jueves, 6 de julio de 2017

Ganar por el voto joven

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La edad del votante influyó tanto en las presidenciales argentinas como en las de Estados Unidos o en el referendo por el Brexit. Con los números, los sociólogos Eduardo Chávez Molina y Pablo Molina Derteano analizan el comportamiento de los sub 30 y aseguran que con una mayor participación el resultado hubiera sido diferente. Cómo se mueve la generación que participa en marchas, expresa sus opiniones y denuncias por Internet, disfruta y promueva la hibridación cultural, pero se muestra renuente a la representación política tradicional.


Las recientes elecciones en Francia y las cada vez más cercanas legislativas argentinas representan momentos decisivos, donde se juegan rupturas y continuidades de políticas económicas y sociales; de integraciones y desintegraciones internacionales. Pero si bien hoy podemos hacer consideraciones analíticas sobre lo que potencialmente podría ocurrir con el sufragio de octubre, este trabajo comenzó hace unos meses cuando se cumplía un año de la derrota electoral del kirchnerismo y, su contracara, la asunción al gobierno de la alianza política Cambiemos.

 

Los datos de una elección sólo arrojan resultados por jurisdicción, por lo cual es la única forma oficial de aproximarse a alguna explicación del comportamiento de los votantes. A cambio de ellos existen los sondeos previos y los "boca de urna" que escudriñan con mayor detenimiento otros factores como sexo, edad, clase ocupacional, ingresos y educación entre otros.

