domingo, 16 de julio de 2017

Comienzan las confesiones del entorno

ELECCIONES13:15
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Populismo de emergencia
Por Ignacio Fidanza
El Gobierno constató que la polarización se les empezó a ir de las manos y apura medidas para evitar un triunfo de Cristina.

Se soltaron las trenzas y sacaron del cajón un plan de emergencia: Inyectar dinero como sea en los bolsillos, bombear la demanda para que aumente el consumo y se genere sensación de mejora que permita ganar las elecciones. Cualquier similitud con el kirchnerismo no es casual.

Apretado por las encuestas el gobierno de Mauricio Macri está haciendo casi todo lo que criticaba. Pero como no son kirchneristas lo mezclan con anuncios de ajuste, responsabilidad fiscal y suba de tarifas...para después de las elecciones.

El mensaje es tan transparente que lastima los ojos. Ahora vamos a hacer dos meses de populismo: 50 mil millones de pesos en préstamos blandos con plata de la Anses, descuentos del 50 por ciento en supermercados a clientes del Bapro, obra pública a fondo y sigue la lista. Después de octubre volvemos a gobernar en serio.

No es una administración bipolar. Es una fuerza en minoría tratando de sobrevivir. Nada para criticar por ese lado. "Si perdemos las elecciones no se puede hacer nada, la prioridad es la fortaleza política", explica un ministro de los importantes.

El mensaje es tan transparente que lastima los ojos: Ahora vamos a hacer dos meses de populismo y después de octubre volvemos a gobernar en serio.

Al gobierno de Macri lo corren por izquierda por ajustador y por derecha por populista. El infierno previsible del gradualismo. Pero una vez embarcados, a semanas del desafío electoral, complicado bajarse. "Yo entiendo lo que me decís, pero ustedes con esa receta duraron quince días en el Gobierno", lo despachó de buena manera Nicolás Dujovne a su amigo Daniel Artana, economista de FIEL y obsesivo del equilibrio fiscal.

El Gobierno tiene un plan que puede no gustar pero es bastante pragmático, lo que no significa que vaya a resultar. El modelo teórico es Israel: Una economía que corrige y normaliza por "acumulación". Es un plan de ocho años piso y treinta de meta. En cuatro años está todo por la mitad y es la mitad mala.

Inflación, crecimiento, equilibrio fiscal, reconversión productiva, modernización laboral, reforma impositiva. La agenda es desmesurada, pero se eligió ese camino largo y según el Gobierno más sostenible que el shock que ensayó el menemismo.

El problema es como ganar elecciones en el tramo áspero, cuando te crecen los decepcionados hasta en los entornos más amigables. Y ahora sí estamos hablando.

El Sinaí de Macri

Para cruzar esas arenas ardientes, el gobierno trazó dos estrategias: Polarización con Cristina y agenda ética y de seguridad, de lucha contra las mafias y los corruptos. Por eso Lilita, Ocaña y Gladys. Dos banderas que se suponía, se retroalimentaban en un círculo virtuoso al estilo Ciudad Gótica: Allá los malos, acá los buenos.

Ese modelo tenía riesgos altísimos y era la contracara ventajera de un plan más maduro: Acuerdo de gobernabilidad con el peronismo racional -incluido Massa- y despliegue de una agenda de reformas que trascienda la coyuntura electoral inmediata. El costo era que exigía compartir el poder, algo que a Macri le gusta tan poco como a Cristina. Mejor polarizar y acumular en casa.

Hoy los diarios se enteraron que la agenda de corrupción no suma demasiados votos, o mejor dicho no alcanza para atenuar las penurias económicas. Buenos días, buenas noches. Y el otro efecto era tan previsible que casi aburre comentarlo: Cristina en la polarización puede ganar y de hecho por ahora encabeza las encuestas.

Entonces, el gobierno rompió el vidrio de emergencia y apuró un plan populista. Lo que más allá de su efectividad -que no hay que descartar-, implica una enorme derrota simbólica. ¿No era que habíamos pasado de una atrasada visión de economía cerrada y bombeo de la demanda, a una abierta e integrada, basada en la inversión, la ampliación de la oferta y la exportación de bienes con valor agregado? Puede ser, pero después de las elecciones ¿Pero en dos años no hay elecciones de nuevo? ¿Cómo sería, nos modernizamos en los años pares y nos volvemos populistas en los impares?

