miércoles, 28 de junio de 2017

En el Kilimanjaro la pelota sí dobla

Dos equipos de fútbol femenino entraron al Guinness por jugar a casi 6000 metros de altura
No hubo goles, pero las mujeres jugaron noventa minutos en una cancha armada en el cráter del volcán, que tenía las medidas reglamentarias. De la hazaña participó la argentina Josefina Martorell, que habló con este diario.
La argentina Josefina Martorell, en pleno escenario                  del partido record.
La argentina Josefina Martorell, en pleno escenario del partido record. 

Dos equipos de fútbol femenino con jugadoras de casi veinte países de los cinco continentes, entre ellas, la argentina Josefina Martorell,  lograron el Record Guinness de disputar un partido en la mayor altitud de la historia: a casi 6000 metros de altura, cerca de la cima del Kilimanjaro, el pico más alto de África, en el noroeste de Tanzania, para promover la equidad de género en el deporte y llamar la atención a nivel mundial sobre las dificultades que enfrentan las niñas y las mujeres a la hora de practicar fútbol. "Lo logramos. Record Guinness. Fue la experiencia más difícil y desafiante a nivel físico de mi vida", contó ayer a PáginaI12 Martorell, todavía conmovida por la vivencia extrema que significó el proyecto, impulsado por el movimiento "EqualPlaying Field". A dos años del Mundial de Futbol Femenino, Francia 2019, el objetivo fue también generar conciencia sobre las necesidades de financiación para el desarrollo del fútbol de mujeres.

"Esto quiere decir que las mujeres podemos hacer todo lo que nos proponemos y más", destacó la joven economista, de 34 años, apasionada por el fútbol desde niña, y que dejó un puesto en la banca financiera para dedicarse al trabajo humanitario, primero en Médicos sin Frontera y luego en la Cruz Roja Internacional, –y tal como contó PáginaI12– en la última década participó en misiones en los territorios más calientes del planeta, arrasados por conflictos bélicos o grandes hambrunas, como Congo, Níger, República Centroafricana, Sudán del Sur y Afganistán, donde siguió jugando sus picaditos, a veces con la cabeza cubierta por un velo.

El ascenso a la cima del Kilimanjaro comenzó el 17 de junio. "No sé si lo volvería a hacer. Sacó todas mis energías", reconoció Martorell desde Tanzania, todavía exhausta pero feliz por haber sido parte de semejante hito. Fueron siete días de ascenso, en condiciones climáticas muy hostiles. "Por momentos nos dolía la cabeza, o nos faltaba el oxígeno. Cada noche, nos controlaban el ritmo cardíaco y la saturación de oxígeno para ver si podíamos seguir al día siguiente", contó la argentina. Además, a medida que ascendían, la temperatura bajaba considerablemente, al punto que el último día de ascenso casi se le congelan los pies. Participaron unas cuarenta jugadoras de Gran Bretaña, Tanzania, EEUU, Egipto, Nepal, Jordania, México, Francia, Alemania, Suecia, Tailandia, Líbano, Canadá, Afganistán y Bahrein, y arbitras de Suiza y Australia, entre otros países.  

La cancha la armaron con las medidas y los arcos reglamentarios en el cráter del volcán inactivo que alberga el Kilimanjaro, a cien metros de la cima, a 5.729 metros de altitud. Para lograr el Record Guinness tenían que jugar 90 minutos con al menos 8 jugadoras en la cancha: aunque cada tanto, algunas tenían que salir a recuperar oxígeno, consiguieron el cometido. Martorell se destacó porque jugó los dos tiempos, sin requerir de ayuda. El suelo de lava, como una arena negra, dificultó aún más las posibilidades de desplazarse. No hubo goles –"llegábamos tan cansadas al arco que el tiro era muy fácil que fuera atajado por la arquera"–, pero si la satisfacción del objetivo logrado con el trabajo en equipo. Después del partido, ascendieron dos horas más a paso muy lento, hasta alcanzar la punta de la montaña, a 5891 metros de altura. Al descender, la argentina se descompuso, tuvo nauseas, fiebre, frío, pero logró recuperarse. "Era agotamiento", contó. 

