martes, 13 de junio de 2017

La hora de los Frentes. Posturas e imposturas de la política

por Alejandro Mosquera

Quedan pocas horas para que venza el plazo de inscripción de alianzas y frentes electorales, y todas las miradas de los partidos políticos del oficialismo y la oposición están puestas en cómo se presentará el frente amplio que lidera Cristina Fernández de Kirchner y que tiene como principal partido al peronismo.

Sin embargo, el grueso de la población está concentrada en el día a día por los efectos catastróficos de las políticas económica y sociales que Cambiemos lleva a cabo. Para una parte sustancial de la población la cuestión es cómo llegar a fin de mes, qué gastos recortar, la incertidumbre laboral para los que tienen trabajo y la desesperación para los que no lo tienen. A la vez preocupados por la inseguridad y la inflación que golpean en las barriadas populares. Los pequeños y medianos empresarios intranquilos por el achicamiento del mercado interno y la baja en el consumo y cómo sobrevivir sin despedir trabajadores. Y así podríamos seguir enumerando dónde están puestos los ojos de esta pluralidad que llamamos pueblo.

Para cualquier analista ya está claro, el poder real y el poder político transitorio buscan terminar con la "anomalía" kirchnerista y que la alternancia permitida institucional sea con la exclusión del populismo transformador. En todo caso, se puede permitir hasta cierto populismo conservador de derecha o una izquierda dura pero testimonial. El mensaje es transparente, no se puede desafiar nuevamente a los que manejaron la Argentina.

Desde el poder permanente y las usinas ideológicas y mediáticas exigen que el peronismo se modernice o desaparezca (viejo sueño por derecha liberal-conservadora o por izquierda liberal). La modernización por supuesto quiere significar que pierda sus aristas transformadoras. También se exige a la "progresía" que se enfrente a esos populismos, su renovación serían las caras jóvenes, pero de viejas políticas inocuas para luchar contra el poder en el mejor de los casos, o la premiada posición de los "progresistas" que acompañan la lucha contra la "anomalía" o directamente son parte de la alianza ajustadora y neoliberal de Cambiemos.

El país en la actual situación, de América Latina y el capitalismo salvaje y globalizado, está frente a un conflicto entre el bloque dominante que ahora posee los resortes del gobierno nacional, de la ciudad y la provincia de Buenos Aires, y un bloque de las clases o sectores subalternos en construcción. Las elecciones de octubre representan un capítulo en esta lucha de intereses, proyectos de país, sueños, utopías y distopías.

No es sencillo. Y los dirigentes principales del campo nacional y popular están exigidos a crecer en su visión estratégica y en la inteligencia y profundidad de sus planteos. La unidad que tanto se proclama, es una necesidad de toda una etapa y del conflicto central que describimos. En su eje está construir mayorías, generar organización popular, dotar de fuerza y argumentos al país que soñamos partiendo de la destrucción que nos van a dejar los neoliberales.

En esta discusión una parte de nuestro pueblo tiene la mirada puesta en qué hará CFK, si se presentará o no. Muchos dirigentes vienen hace tiempo respondiendo que solo ella tiene la respuesta. Así parece una decisión personal de la ex Presidenta.

En mi opinión no es así. Los líderes tienen obligaciones frente a su pueblo. Crear una correlación de fuerzas diferente, en la sociedad, en los parlamentos, en el Congreso Nacional para frenar el ajuste, estimular la oposición real y popular, y comenzar a discutir los ejes o bases del cambio en el 2019, corporizan hoy esos deberes. Así que Cristina se presente no es una decisión personal, es sobre todo una decisión colectiva y una necesidad de nuestro pueblo.

Si esto es así todos los que queremos derrotar a los neoliberales y preparar un nuevo gobierno popular tendríamos que ayudar a ese cometido de la unidad y a lograr que Cristina Fernández de Kirchner sea candidata en la provincia de Buenos Aires a primera senadora. Por más diferencias y análisis de los yerros de los gobiernos Kirchneristas, no se construye unidad haciendo anti-cristinismo, no por la expresidenta que ha demostrado tener mucho aguante y espalda frente a los ataques salvajes que recibe a diario, sino porque eso divide a nuestro pueblo. Es una estrategia de derrota por más que se quiera justificar en el techo que tiene Cristina en una sociedad con tremenda grieta fabricada por los poderosos y ayudada por nuestros errores.

Por supuesto que la derrota electoral del 2015 reconoce los propios yerros y límites del proceso nacional y popular. Pero fue clave la división del peronismo y del bloque social que se conformó para sacar al país del infierno en el 2003. La paradoja es que quienes ayudaron a esa fractura y permitieron el ascenso de la derecha ajustadora y neoliberal al gobierno, en especial en la segunda vuelta presidencial, ahora buscan después de que el Frente Renovador no se tornara en una fuerza de gobierno en el país ni en la provincia, cuestionar la posibilidad real de triunfo frente a Cambiemos. O los que rompiendo el contrato electoral con sus electores decidieron asumir como propias las peores propuestas del oficialismo que necesitaban tratamiento legislativo pretendan ser la renovación del movimiento nacional y popular.

A entender de muchos la mejor fórmula hubiera sido CFK y Randazzo. En mi opinión no tanto por lo que podría sumar el exministro de Cristina, que seguramente es importante, sino sobre todo por la capacidad de restar 4 o 5 puntos al Frente tan necesarios en la lucha electoral contra Macri-Vidal.

El macrismo y los medios hegemónicos tratan de imponer una visión sobre la situación del país que no coincide con la realidad, pero del lado nacional y popular reducir todo a la estafa que llevaron a cabo tampoco expresa la complejidad de la batalla política y cultural que se libra. La estrategia de la grieta utilizando las viejas divisiones a calado hondo, una parte de los sectores populares están convencidos que Cambiemos expresa una modificación a las conductas políticas tradicionales y todavía le da crédito, y la derecha económica y cultural siente que está dando una batalla clave hacia el futuro. Todos esos condimentos hacen que la disputa electoral va a ser difícil para las distintos agrupamientos y frentes. ¿Podrá el Frente para la victoria ampliarse y más allá de los grupos y partidos que lo integren, expresar esa diversidad y pluralidad que está en el seno de la sociedad y que no es representada por la sumatoria de partidos en las alianzas electorales, sino en las políticas, en las propuestas, en las prácticas y en los candidatos?

¿Podrá Cambiemos expresar y mantener su contundencia electoral de la última elección habiendo mostrado su real plan de gobierno? ¿Podrá mantener sus votos con candidatos sin gran conocimiento y con poca trayectoria, y haciendo centro en Vidal podrá trasladar sus adhesiones a esos postulantes?

¿El frente renovador lograra que sus votos no emigren a Randazzo si va separado de Cristina y al propio Cambiemos? ¿pagará costos por co-gobernar la provincia de Buenos Aires? ¿Dara algún resultado positivo que tradiciones progresistas (de dudosa actualidad) su subordinen a un peronismo conservador de Massa y Barrionuevo?

¿La izquierda trotskista logrará mantener sus guarismos o la ocupación por el Kirchnerismo del centro de la oposición a Cambiemos le restará votos? ¿Su crecimiento en diversos cuerpos de delegados sindicales derivara en un crecimiento electoral entre los trabajadores?

Todavía no están las respuestas, si está planteado el escenario en cual deben construirse.



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