Si suena inconsistente es porque acaso lo sea. Pero esto es política, un mundo donde la consistencia no es necesariamente un valor, ni mucho menos garantiza el éxito. Macri está tratando de encontrarle su cuadratura al círculo y oscila entre la frustración por las reformas que no terminan de arrancan y las urgencias electorales, mientras le prende una vela al cambio por "acumulación".

Es un plan posibilista y poco creativo que pone como eje la supervivencia, una tarea siempre difícil en la voluble Argentina.


El PRO ratifica su vision porteña

PLAN BELGRANO
sábado 15 de Julio de 2017

Otro error del Gobierno en el nombre de un municipio del interior

El Gobierno Nacional volvió a cometer un error en el marco del Plan Belgrano. Esta vez confundió una localidad salteña a la que le cambió el nombre al difundir la finalización de una obra. 

Se trata de Nacional 50 que une la localidad de Pichanal con Orán en Salta, pero la cartelería que se mandó a imprimir exhibe el nombre erróneo de "Pichinal". 

Los responsables del Plan Belgrano en Salta aún no se manifestaron al respecto, según informó el diario local La Gaceta de Salta. 

Semanas atrás, el ex responsable del Plan Belgrano, el tucumano José Cano, quien viene de renunciar para ser candidato a diputado nacional en las próximas elecciones,había promocionado una obra en Tucumán, que en realidad estaba en Misiones. Se trataba de un plan de urbanización en la zona deZaimán. 

Cano atribuyó en su momento n la difusión a "la mala intención del oficialismo tucumano" ligado al gobernador Juan Manzur, "que intenta sacar provecho de un evidente error".


Las mujeres, primeras víctimas del ajuste

La historia de las trabajadoras en el conflicto por los seiscientos despidos en PepsiCo
Más del 70 por ciento de las cesanteadas son mujeres, en muchos casos son sostén de hogar o madres solteras. Algunas tienen enfermedades producto de las malas condiciones laborales. El jueves fueron reprimidas en el violento desalojo de la Bonaerense.
Katy Balaguer ingresó a PepsiCo hace 20 años. Este                  mes fue despedida por segunda vez. Igual que en 2002,                  ahora quiere volver a trabajar.
Katy Balaguer ingresó a PepsiCo hace 20 años. Este mes fue despedida por segunda vez. Igual que en 2002, ahora quiere volver a trabajar. 
Imagen: AFP

Catalina "Katy" Balaguer quiere trabajo. No quiere la doble indemnización que les ofreció PepsiCo, después de anunciarles el 20 de junio, con un cartelito, que incluía el 0800 para llamar y "arreglar", que cerraba la planta de Florida y dejaba en la calle a sus seiscientos empleados, la mayoría –el 70 por ciento– mujeres. Es la segunda vez que la despide la empresa multinacional, líder en el mercado de snacks. La primera, en 2002, durante otro conflicto laboral, en el cual ella se solidarizó "con cien compañeras que habían sido despedidas", y también la echaron. Pero recurrió a la Justicia y denunció a la compañía por "discriminación por práctica sindical" y dos años después PepsiCo fue obligada a reincorporarla. "La empresa apeló hasta la Corte Suprema para que no vuelva. Y volví a trabajar", cuenta Katy. Tiene 47 años. Ahora también quiere volver a trabajar. 

La desocupación, sabe, pega con más fuerza a las mujeres. Mientras el promedio es de 9,2 por ciento a nivel nacional, según datos del Indec del primer trimestre, es de 8,5 para los varones y sube casi dos puntos, para ellas: 10,2. Y golpea aún más fuerte a las jóvenes menores de 29 años del conurbano donde el índice llega a 22,5 por ciento. Katy conoce el rostro de la desocupación femenina. Lo vio en la crisis del 2001 y ahora, otra vez, con el modelo económico que impone el macrismo. Desocupación y palo, parece la fórmula.