Martorell es aficionada. Pero en los dos equipos había varias jugadoras destacadas a nivel mundial, algunas, ex seleccionadas, como Rachel Unitt, emblemática ídola inglesa, ya retirada del fútbol profesional, Sasha Andrews, que brilló en Canadá, Lori Lindsey, en EE.UU.,  y Yasmeen Shabsough, en Jordania. Martorell juega en la ciudad de  Buenos Aires varios torneos, y forma parte de Fútbol Militante, una agrupación que promueve el fútbol de mujeres. "Jugamos para divertirnos pero sobre todo para hacernos más fuertes y tratar de cambiar un poco el mundo heteronormativo y patriarcal", dice. 

La gestora de esta iniciativa fue la inglesa Laura Youngson, quien llegó al futbol después de dedicarse al ballet, y terminó jugando en geografías tan disímiles como Brasil, Mozambique o Azerbaiyán. Youngson trabaja en el desarrollo de una Copa del Mundo infantil y en proyectos de igualdad para políticas gubernamentales.

-¿Qué buscaban con el partido en la cima del Kilimanjaro? –preguntó este diario a Martorell.

–Desafiar las normas para niñas y mujeres en el deporte, las oportunidades que existen actualmente y la aceptación y el respeto que se ganan como atletas y como personas. Es especialmente preocupante que globalmente la mayoría de las niñas deja los deportes cuando llegan a la adolescencia y generalmente esto ocurre por las presiones y expectativas que la sociedad tiene sobre ellas, o en algunos casos porque se les prohíbe específicamente seguir jugando. Además, reconocer la inequidad sistemática, estructural a la que las niñas y mujeres debemos hacer frente, no solamente en el deporte sino en la mayoría de los aspectos de nuestras vidas. 

Varias de las convocadas para buscar este Record Guinness tienen trayectorias en proyectos sociales o humanitarios, además de pasión por la Nº 5, igual que Martorell. Como la también británica Maggie Murphy, que jugó o entrenó en equipos de Tanzania, Ruanda, Guadalupe, Países Bajos, Alemania e Inglaterra. Y ahora se desempeña en la lucha contra la corrupción mundial y cuestiones de derechos humanos. O la estadounidense Erin Blankenship, que formó parte de equipos en Arabia Saudí, Reino Unido, Islandia, Estados Unidos, China y Afganistán. Y trabajó en zonas de conflicto y devastadas por la guerra y actualmente impulsa proyectos en Siria e Irak fomentando y apoyando el fútbol femenino.



Una montaña de mierda de la buena

por Rafa


Hoy, después de 20 años aproximadamente, estuve presente en una reunión de Comisión en Diputados, específicamente en la de Intereses Marítimos en la cual se esperaba tener despacho de comisión por la Ley de marina Mercante e Industria Naval. Por tercera vez Cambiemos no dio quorum y en la puerta del recinto los asesoretes de Cambiemos, si veían algún legislador de ellos los sacaban cagando para que no entraran por error, se sentaran y dieran quorum. Fue algo lamentable. La calentura fue evidente y manifestada por legisladores del PJ, FPV, FR y Radicales de Entre Rios. No voy a reiterar acá lo que significa una ley que generará divisas, empleo formal y desarrollo industrial.

Está mas que claro que el gobierno no la quiere.

Son una montaña de mierda y de la buena


Negocitos gaseosos


http://www.infobae.com/politica/2017/06/24/la-tortuosa-trama-del-negocio-que-habrian-armado-enarsa-y-una-agencia-maritima-privada-para-sobrefacturar-millones-de-dolares/

La tortuosa trama del "negocio" que habrían armado Enarsa y una agencia marítima privada para sobrefacturar millones de dólares

La denuncia de un grupo empresario, ya en manos de la Justicia, implicaría 80 viajes por año de barcos gaseros que habrían generado entre 2008 y 2014 72 millones de dólares

Millones de argentinos ignoran que el gas licuado llega al país… en barcos.
Se llaman, claro, barcos gaseros. Otros millones de argentinos suponen que esa operación es tan transparente como el gas. Error. No siempre…

Desde el 2008, el Estado (el país, todos nosotros) habría perdido una fortuna en dólares con cada cargamento. Y como siempre, un negocio a pérdida habría sido, para unos pocos, una ganancia tan ilícita como sideral.