La edad del votante influyó tanto en las presidenciales argentinas como en las de Estados Unidos o en el referendo por el Brexit. Con los números, los sociólogos Eduardo Chávez Molina y Pablo Molina Derteano analizan el comportamiento de los sub 30 y aseguran que con una mayor participación el resultado hubiera sido diferente. Cómo se mueve la generación que participa en marchas, expresa sus opiniones y denuncias por Internet, disfruta y promueva la hibridación cultural, pero se muestra renuente a la representación política tradicional. Foto de portada: DYN Fotos interior: Ed Everett, Mani Podemos, Eviú, Flickr creative commons.   Las recientes elecciones en Francia y las cada vez más cercanas legislativas argentinas representan momentos decisivos, donde se juegan rupturas y continuidades de políticas económicas y sociales; de integraciones y desintegraciones internacionales. Pero si bien hoy podemos hacer consideraciones analíticas sobre lo que potencialmente podría ocurrir con el sufragio de octubre, este trabajo comenzó hace unos meses cuando se cumplía un año de la derrota electoral del kirchnerismo y, su contracara, la asunción al gobierno de la alianza política Cambiemos.   Los datos de una elección sólo arrojan resultados por jurisdicción, por lo cual es la única forma oficial de aproximarse a alguna explicación del comportamiento de los votantes. A cambio de ellos existen los sondeos previos y los "boca de urna" que escudriñan con mayor detenimiento otros factores como sexo, edad, clase ocupacional, ingresos y educación entre otros.
Nuestra búsqueda inicial frente a la ausencia de datos fue acceder a las encuestas a "boca de urna" de las consultoras. El objetivo fue tener una aproximación socio-demográfica, que no tiene ninguna otra forma de comprobarse a través del propio sufragio. Solicitamos a las consultoras más prestigiosas del país la información nacional, cuyo margen de error esté registrado y que hayan respetado cuotas por edad. La otra condición fue que el resultado haya estado cerca de la diferencia final del escrutinio (2,6%).   Dimos con la encuesta que cumplía dichos requisitos aunque no contamos con las bases de datos, por una cuestión de propiedad de la información. Los resultados pueden anticiparse: la edad de los y las votantes emergía como una variable que parecía explicar más que otras cuál era la orientación de la elección. Pero, a medida que dirigíamos la mirada más allá de la situación puntual de Argentina en noviembre de 2015 y nos acercábamos a otros países y elecciones o a la imagen de popularidad del actual gobierno, encontrábamos que este hallazgo se tornaba más y más revelador.   A partir del trabajo de la generación del Milenio, descrita en el libro "The Lucky Few: Between the Greatest Generation and the Baby Boom" de Elwood Carlson, podemos apreciar por lo menos en su conducta electoral claramente diferenciada a la población de mayor de 50 años. El análisis limitado a la existencia tan sólo de esta variable, edad (no tenemos clase ocupacional, estudios, ingresos, jurisdicción, etc.) tiene su límites en relación a la escasez de información sobre otros componentes, pero también es importante.   En el libro "Millenials Rising: the next great generation", de los sociólogos Neil Howe y William Strauss, se caracteriza a esta generación -que alcanza la mayoría de edad en el nuevo milenio- como muy vinculados a las nuevas tecnologías de información y altamente predispuestos al cambio. Si bien no logran establecer diferencias claras entre el cambio personal y el cambio social. Los autores los vinculan al liberalismo norteamericano, una tendencia de centroizquierda, muy favorable al movimiento y a la protesta, pero escéptica a la participación tradicional en elecciones o en partidos políticos, sindicatos y organizaciones de este tipo.
La edad en el mundo: del Viejo Continente al huracán Trump. Es un dato muy difundido que, en Occidente y en algunos países asiáticos, se está pasando por un proceso de envejecimiento poblacional y de declinación de las tasas de fecundidad. La proporción de adultos mayores de 60 años empieza a crecer numéricamente y tiene impacto en diversas cuestiones de agenda, de las que la más notable es la del agotamiento del sistema previsional.   Ese peso mayor de la población adulta y adulta mayor da claras señales de envejecimiento poblacional también mostró comportamientos electorales claramente diferenciadas, por ejemplo el referéndum de Gran Bretaña sobre la continuidad en la Unión Europea, conocida mundialmente como el Brexit. Dice el diario conservador español El Mundo: "… los grandes perjudicados por la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea: los jóvenes. Con un ingrediente añadido que hace aumentar aún más su ira, y es que han sido los viejos los que han decidido su futuro por ellos. El 75% de los jóvenes de entre 18 y 24 años votó a favor de que el Reino Unido siguiera formando parte de la UE. Sin embargos los ancianos y los hijos del 'baby boom', muchos de los cuales ya peinan canas y lucen portentosas barrigas, les han ganado la partida. Una alianza -bastante decrépita, la verdad- que prefiere los recuerdos a los sueños, el pasado al futuro, la nostalgia al mañana y que sin pestañear ha impuesto su credo a los chavales" (diario El Mundo, versión digital 26/06/2016).    Las últimas elecciones en España (2016), otra sociedad con claros indicadores de envejecimiento poblacional, también mostró un claro voto generacional expresado mayoritariamente en PODEMOS, que sorprende en los más jóvenes. El 42,1% de los mismos dicen haberlo votado, una predilección generacional contundente. Si lo analizamos con los otros grupos de edades, y si lo comparamos con los mayores de 65 años, grupo etario en el cual PODEMOS sólo logra el 9,8% muy distinto al performance de los votos conservadores del Partido Popular, que aumenta su caudal sobre todo en la población mayor de 45 años.
