impresionante. Pero más que una "Plaza del sí" a un proyecto presidencial fue la asamblea a cielo abierto de un sector dispuesto a hacer política por mano propia precisamente porque ese proyecto no existe. El mensaje del Presidente en chomba, más allá del juego de espejos que produjo su referencia gastronómica, ratifica su voluntad de ser un par inter pares a toda costa. El historiador Alejandro Galliano se preguntó el sábado si era "una marcha oficialista o una marcha opositora a un gobierno que ya no existe". Tal vez haya sido, de un modo más complejo, una movilización oficialista de un gobierno que (¿todavía?) no existe.

"MÁS QUE UNA "PLAZA DEL SÍ" A UN PROYECTO PRESIDENCIAL FUE LA ASAMBLEA A CIELO ABIERTO DE UN SECTOR DISPUESTO A HACER POLÍTICA POR MANO PROPIA"



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