Vamos a los posibles hechos.

La crisis energética que arrastramos es una vergüenza. Hace una década nos autoabastecíamos y hasta exportábamos gas… y ahora llevamos años pagándolo a precio de oro. Pero a río revuelto, pescadores alegres…

En ese 2008, el gobierno de turno, a través del Ministerio de Planificación Federal (cabeza: Julio De Vido), puso en los puertos de Escobar y Bahía Blanca dos grandes barcos. Nombre: regasificadores. Tarea: inyectar gas metano en la red para abastecer a los hogares. En especial, la capital y sus alrededores.

¿Cómo funciona la operación? Esos barcos necesitan ser alimentados por otros más chicos: los gaseros.

Esa tarea, grande, compleja y onerosa, instaló a la Argentina en el primer puesto del ranking mundial de clientes de empresas navieras que proveen gas. No es un mérito: es un barril sin fondo… Porque al precio del cargamento se agregan servicios: zarpada y atraque de barcos, remolque, tasas migratorias y aduaneras, practicaje y pilotaje, etcétera.

En el mercado naviero internacional, toda operación de un barco fuera del alcance de su empresa propietaria se hace a través de empresas localesSe llaman agencias marítimas. Y aquí habría nacido el gran negocio denunciado por el grupo empresario Servicios Marítimos SA en la Oficina Anticorrupción (expediente 12514/16), que lidera Laura Alonso, quien luego pasó ese clavo ardiente al juzgado federal de Claudio Bonadío.

Laura Alonso lleva adelante la denuncia                              presentada por el grupo empresario Servicios                              Marítimos S.A. ante la Oficina                              Anticorrupción  (NA)
Laura Alonso lleva adelante la denuncia presentada por el grupo empresario Servicios Marítimos S.A. ante la Oficina Anticorrupción  (NA)

Ese grupo empresario naviero maneja diversas operaciones: buques de carga, lanchas para transporte de personal, practicaje, remolque. Su cabeza es el capitán Miguel Doñate, el denunciante –primero de modo individual y dos meses después representado al grupo–, su CEO es Joaquín Salas, y sus oficinas están en Puerto Madero, donde Doñate fue entrevistado por Infobae, único medio que tuvo acceso a la denuncia y sus detalles.

La agencia cuestionada se llama Marítima Meridian. Desde su creación en 1985, es una típica empresa familiar. Su titular es Jorge Samarín, y los directores titulares sus dos hijos: Lucas y Matías. Que, según la denuncia, habría facturado, para un solo viaje 597.963 dólares (con 92 centavos). Viaje que se tomó como leading case de la que sería, presuntamente, una vasta maniobra ilícita, y que fue hecho por el barco gasero Exel.

Fuera de contexto, y para el público común, esa suma no es mucho ni poco dinero. Pero en contexto, sería un gravísimo asalto al Estado. Porque el contrato modelo que redactó la empresa de gas Enarsa para los vendedores de gas licuado fijó un tope, para toda la operación, de 60.000 dólares.

Diferencia a favor de la agencia Marítima Meridian: apenas 537.963 dólares, de los cuales una parte sustancial sería -según los denunciantes- non sancta. Importante: por contrato, toda suma mayor a 60.000 dólares sería absorbida por Enarsa.

Vamos llegando al presunto escándalo…

Porque según la denuncia, el sistema de facturación y cobro "se alteró en forma dolosa y con grave perjuicio para el Estado".

¿De qué modo? ¿Con qué trama? Vamos paso a paso…

El barco gasero llega a puerto, y la agencia marítima local contrata todos los servicios de llegada, estadía y zarpada. La suma promedio de esos servicios roza los 600.000 dólares por cada viaje. Según la frecuencia de los viajes, los prestadores de servicios ofrecen tentadores descuentos a sus clientes más fieles, que pueden llegar al 25%.