"El conflicto de PepsiCo pretendió ser aleccionador: desde el capital transnacional en alianza con el gobierno, se quiere instalar como si fuese una situación normal y aceptable que cientos de trabajadoras se queden en la calle de un día para otro, enteradas por un cartelito en la puerta de la fábrica o mensaje de Whatsapp, y que lo acepten sin chistar", analiza Verónica Gago, investigadora del Conicet, especializada en temas de trabajo y género e integrante del Colectivo Ni Una Menos. Gago apunta dos puntos relevantes: el papel de las mujeres en el modo en que han protagonizado el conflicto, poniendo el cuerpo en un primer plano y visibilizando su rol como jefas de hogar y como líderes en la organización interna de la fábrica. "De este modo, conectan de modo muy preciso a qué le llamamos violencia de género, la cual es incomprensible sin la violencia económica, política y social que hace que hoy estallen los hogares", señala en diálogo con PáginaI12. "Las mujeres –sigue la investigadora– son las primeras damnificadas del ajuste y de la crisis pero hemos visto también que hemos logrado feminizar la protesta social en un sentido muy preciso, instalando lógicas de resistencia y defensa de la vida que se traducen en el grito de Ni Una Menos. Esto nos pone en solidaridad concreta entre distintos territorios y experiencias: seamos trabajadoras formales o informales, amas de casa o docentes, desocupadas o beneficiarias de subsidios".

En la madrugada del jueves, cuando efectivos del cuerpo de Infantería de la Policía Bonaerense, reprimían a los trabajadores que tomaban pacíficamente la fábrica, Katy estaba ahí, en la primera línea, resistiendo, defendiendo ese trabajo que le pertenece hace 20 años. "Empecé a trabajar a los 27 años, entré en 1997. Primero en la línea de producción, trabajábamos 16 horas. Cuando entrás, para quedar efectiva tenés que esforzarte, te dicen", recuerda Katy, en diálogo con PáginaI12 en su casa de San Martín, cerca de esa planta donde pasó más horas que en su propio hogar, casi. "Primero te imponían las 16 horas, después las trabajás porque las necesitás. En ese momento, mis dos hijas tenían 11 y 7 años, y era jefa de hogar", cuenta Katy. Cuatro de cada diez hogares, en la actualidad, tienen jefa mujer. Pero en Salta, Formosa, Santiago del Estero y Resistencia, llegan a ser la mitad. Hoy Katy vive sola y tiene dos nietos. Sus hijas tienen  30 y 26 años y armaron sus propias familias.

Todavía sus ojos y su garganta acusan las consecuencias de los gases lagrimógenos que recibió unas horas antes: le lloran los ojos y tose. Los mismos gases que obligaron a una escuela y a un jardín de infantes ubicado a más de cien metros de la planta de PepsiCo a ser evacuados, porque sus alumnos y los niños se asustaron por los estruendos de los disparos de balas de goma y también sufrieron el efecto de los gases. 

Katy llegó al conurbano bonaerense desde Rosario. No tenía trabajo. Dejó su CV en PepsiCo y la llamaron. Así ingresó hace 20 años. Después de su reincorporación en 2004, se presentó en 2005 como delegada y fue elegida. "En el 2001 conocí al PTS y con ellos, junto a otros varios compañeros, nos organizamos para poner en pie una comisión interna, independiente de la burocracia y los partidos patronales. Por esos años, junto a Leo Norniella intentábamos desarrollar un trabajo político-sindical, así comenzaba mi militancia en el PTS junto a Leo, que había iniciado su militancia en la juventud", recuerda. La Agrupación Bordó en la Alimentación lleva el nombre de Norniella, que falleció dos años atrás y fue su referente. Katy fue delegada hasta hace cuatro años. "Cuando me echaron en 2002, denunciábamos las condiciones en que trabajábamos: 16 horas, con altas temperaturas por las freidoras industriales, nos hacían sentar en asientos de acero inoxidable que se calentaban y nos quemaban. Las velocidades de las máquinas nos tiraban 150 paquetes por minuto para ponerlos adentro de una caja. En esa época las trabajadoras embarazadas no tenían horarios especiales y les podían tocar también el turno noche. No teníamos tampoco pago por guardería ni día femenino ni licencia por hija o hijo enfermo", apunta Katy. 

Como delegada Katy llevó adelante una agenda sindical con perspectiva de género. Consiguieron, entre otras mejoras en las condiciones de trabajo, que las obreras que estuvieran embarazadas trabajen solo en el turno mañana, que les paguen la guardería –1000 pesos por hijo menor de tres años– y que no fueran despedidas "como material descartable" las que estaban lastimadas con enfermedades laborales –por el ritmo con el que tienen que empaquetar, suelen terminar afectadas de tendinitis, hernia de disco o síndorme de túnel carpiano (que es el entumecimiento y hormigueo en la mano y el brazo ocasionados por el pinzamiento de un nervio en la muñeca). "Antes la empresa te echaba y logramos que fueran reasignadas en otras tareas", cuenta. 