En elecciones en los Estados Unidos también aparecen las brechas por edad. Un 55% de personas entre 18 y 39 años apoyó a Clinton, en la misma franja etaria sólo un 37% apoyó a Donald Trump. Puede observarse que los porcentajes de apoyo a la candidata demócrata, en las otras franjas de edad tienden a disminuir paulatinamente y a cambiar la tendencia por edad a partir de los 45 años, y sobre todo en el grupo poblacional de 45 a 64 años, donde se aglutina la mayoría de los votantes (40%).   ¿Puede esperarse que en los próximos años, estemos en presencia de elecciones en donde haya un alto porcentaje de voto conservador y/o de derecha impulsado por generaciones de adultos mayores? La respuesta es compleja. Deben tenerse en cuenta, por lo menos, dos factores.   El primero son los regímenes electorales vigentes en cada país. En muchos países occidentales, el voto no es obligatorio lo que produce un efecto estadístico curioso. Los adultos mayores no sólo son más en términos poblacionales absolutos sino que tienen que participar más que los y las jóvenes en las elecciones. Su mayor peso es una combinación del efecto demográfico que se potencia con un régimen de elecciones voluntario.
El segundo es que puede ser un tanto lineal y llevar a confusión la asociación entre conservadurismo (o progresismo) con la edad. En todo caso, la edad, en una interpretación sociológica, tiene dos vertientes. Por un lado, el transitar determinada franja del trayecto vital no deja de tener un impacto relativamente homogéneo en muchas personas; y, al mismo, tiempo pesan las diferentes trayectorias generacionales y el cúmulo histórico de vivencias.
Las y los adultos mayores tienden a ser más renuentes a las innovaciones políticas en la medida que históricamente sus trayectos vitales se dan en sociedades cuyos dispositivos presionan para que sus subjetividades prioricen la conservación de sus condiciones de vida existentes por sobre el mejoramiento. En términos políticos, se convierten en un electorado que demandaría la conservación del status quo o bien se opondría a "cambios radicales", que pudieran afectar.   En los casos del Brexit o de las elecciones españolas pesa este elemento conservador asociado a la edad y al miedo a un cambio radical, pero también hay una memoria histórica vinculada a un pasado al que no se quiere retornar (la España antes de la UE) o a uno al que se desea retornar, como es el caso de la Gran Bretaña "autosuficiente" del Commonwealth.   Trump, en cambio, en términos de conservadurismo es una ambigüedad. Para algunos analistas, como Javier Solana o Robert Mathews, el actual presidente estadounidense encarna un fuerte conservadurismo, centrando su discurso y su plan de acción en volver el tiempo atrás y terminar con los "daños" que supuso la globalización a la clase trabajadora norteamericana y al establishment más tradicional. Pero para otros analistas, como Beatriz Díez o Evan Tracy, Trump representa una ruptura contra la clase política tradicional, entre la cual el electorado ubicaría a la "dinastía Clinton". Tampoco se ha pronunciado una mayoría electoral, ya que en números ganó Hillary Clinton, pero Trump la superó en electores. Ahora, en donde hay consenso, es en que muchos norteamericanos y norteamericanas mayores sintieron el llamado a volver a un pasado industrial glorioso, "make America great again".
Entonces es posible avanzar al caso argentino considerando que, en gran medida, hubo un duelo entre generaciones, y que una de ellas se caracteriza por un fuerte elemento conservador, proveniente de una etapa del trayecto vital.   Cuando hablamos de generaciones preferimos hablar, como indican Carmen Leccardi y Carles Feixa (2005) de constelaciones generacionales cruzadas atravesadas por procesos sociales complejos que definen perfiles en sus experiencias vitales y sus preferencias. Puede decirse que quienes hoy tienen menos de 30 años, se alimentan de las generaciones T (por Tribu Urbana) y R (Por Red), según la clasificación de Feixa, en un artículo denominado "Generación xx. Teorías sobre la juventud en la era contemporánea." Son dos generaciones que tienen en común la priorización de la defensa de los derechos individuales y sociales junto a la condena a las corporaciones y la globalización pero, que a su vez, descreen en forma creciente de la representación de los partidos políticos.   Inversamente, las otras generaciones anteriores, suelen ser clasificadas como más conservadores. Pero en especial para la generación de los mayores de 50 que en su socialización política primaron las ideas vinculadas a la defensa y el sacrificio. Son generaciones más propensas a aceptar el cierre de fronteras – internas y externas – como medio de preservar sus condiciones de vida socioeconómicas, a la vez, que aceptan la "necesidad" de "hacer sacrificios" en torno a la estabilización macroeconómica. Para esta generación, puede ser más "cómodo" el argumento de la culpa del gobierno anterior y la necesidad de "pagar la factura" en la actualidad.   A su vez, esta franja etárea mayor de 50 años, se informa más a través de medios tradicionales como la TV abierta o la radio; mientras que la generación R, debe su nombre a utilizar nuevas tecnologías y sopesar continuamente diferentes fuentes de información. Las anteriores generaciones son más fieles a un canal, a un periodista, a un multimedio. Y, además, siempre que pueden, votan. 

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