Y es en este punto de la trama donde Marítima Meridian habría logrado una suculenta diferencia…

¿Cómo? Según el contrato de Enarsa (empresa nacional: no olvidarlo) con las proveedoras de gas, éstas no debían pagar por el costo de los servicios locales más allá de… 60.000 dólares.

¿Qué servicios? Portuarios de todo tipo. Si superaban esa cifra, la diferencia debía ser pagada por Enarsa… a través de Marítima Meridian. Que sobre esa base se habría ideado una astuta trama de corrupción…

¿De qué modo? Al final de cada viaje –y de ser cierta la denuncia–, Marítima Meridian le facturaba a las proveedoras navieras el total del costo operativo.  Los cargos eran enviados a la agencia internacional Morgan Stanley, de Londres. Ésta los pagaba, depositaba el dinero en una cuenta de Marítima Meridian en el extranjero, y de inmediato le facturaba a Enarsa… toda suma que superara los 60.000 dólares de tope. Y Enarsa pagaba…

Pero Marítima Meridian, al parecer, se limitaba a pagar los importes netos… luego de deducidos los descuentos de premio a los clientes fieles.

Conclusión. Para un viaje tipo (el del barco Exel costó 597.963 dólares), entre lo pagado por Enarsa y lo realmente pagado por Marítima Meridian, la bonificación para ésta habría sido de 154.738 dólares (con 98 centavos).

El juez Claudio Bonadio  investiga la                              causa que implicaría a Enarsa y Marítima                              Meridian (NA)
El juez Claudio Bonadio  investiga la causa que implicaría a Enarsa y Marítima Meridian (NA)

Para ponerlo blanco sobre negro, o viceversa: Marítima Meridian se habría embolsado dinero del Estado (de todos nosotros…). Una cifra pavorosa que no sabe qué destino final tuvo o a qué manos fue a parar. Punto crucial que hoy está investigando la justicia.

Entre 2008 y 2014, promedio, hubo 80 viajes al año. Multiplique, lector, 80 por 150.000 dólares (redondeando…). Sí: 72 millones de dólares.

Entre 2014 y 2015, por gestión de Axel Kicillof, Marítima Meridian perdió el control del puerto de Escobar. Sólo le quedó el de Bahía Blanca.

A partir del triunfo y el gobierno de Cambiemos, los ministros de Energía y de Transportes revisaron la oscura trama del negocio. Sospechando que uno de los focos de los sobrecostos eran los servicios de practicaje y remolque, Enarsa licitó el servicio de remolque, y contrató para ello a la empresa danesa Maersk.

Pero Maersk armó una UTE (Unión Transitoria de Empresas), recurriendo a su propia filial (Svitzer)… e increíblemente, ¡al grupo Marítima Meridian! Que de ese modo habría vuelto a manejar el mismo negocio anterior. Sólo cambió su nombre: hoy se llama Logística y Servicios. Y logró así el monopolio de la entrada y salida de barcos en ambos puertos.

Pero nadie tuvo en cuenta la ley 26659/11… que prohíbe a las empresas que exploran la existencia de hidrocarburos (petróleo, en fin) operar en cualquier zona del Atlántico Sur controlada por la administración británica, y prestar servicios en aguas argentinas por cuenta y orden del Estado nacional. Exactamente lo que hacía Maersk, la empresa elegida en la licitación por los ministros Guillermo Dietrich y Juan José Aranguren. Ambos sostienen que la ley es anacrónica. Pero es la ley (Dura lex, sed lex…)

Hasta ahora, la justicia contencioso administrativa mantiene interdictos los barcos de Maersk hasta que demuestre que no violaron esa ley.

Y nada fácil tarea le espera al juez Bonadío si decide desentrañar la madeja de los barcos gaseros. Madeja que, de confirmarse la denuncia en todos sus términos, se parece más a las turbias aguas del Riachuelo que al volátil, transparente, incoloro e imprescindible gas. El mismo que alguna vez nos sobraba…





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