También lograron instalar el 8 de marzo como fecha de reinvidicación de los derechos de las trabajadoras. Y desde hace varios años ese día organizaban una jornada de reflexión dentro de la planta. Pararon el 19 de octubre del año pasado, en el primer paro nacional de mujeres, convocado por el colectivo Ni Una Menos en articulación con otras organizaciones, frente al brutal femicidio de Lucía Pérez, en Mar del Plata, y también se sumaron al Paro Internacional de Mujeres del 8M y marcharon cada 3 de Junio, enumera Katy. 

Para Gago, los despidos en Pepsico están además, "sancionando" la organización interna de una fábrica que hace años viene luchando y demandando condiciones mínimamente dignas de trabajo frente a los múltiples accidentes y dolencias de las operarias y a los intentos generales de precarización. "El intento de despido entonces tiene ese doble efecto: aterrorizar al resto de lxs trabajadorxs, instalando que cualquiera de nosotras puede quedar en la calle de un momento a otro y, por tanto, obligándonos a aceptar cualquier chantaje patronal", consideró.

Desde el 20 de junio Katy se quedó en la planta. Junto a un centenar de trabajadoras. Y la madrugada de la feroz represión "estaba adelante de todo". Un día antes, el miércoles, habían difundido una carta abierta a la gobernadora María Eugenia Vidal, donde le pedían, sabiendo del inminente desalojo, que "no permita que la Bonaerense nos golpee". También le decían: "Muchas de nosotras somos sostén de hogar, madres solteras, esposas que llevamos parte de lo necesario para sostener a nuestras familias. Muchas trabajamos hace años en PepsiCo y muchas estamos enfermas. Los ritmos de producción y las tareas repetitivas nos causaron enfermedades laborales como la tendinitis que nos impide conseguir trabajo en otros lugares. La empresa nos ofrece una indemnización. Pero ¿qué vamos a hacer cuando esto se acabe? ¿de qué manera vamos a darle de comer a nuestros hijos?". Vidal no las escuchó.


Boicot a Pepsico

Cumplo en transmitir este parte: "Para el que desee ayudar a las 600 familias que Pepsico dejó en la calle y no sepa como, le pedimos que, hasta que la empresa no nos devuelva nuestros puestos de trabajo, no compren productos de PepsiCo como Lay's, Quaker, Twitos, Doritos, 3D, Pep, Pehuamar, Cheetos, Pop Korn, Toddy, Pepsi, Mirinda, 7Up, Paso de los Toros, H2O, Tropicana, Gatorade".

Tal vez no sea un golpe tan grande a la empresa. Los cientes que pierda -eso toca a su víscera más sensible, es cierto- serán compensado en parte por el bando "anti morochos", clientes naturales de Cheetos, por ejemplo, que aumentarán sus compras.

Pero considérenlo desde un punto de vista estratégico: el consumo de esos productos contribuirá a taponar sus arterias. Estadísticamente, eso disminuirá los votos amarillos para el 2019.


La Union de comerciantes denuncia lo ue esconde el descuento del Bco. Provincia


EXCLUSIVO: El gobierno embiste contra La Salada por exigencia de Trump

EXCLUSIVO: El gobierno embiste contra La Salada por exigencia de Trump

Un día después de su encuentro con el presidente Macri en Estados Unidos, donde Trump acordó revisar las exportaciones de limones, la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos, que hace años viene denunciando a feria La Salada por la violación a los derechos de propiedad intelectual, reiteró un durísimo informe al respecto, fijando la agenda a seguir. Previo a eso el Gobierno había presentado el año pasado en el Congreso, un proyecto de ley para regular ese tipo de comercios y sus administradores como Jorge Castillo. Y nombrado como presidente del Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) al doctor Dámaso Pardo, quién a su vez es representante legal en el tema marcas y patentes de grandes empresas extranjeras, y firmó un controvertido convenio bilateral con Estados Unidos al respecto.

Por Lázaro Llorens-@lazarollorens

Con una gran cobertura mediática, el 21 de junio pasado, mientras el gobierno de Mauricio Macri procuraba una recalificación de los bonos de deuda con el Morgan Stanley y tomaba una ruinosa deuda a 100 años, la División de Fuerzas Especiales de la policía bonaerense (GAD) detuvo en su lujosa casa de Lujan, a los tiros, a Jorge Castillo; titular de la famosa feria "La Salada", considerada por el Departamento de Comercio de Estados Unidos como "el mercado negro más grande de Latinoamérica".

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